miércoles, 18 de febrero de 2026

LITTLE AMELIE

Dirección: Maïlys Vallade, Liane-Cho Han Jin Kuang
Guion: Liane-Cho Han Jin Kuang, Aude Py, Maïlys Vallade, Eddine Noël  Basada en la novela: Métaphysique des tubes (Amélie Nothomb)
Reparto: Animación ( Voces) Loïse Charpentier, Victoria Grobois, Yumi Fujimori, Cathy Cerda, Marc Arnaud
Música: Mari Fukuhara
Montaje: Ludovic Versace
Sonido: Kévin Feildel, Fanny Bricoteau
Fotografía: Animación Juliette Laurent
Distribuidora: A Contracorriente,  Selecta Vision 
Año: 2025
Título Original: Amélie et la métaphysique des tubes
Estreno En España: 20/02/26
Género: Animación,  Drama 
Duración: 78 Minutos 

ARGUMENTO. 
Amélie es una niña belga nacida en Japón. Gracias a su niñera Nishio-san, la vida es todo aventuras y descubrimientos…

CRÍTICA 
Hay películas que no necesitan hacer ruido para quedarse a vivir dentro de nosotros. Amélie y los secretos de la lluvia es una de ellas. Un filme de animación de una belleza extraordinaria que, sin necesidad de grandes artificios técnicos ni alardes digitales, consigue algo mucho más difícil: emocionar desde la sencillez y la honestidad.

La propuesta dirigida por Maïlys Vallade y Liane-Cho Han Jin Kuang adapta la novela autobiográfica de Amélie Nothomb y nos sitúa en el Japón de finales de los años sesenta. Allí conocemos a Amélie, una niña belga de apenas dos años y medio que, gracias al amor y la complicidad de su niñera Nishio-san, comienza a descubrir el mundo que la rodea. Y ese descubrimiento —tan cotidiano como trascendental— es el verdadero motor de esta pequeña joya.

La animación, de trazo delicado y estética minimalista, huye del hiperrealismo para apostar por la sugerencia. Colores suaves, líneas limpias y una puesta en escena que respira poesía visual. Es cierto que estamos ante una animación aparentemente sencilla, pero esa sobriedad es precisamente su mayor virtud: cada encuadre parece una acuarela en movimiento, cada gesto una pincelada emocional. Hay magia en lo pequeño, en lo íntimo, en lo aparentemente insignificante.

La película nos habla del despertar de la conciencia, del descubrimiento del lenguaje, del asombro ante la lluvia, el jardín o el sonido del agua. Esa mirada infantil —pura, directa, sin filtros— convierte cada experiencia en un acontecimiento casi místico. Y ahí radica la grandeza del filme: logra que el espectador adulto vuelva a mirar el mundo con ojos nuevos.

Uno ve la película con una sonrisa dibujada en el rostro. Y cuando llega su tramo final —sin caer en el sentimentalismo fácil— es muy probable que se escape alguna lágrima. Porque lo que cuenta no es grandilocuente, pero sí profundamente humano. Habla de la memoria, de la infancia como territorio sagrado y de ese instante en el que empezamos a comprender que el mundo es tan hermoso como frágil.

El equipo artístico trabajó intensamente en la documentación sobre el Japón de la época, y buena parte del diseño visual se inspiró en ilustraciones tradicionales japonesas y álbumes infantiles europeos de los años sesenta. Además, la adaptación del texto de Nothomb supuso un reto narrativo, ya que la novela está escrita desde una voz adulta que recuerda su infancia; trasladar esa mirada introspectiva al lenguaje visual de la animación fue uno de los mayores desafíos del proyecto.

Estamos, sin duda, ante una película recomendable para todas las edades. Los más pequeños encontrarán una historia cercana y luminosa; los adultos, una reflexión delicada sobre el paso del tiempo y la memoria. Un filme de animación de lo mejor visto en mucho tiempo, una obra que reivindica la sensibilidad como forma de resistencia frente al ruido del mundo
Una pequeña joya que merece ser descubierta y celebrada. Porque a veces el cine no necesita levantar la voz. Basta con que susurre… y aquí el susurro se convierte en emoción pura

NOTA 9/10

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