lunes, 23 de marzo de 2026

AMARGA NAVIDAD

Dirección: Pedro Almodóvar
Guion: Pedro Almodóvar
Reparto: Bárbara Lennie, Leonardo Sbaraglia, Aitana Sánchez-Gijón, Victoria Luengo, Patrick Criado, Milena Smit, Quim Gutiérrez, Carmen Machi, Rossy de Palma, Gloria Muñoz, Amaia Romero, María Morales, Antonio Romero
Producción: Agustín Almodóvar
Música: Alberto Iglesias
Fotografía: Pau Esteve Birba
Montaje: Teresa Font
Distribuidora: Warner 
Año: 2026
Título Original: Amarga Navidad 
Estreno En España: 20/03/26
Género: Drama,  Comedia 
Duración: 111 Minutos 

ARGUMENTO 
Elsa es una directora de publicidad cuya madre muere durante un largo puente del mes de diciembre. Encuentra refugio en el trabajo, aunque es más bien una huida hacia adelante. Trabaja sin parar y, sin darse cuenta, no se concede el tiempo necesario para guardar el duelo por la ausencia materna. Hasta que una crisis de pánico la obliga a detenerse e imponerse un descanso. Su pareja, Bonifacio, es su tabla de salvación en esos momentos de crisis. Elsa decide viajar a la isla de Lanzarote acompañada por su amiga Patricia, que también necesita alejarse de Madrid, mientras que Bonifacio se queda en la ciudad. La historia de estos tres personajes, y algunos más, se narran paralelamente a la del guionista y director de cine Raúl Durán, entremezclando ficción y realidad.

CRÍTICA 
Pedro Almodóvar vuelve a mirarse al espejo. Y lo hace, como tantas veces, desde la herida. Amarga Navidad es una película atravesada por el duelo, por esa imposibilidad de detenerse cuando la vida golpea, y por la necesidad —casi enfermiza— de seguir creando para no mirar de frente al vacío. Elsa, esa directora de publicidad que pierde a su madre en pleno puente de diciembre, es mucho más que un personaje: es un estado emocional. Una huida constante hacia adelante que solo se detiene cuando el cuerpo dice basta.

En ese punto, Almodóvar construye una de sus películas más íntimas de los últimos años. Lejos —muy lejos— de la contundencia de sus grandes títulos, pero recuperando algo que parecía diluido en sus trabajos más recientes: el pulso narrativo. Aquí vuelve a haber una historia que fluye, que se entrelaza con naturalidad entre Madrid y Lanzarote, entre la realidad y la ficción, entre la vida vivida y la vida filmada.

Porque Amarga Navidad es, también, cine dentro del cine. La presencia del guionista y director Raúl Durán no es un simple recurso narrativo, sino un reflejo casi confesional del propio Almodóvar. Hay mucho de autobiografía emocional en este relato, en esa necesidad de convertir el dolor en imágenes, en historias, en refugio. Y ahí es donde la película encuentra su mayor virtud: en esa mirada honesta, casi desnuda, sobre el proceso creativo como salvación.

No todo funciona con la misma precisión. El guion presenta algunas lagunas, ciertos pasajes que parecen más esbozados que desarrollados, como si el propio director dudara entre lo que quiere contar y lo que prefiere sugerir. Sin embargo, el montaje de Teresa Font actúa como un pegamento invisible que sostiene el conjunto, aportando ritmo y coherencia a una narración fragmentada por naturaleza.

El reparto, sólido y comprometido, se mueve con comodidad dentro del universo almodovariano. Bárbara Lennie sostiene el peso emocional del filme con una interpretación contenida pero profundamente expresiva, mientras que el resto del elenco aporta matices a ese mosaico de personajes que orbitan alrededor del duelo, la culpa y la necesidad de escapar.

El propio Almodóvar confesó que varias secuencias ambientadas en Lanzarote fueron reescritas durante el proceso de filmación, adaptándose al estado emocional del equipo tras una pausa en el rodaje. Esa improvisación controlada se percibe en la película, especialmente en sus momentos más íntimos, donde la sensación de verdad se impone a cualquier artificio.

Amarga Navidad no es una obra mayor dentro de la filmografía del manchego, pero sí un paso firme en la dirección correcta. Un filme que, con sus imperfecciones, vuelve a conectar con ese Almodóvar que sabe mirar hacia dentro sin perder de vista al espectador. Una película imperfecta, sí, pero profundamente humana. Y eso, en su cine, siempre es una victoria.

NOTA 7/10

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