Dirección: Baz Luhrmann
Guion: Baz Luhrmann
Reparto: Documental
Montaje: Jonathan Redmond
Música: Elvid Presley
Producción: Baz Luhrmann, Colin Smeeton, Schuyler Weiss, Jeremy Castro, Matthew Gross
Productoras: Sony Music Vision, Bazmark Films, Authentic Studios
Distribuidora: Universal
Año: 2026
Título Original: EPiC: Elvis Presley in Concert
Estreno En España: 27/02/26
Género: Músical, Documental
Duración: 96 Minutos
ARGUMENTO
Elvis canta y cuenta su historia como nunca antes en una nueva experiencia cinematográfica del visionario cineasta Baz Luhrmann. La película reúne material de archivo restaurado e imágenes inéditas de las legendarias actuaciones de Elvis en Las Vegas y en sus giras de principios de los años 70, permitiendo que el propio Presley relate su trayectoria a través de grabaciones y momentos nunca antes proyectados en pantalla.
CRÍTICA
EPiC: Elvis Presley in Concert es un documental-concierto dirigido por Baz Luhrmann que utiliza meticulosos trabajos de restauración sobre material nunca antes visto —procedente de rodajes archivados de Elvis: That’s the Way It Is y Elvis on Tour— para ofrecer al espectador una inmersión total en la presencia escénica del Rey del Rock & Roll. Lejos de ser un biopic tradicional, el film ensambla actuaciones legendarias, escenas de ensayo y grabaciones inéditas donde Elvis parece narrar su propia historia, devolviendo al artista a la pantalla grande con una energía fresca, visceral y profundamente humana
Hay artistas que llenan estadios. Y luego está Elvis Presley, que llenaba silencios. EPiC: Elvis Presley in Concert, dirigida por Baz Luhrmann, no es un documental al uso, ni tampoco un simple montaje de grandes éxitos. Es, ante todo, una declaración de amor al Rey del Rock and Roll y a esa energía irrepetible que convertía cada concierto en una ceremonia casi mística.
La propuesta parte de una premisa sencilla —como ya adelanta su sinopsis oficial—: Elvis canta y cuenta su historia como nunca antes en una experiencia cinematográfica que recupera material restaurado e imágenes inéditas de sus actuaciones en Las Vegas y en las giras de principios de los años 70. Pero lo que en papel podría parecer un ejercicio nostálgico termina convirtiéndose en algo mucho más íntimo.
Luhrmann, lejos de repetir el barroquismo estilístico de su biopic de 2022, opta aquí por dejar respirar las imágenes. La cámara —o mejor dicho, el montaje— se pone al servicio del artista. Vemos a un Elvis concentrado, reflexivo, consciente del peso del espectáculo. Sus declaraciones sobre cómo afrontar los conciertos de Las Vegas no suenan a estrella endiosada, sino a profesional obsesivo que entiende el escenario como un campo de batalla emocional. Cada actuación es un reto. Cada canción, una conversación con el público.
Y ahí reside la grandeza del documental: en mostrarnos al Elvis más humano sin desmontar el mito. Su mirada antes de salir al escenario, el leve gesto de nerviosismo, la sonrisa cómplice con los músicos… pequeños detalles que revelan que, detrás del icono, había un hombre profundamente enamorado de la música.
El ritmo es vibrante. Las canciones no son meros números musicales insertados entre entrevistas, sino el verdadero hilo conductor del relato. La película avanza como un concierto perfectamente estructurado: arranque poderoso, desarrollo emocional y un tramo final que se vive casi con la respiración contenida. Es imposible no dejarse arrastrar.
Como anécdota curiosa, parte del material utilizado procede de descartes y bobinas nunca antes montadas de los rodajes de Elvis: That’s the Way It Is y Elvis on Tour. El equipo de Luhrmann trabajó durante meses en la restauración de negativos originales para IMAX, lo que permitió recuperar planos que ni siquiera llegaron a proyectarse en su momento. El resultado es una textura visual sorprendentemente viva, como si el tiempo hubiera decidido respetar al mito.
EPiC es, en definitiva, un regalo para los fans. Pero también es una puerta de entrada para quienes solo conocen la superficie del personaje. Aquí hay ritmo, sí. Hay espectáculo. Hay anécdotas. Pero, sobre todo, hay verdad. Y cuando Elvis canta, cuando cierra los ojos y se deja llevar, entendemos que el documental no pretende explicar el fenómeno… sino hacerlo sentir.
Y eso, en tiempos de biografías aceleradas y montajes complacientes, es casi un acto de resistencia cinematográfica.
Un excelente retrato del Rey. Un documental lleno de música, respeto y emoción. Un escenario más… para la eternidad.
NOTA 8,5/10
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