Guion: Sergei Loznitsa, basado en la obra de Gueorgui Demidov
Reparto: Aleksandr Kuznetsov, Aleksandr Filippenko, Anatoli Beliy, Andris Keišs, Vytautas Kaniušonis, Valentin Novopolskij, Dmitrij Denisiuk.
Fotografía: Oleg Mutu
Montaje: Danielius Kokanauskis
Música: Christiaan Verbeek
Sonido: Vladimir Golovnitski
Vestuario: Dorota Roqueplo
Casting: Maria Choustova
Producción: Kevin Chneiweiss
Distribuidora:Wanda
Año: 2025
Título Original Zwei Staatsanwälte
Estreno En España: 27/05/26
Género: Autor, Drama
Duración: 118 Minutos
ARGUMENTO
Unión Soviética, 1937. Miles de cartas de detenidos acusados falsamente por el régimen son quemadas en una celda de la prisión. Contra todo pronóstico, una de ellas llega a su destino, el escritorio del recién nombrado fiscal local, Alexander Kornyev. Kornyev hace todo lo posible por reunirse con el prisionero, víctima de los agentes de la policía secreta, la NKVD. El joven fiscal, un bolchevique íntegro y dedicado, sospecha que se trata de un juego sucio. Su búsqueda de justicia lo llevará hasta la oficina del Fiscal General en Moscú. En la época de las grandes purgas estalinistas, un hombre se sumerge en los pasillos de un régimen que no quiere ser llamado totalitario.
CRÍTICA
Hay películas que no buscan gustar, sino incomodar. Y en ese terreno se mueve con firmeza Dos fiscales, el nuevo trabajo de Sergei Loznitsa, un cineasta que lleva años explorando los mecanismos del poder, la memoria y la deshumanización. Aquí, nos traslada a uno de los episodios más oscuros del siglo XX: las purgas estalinistas en la Unión Soviética de 1937.
La historia arranca con una premisa tan sencilla como inquietante: una carta escrita por un preso político logra escapar de la quema sistemática de denuncias y llega hasta el escritorio de un joven fiscal. A partir de ahí, lo que comienza como una búsqueda de justicia se convierte en un descenso a los infiernos de un sistema corrupto, opaco y absolutamente implacable. Una idea potente, cargada de tensión moral, que por momentos resulta directamente espeluznante.
Loznitsa construye su relato con una precisión quirúrgica. Planos largos, silencios incómodos, encuadres casi asfixiantes… todo está medido para generar una sensación de opresión constante. El espectador no solo observa, sino que respira ese ambiente enrarecido donde cada palabra puede ser una sentencia. En ese sentido, la película logra transmitir muy bien ese clima de miedo institucionalizado que definió la época.
Sin embargo, esa misma apuesta formal juega también en su contra. Dos fiscales es, en muchos momentos, una película morosa, incluso excesivamente contemplativa. Su ritmo pausado, casi hipnótico, puede provocar desconexión en parte del público, especialmente en aquellos que busquen un relato más dinámico o narrativamente más accesible. Aquí no hay concesiones: Loznitsa exige paciencia y atención.
Aun así, hay algo hipnótico en su propuesta. La frialdad con la que muestra los engranajes del poder, la manera en que el protagonista se va enfrentando —casi sin darse cuenta— a un sistema que lo devora, y esa sensación de que la justicia es una ilusión dentro de un aparato diseñado para destruirla, convierten la experiencia en algo profundamente inquietante.
La película está basada en una obra del escritor soviético Gueorgui Demidov, quien vivió en primera persona los horrores del Gulag, algo que se percibe en la autenticidad y crudeza del relato. Además, Loznitsa trabajó con el prestigioso director de fotografía Oleg Mutu, habitual del cine rumano contemporáneo, para reforzar ese tono sobrio y casi documental que impregna toda la película.
En definitiva, Dos fiscales es una obra dura, opresiva y por momentos aterradora en su retrato del poder totalitario. Una película que no es fácil ni complaciente, pero que deja poso. Cine incómodo, sí, pero necesario. Especialmente para aquellos espectadores dispuestos a adentrarse en sus silencios y en su ritmo pausado para descubrir todo lo que esconde bajo su superficie.
NOTA 6,5/10
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