Dirección: Kleber Mendonça Filho
Guion: Kleber Mendonça Filho
Reparto: Wagner Moura; Udo Kier; Gabriel Leone; Maria Fernanda Cândido; Alice Carvalho; Hermila Guedes; Isabél Zuaa; Thomás Aquino; Carlos Francisco; Tânia Maria.
Música: Tomaz Alves Souza, Mateus Alves
Fotografía: Evgenia Alexandrova
Montaje: Eduardo Serrano, Matheus Farias
Productores: Emilie Lesclaux, Kleber Mendonça Filho
Productoras: CinemaScópio, MK Productions, One Two Films, Lemming Film, Arte France Cinéma
Distribuidora: La Aventura, Elástica
Año; 2025
Título Original : O Agente Secreto
Estreno En España: 20/02/26
Género: Drama, Thriller
Duración: 141 Minutos
ARGUMENTO
Brasil, 1977. Hace mucho que Marcelo, profesor y especialista en tecnología, de unos cuarenta años, empezó a huir. Regresa a su ciudad natal, Recife, la semana del carnaval con la esperanza de reunirse con su hijo, pero no tarda en darse cuenta de que la ciudad no tiene nada que ver con el tranquilo refugio que busca.
CRÍTICA
Kleber Mendonça Filho vuelve a demostrar que el thriller político puede ser un terreno fértil para la reflexión histórica sin renunciar al pulso narrativo. El Agente Secreto nos traslada al Brasil de 1977, donde Marcelo —profesor y especialista en tecnología que lleva tiempo huyendo— regresa a Recife durante la semana del carnaval con la esperanza de reencontrarse con su hijo. Lo que encuentra, sin embargo, es una ciudad que dista mucho de ser ese refugio emocional que imaginaba. Y ahí, justo en esa grieta entre memoria y realidad, se instala la película.
Funciona. Y funciona muy bien. Como thriller, la tensión está medida con precisión quirúrgica. Hay una sensación constante de vigilancia, de amenaza soterrada, que envuelve cada conversación y cada esquina de Recife. El director maneja el fuera de campo con inteligencia y demuestra que el miedo puede ser más eficaz cuando no se subraya.
Pero Mendonça Filho no se conforma con eso. Quiere hablar del pasado político brasileño, de la paternidad, de la culpa, de la memoria colectiva, de la tecnología como arma de control… y en ese afán por abarcar tanto, el relato se dispersa. No pierde el interés, pero sí cierta contundencia. La película parece abrir más puertas de las que puede cerrar con la misma intensidad
Su extensa duración —141 minutos— no molesta. Sorprende decirlo, pero el metraje se sostiene gracias a una planificación elegante y a un ritmo que, aunque pausado, nunca cae en la inercia. Hay secuencias que respiran y se permiten observar, y otras que aceleran con una tensión casi asfixiante. El equilibrio no siempre es perfecto, pero sí estimulante.
Las interpretaciones elevan el conjunto. Wagner Moura construye un protagonista lleno de capas, contenido y quebradizo a la vez. Su mirada transmite más que muchos diálogos. A su alrededor, el reparto acompaña con solidez, aportando humanidad a una historia que podría haberse vuelto excesivamente discursiva.
Como es habitual en el cineasta brasileño, no faltan las escenas de surrealismo cotidiano y humor a
bsurdo. Momentos que irrumpen cuando menos lo esperas y que, cuando están bien integrados, aportan una identidad muy personal al conjunto. Sin embargo, no siempre encajan con la misma precisión. Hay instantes en los que ese tono excéntrico rompe la tensión que el propio filme había construido con tanta eficacia.
Visualmente, la película vuelve a apostar por una atmósfera densa, casi pegajosa, donde el calor y el carnaval funcionan como metáfora del caos político y emocional. Recife no es solo un escenario: es un personaje más
Varias escenas multitudinarias se rodaron durante celebraciones reales del carnaval, integrando al equipo en el entorno sin grandes artificios. Además, Wagner Moura participó activamente en la construcción del trasfondo psicológico de su personaje, trabajando con el director en sesiones previas para definir su pasado antes incluso de que comenzara el rodaje
El Agente Secreto es una buena película. Sólida, ambiciosa, bien interpretada y dirigida con mano firme. Pero también deja la sensación de que, con un foco más depurado, podría haber sido memorable. Uno esperaba más… quizá porque Mendonça Filho nos ha acostumbrado a rozar la excelencia
NOTA 7,5/10
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