martes, 17 de febrero de 2026

LAS LÍNEAS DISCONTINUAS

Dirección: Anxos Fazáns
Guion: Anxos Fazáns, Ian de la Rosa
Reparto: Mara Sánchez, Adam Prieto, Alberto Rolán, Ana Fórneas, Lidia Veiga, Mónica García
Música: Xavier Bértolo
Fotografía: Sandra Roca
Sonido: Xavier Souto
Montaje: Diana Toucedo, Laura Piñeiro
Productoras: Sétima, Elamedia
Distribuidora : Sideral Cinema.
Año: 2025
Título Original:As liñas descontinuas
Estreno En España: 20/02/26
Género:  Drama , Autor 
Duración 90 Minutos 

ARGUMENTO 
Bea es una mujer de 50 años que está atravesando un divorcio y Denís es un chico trans de 25. Se conocen cuando él entra a robar en casa de ella y, pese a lo improbable de la circunstancia, surge entre ellos una fuerte atracción. Pasan todo el fin de semana juntos y, cuando retoman sus vidas, ya no son los mismos.

CRÍTICA 
Hay películas que aspiran a cambiar el mundo y otras que, simplemente, desean acompañarlo durante hora y media. Las líneas discontinuas, dirigida por Anxos Fazáns, pertenece sin duda al segundo grupo. Un filme modesto, de autor, íntimo hasta en sus silencios, que no molesta en ningún momento pero que tampoco termina de trascender más allá de su propio planteamiento.

La historia parte de una premisa tan improbable como sugerente: Bea, una mujer de 50 años en pleno proceso de divorcio, conoce a Denís, un chico trans de 25 años, cuando este entra a robar en su casa. De ese encuentro inesperado —casi absurdo en su planteamiento inicial— surge una atracción que les llevará a compartir un fin de semana que marcará un antes y un después en sus vidas. Es, precisamente, esa inverosimilitud la que sostiene el armazón dramático. Sin ese punto de ruptura con lo real, la película no tendría motor.

Fazáns abraza esa premisa sin complejos y la convierte en el punto de partida de un drama con toques autorales muy definidos: cámara cercana, tiempos pausados, silencios que dicen más que los diálogos y una atmósfera emocional que se impone al conflicto narrativo. Hay algo casi auroral —como si estuviésemos asistiendo al despertar íntimo de dos almas heridas— en la forma en que la directora filma los encuentros, las miradas y las conversaciones a media voz.

Las interpretaciones son, sin duda, el principal sostén del conjunto. Mara Sánchez y Adam Prieto ofrecen intervenciones honestas, contenidas, sin subrayados innecesarios. La química entre ambos funciona porque la película no fuerza el sentimentalismo. Aquí no hay grandes discursos ni explosiones melodramáticas: hay vulnerabilidad, inseguridad y deseo de ser comprendido. Y eso, en tiempos de sobreexposición emocional en pantalla, se agradece.

Es cierto que el guion acumula situaciones que en un contexto más realista chirriarían. Pero esas mismas licencias son fundamentales para que la historia tenga el ritmo necesario y no se convierta en un mero ejercicio contemplativo. La película sabe que necesita dinamismo y lo introduce en pequeñas dosis, evitando el estancamiento.

Visualmente, el trabajo es sobrio, casi minimalista. La Galicia que retrata no es postal ni folclore; es espacio emocional. Las líneas discontinuas del título no son solo una metáfora vial: son las fracturas vitales de sus protagonistas, esos caminos que se cruzan brevemente para luego volver a separarse.

Parte de las escenas más íntimas se filmaron en orden cronológico para favorecer la evolución emocional real entre los actores, una decisión que, según el equipo, ayudó a construir la naturalidad de la relación. Además, varias secuencias se rodaron con equipo técnico reducido para preservar la intimidad interpretativa, reforzando ese tono casi confesional que atraviesa el metraje.

¿Trasciende? Probablemente no. ¿Resulta honesta y coherente con su propuesta? Sin duda. Las líneas discontinuas no es una película que vaya a permanecer en la memoria colectiva como obra mayor, pero sí como un ejercicio sincero de cine íntimo que funciona, entretiene y deja una sensación amable, casi serena, al apagarse las luces de la sala.
Y a veces, no es poco.

NOTA 6/10

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