Dirección: Alex Scharfman
Guion: Alex Scharfman
Reparto: Jenna Ortega, Paul Rudd, Will Poulter, Téa Leoni, Richard E. Grant, Anthony Carrigan, Sunita Mani,Jessica Hynes, Steve Park, David Pasquesi
Fotografía: Larry Fong
Montaje: Ron Dulin
Música: Dan Romer, Giosuè Greco
Productores: Drew Houpt, Lucas Joaquin, Alex Scharfman, Lars Knudsen, Tyler Campellone, Timothy Headington, Theresa Steele Page
Distribuidora: Universal
Año: 2025
Título Original: Death of a Unicorn
Estreno En España 10/10/25 en el Festival de Sitges del 2025 y 28/12/25 en SkyShowtime y Movistar Plus plataformas
Género: Fantástico, Drama
Duración: 104 Minutos
ARGUMENTO
padre y su hija atropellan y matan accidentalmente un unicornio mientras se dirigen a un retiro de fin de semana en casa del jefe multimillonario de él. Una vez allí, el empresario autoritario y excéntrico pretende explotar las propiedades curativas milagrosas de la criatura. Esta comedia negra con un giro fantastique cuenta con un reparto espectacular encabezado por Jenna Ortega, Paul Rudd, Richard E. Grant, Téa Leoni y Will Poulter
CRÍTICA
Estrenada el pasado año en el Festival de Sitges, La muerte de un unicornio pasó por el certamen catalán con más discreción de la que cabría esperar para una producción apadrinada por A24 y encabezada por nombres tan reconocibles como Paul Rudd o Jenna Ortega. Apenas generó conversación a la salida de las salas y, con el paso de los días, fue diluyéndose en la abundante programación del festival. Personalmente, creo que ese relativo olvido resulta algo injusto.
La película, dirigida por Alex Scharfman, parte de una premisa tan absurda como sugerente: un padre y su hija atropellan accidentalmente a un unicornio mientras se dirigen a pasar un fin de semana en la mansión de un multimillonario. A partir de ahí, el relato deriva hacia una sátira negra en la que el capitalismo más depredador intenta apropiarse incluso de lo mágico, explotando las supuestas propiedades curativas del animal. Scharfman juega con el contraste entre lo fantástico y lo mundano, construyendo un relato que, sin ser especialmente profundo, sí consigue mantener el interés durante todo su metraje.
Es cierto que estamos ante una película olvidable, en el sentido más literal del término: no deja una huella imborrable ni redefine el género. Sin embargo, también es verdad que nunca resulta aburrida. Su ritmo es ágil, sus giros —más irónicos que sorprendentes— funcionan razonablemente bien y su tono de comedia negra se sostiene gracias a un reparto que parece disfrutar del disparate. El principal hándicap del filme es, quizá, encontrar a su público. Para los espectadores más jóvenes algunas escenas pueden resultar demasiado explícitas o incómodas, mientras que para un público adulto curtido en el fantástico la propuesta puede quedarse a medio camino, sin la mala leche ni la radicalidad que prometía su punto de partida.
Jenna Ortega aceptó el proyecto tras leer el guion de una sola sentada, atraída por su humor retorcido y por la posibilidad de moverse en un registro menos solemne del habitual en su filmografía reciente. Por su parte, Paul Rudd ha comentado en entrevistas que muchas de sus escenas más incómodas se rodaron con un unicornio creado mediante efectos prácticos en el set, lo que aportó un punto de extrañeza real a las interpretaciones y ayudó a reforzar ese tono entre lo absurdo y lo inquietante que atraviesa toda la película.
La muerte de un unicornio no es, ni mucho menos, una joya oculta del Festival de Sitges, pero sí un título curioso, irregular y con personalidad propia. Una de esas películas que probablemente no recordarás dentro de unos años, pero que mientras dura ofrece un entretenimiento honesto y una sátira nada desdeñable sobre nuestra capacidad para mercantilizarlo absolutamente todo, incluso la fantasía. Como suele ocurrir en Sitges, quizá el problema no fue la película, sino las expectativas con las que muchos se sentaron en la butaca.
NOTA 5,5/10
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