Dirección: Javier Corcuera
Guion: Javier Corcuera
Reparto: Documental
Fotografía: Mariano Agudo
Música: Edith Ramos
Montaje: Pau Die
Sonido: Eyner Najel, Javier Salinas, Carli Pérez
Producción: Miguel Paredes
Productoras: Intermedia Producciones, Quechua Films, La Mula Producciones, Tamboura Films, Instituto del Cine de Madrid.
Distribuidora: Colectivo Independientes
Año: 2026
Título Original: Uyariy
Estreno En España: 09/04/26
Género: Documental, Drama
Duración: 95 Minutos
ARGUMENTO
Después del estallido social en Perú y la matanza del 9 de enero de 2023 en Juliaca, artistas del ande peruano nos hacen viajar con su música por la región de Puno y su historia, una tierra marcada por la represión y las revueltas indígenas. Una historia que, lejos de quedarse en lo local, resuena en muchos lugares del mundo.
CRÍTICA
Hay documentales que nacen con vocación de sala… y otros que parecen pedir a gritos la intimidad de una pantalla doméstica. Uyariy (Escuchar), de Javier Corcuera, pertenece claramente al segundo grupo, aunque eso no le resta valor a una propuesta tan honesta como irregular en su planteamiento.
Partiendo de un contexto tan potente como “el estallido social en Perú y la matanza del 9 de enero de 2023 en Juliaca”, el filme se articula como un viaje por la región de Puno a través de la música y los testimonios de artistas locales. Un recorrido que pretende conectar una realidad concreta con otras muchas que laten en distintas partes del mundo. Y ahí es donde reside tanto su fuerza como su principal debilidad.
Corcuera apuesta por un documental mínimo, casi contemplativo, donde la palabra y la música marcan el ritmo. Los relatos, siempre interesantes, se entrelazan con las canciones de grupos peruanos que funcionan como hilo conductor emocional.
Hay verdad en cada testimonio, hay dolor, memoria y también identidad. Pero el conjunto nunca termina de dar ese salto que lo convierta en una experiencia verdaderamente absorbente para el espectador de sala
Porque, siendo claros, estamos ante una historia que, aunque necesaria, resulta en gran medida conocida. El filme no termina de aportar nuevas capas de lectura ni un dispositivo narrativo especialmente potente que atrape más allá del interés inicial. Su tono pausado y su estructura fragmentada juegan en su contra cuando se proyecta en pantalla grande, donde el espectador demanda un mayor pulso narrativo.
Y es ahí donde surge la gran pregunta: ¿era el cine el mejor lugar para su estreno? Probablemente no. Uyariy (Escuchar) tiene más sentido en el ecosistema de plataformas que apuestan por el cine independiente o de autor, donde su propuesta puede respirarse sin las exigencias de la sala. Su estreno limitado, casi militante, habla más de la necesidad de que exista que de su viabilidad comercial.
Aun así, hay momentos que justifican el viaje. La música, especialmente, actúa como refugio y altavoz, elevando algunas secuencias por encima de su aparente sencillez. Y se percibe un respeto absoluto por las voces que retrata, sin caer en el subrayado fácil ni en el discurso panfletario.
Resulta especialmente revelador que parte del equipo trabajara en condiciones muy precarias en la región de Puno, con desplazamientos complicados por la altitud y la situación social del momento. De hecho, varias de las grabaciones musicales se realizaron prácticamente “a una sola toma”, aprovechando encuentros espontáneos con los artistas, lo que aporta esa sensación de inmediatez y autenticidad que respira todo el documental.
En definitiva, Uyariy (Escuchar) es un filme interesante, necesario y honesto, pero también limitado en su alcance cinematográfico. Un documental que se escucha más de lo que se ve… y que quizá habría encontrado un hogar más natural lejos de la gran pantalla
NOTA 6/10
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