martes, 13 de enero de 2026

I DEAD IN IRPIN

Dirección: Anastasiia Falileieva
Guion: Anastasiia Falileieva
Reparto: Animación 
Música: Petr Marek
Sonido: Vierka Marinová
Fotografía: Animación 
Distribuidora: Movistar Plus 
Año: 2025
Título Original I Died in Irpin
Estreno En España; Plataformas , Movistar Plus 
Género: Animación,  Drama 
Duración: 12 Minutos 

ARGUMENTO 
El 24 de febrero de 2022, por la mañana, mi novio y yo decidimos ir desde Kiev a Irpin para visitar a sus padres. Es difícil recordar la cronología de aquellos días: mi mente bloquea y minimiza los recuerdos, llegando a borrarlos, pero lo único que sé con certeza es que cada día la situación empeoraba rápidamente. Estuvimos allí diez días, durmiendo en el sótano, escondiéndonos de las bombardeos y completamente aislados. Queríamos salir; sus padres querían quedarse. Finalmente logramos escapar con las últimas horas del llamado corredor verde, justo antes de que las tropas entraran en la ciudad. El tiempo pasó, pero la sensación de que morí en Irpin nunca me abandonó. La película reconstruye esta historia real de supervivencia a través de una mirada personal y subjetiva. 

CRÍTICA 
Morí en Irpin (I Died in Irpin) no es un cortometraje cómodo ni pretende serlo. Desde su mismo título ya avisa de que lo que vamos a presenciar no es solo un ejercicio artístico, sino un acto de memoria y de denuncia, un grito lanzado desde la animación hacia una realidad que todavía supura heridas abiertas.

La película nos sitúa en los primeros días de la invasión rusa de Ucrania. A través del recuerdo de su directora, atrapada junto a su pareja en la ciudad de Irpin, el cortometraje reconstruye la experiencia de diez días de encierro, miedo y espera, con el sonido de los bombardeos marcando el ritmo de una cotidianidad rota para siempre. Dormir en un sótano, decidir si huir o quedarse, separarse de los seres queridos… pequeñas decisiones que, de repente, adquieren un peso insoportable.

Visualmente, Morí en Irpin no es un trabajo impecable en términos estrictamente formales. Hay momentos en los que la animación resulta áspera, incluso irregular, y ciertas soluciones gráficas pueden parecer limitadas. Pero sería un error quedarse ahí. Esa supuesta imperfección acaba funcionando como un reflejo emocional del trauma, como si las imágenes mismas estuvieran heridas, incompletas, incapaces de articular un horror que desborda cualquier forma.

Lo verdaderamente aterrador del cortometraje no es lo que muestra de manera explícita, sino lo que sugiere: la desesperación de los refugiados, el silencio previo a una explosión, la angustia de no saber si el siguiente día llegará. Falileieva evita el sensacionalismo y apuesta por una narración íntima, casi susurrada, que golpea con más fuerza precisamente por su contención. Aquí no hay héroes ni discursos grandilocuentes, solo personas normales atrapadas por la locura de unos gobiernos que deciden la guerra desde despachos lejanos.

Como anécdota significativa del rodaje, conviene señalar que la directora realizó gran parte del trabajo mientras aún procesaba el trauma de los hechos reales, utilizando la animación como una forma de terapia y reconstrucción de la memoria. De hecho, ella misma ha confesado que hubo recuerdos que no pudo animar tal y como ocurrieron, porque su mente los había bloqueado. Esa fractura entre lo vivido y lo recordado es, paradójicamente, uno de los grandes logros del film.

Morí en Irpin es, en definitiva, un cortometraje necesario. Puede que no deslumbre por su perfección técnica, pero su potencia emocional y su honestidad brutal lo convierten en una obra que permanece en la retina y en la conciencia del espectador. Un recordatorio incómodo —y por ello imprescindible— de que detrás de cada conflicto hay vidas que se rompen para siempre. Un pequeño gran golpe de realidad, de esos que el cine, cuando es valiente, todavía es capaz de propinar.

NOTA  5,5/10

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