Dirección: José Luis Rojas
Guion: José Luis Rojas
Reparto: Documental: David Gutiérrez, Davinia Gutiérrez, Diego Cabezuelo, Iker Méndez, Jorge Herraiz, José Luis Rojas, Juanma Moreno, Marta Masa, Óscar Díez, Pedro Ruiz Alia
Fotografía: David Gutiérrez
Montaje: José Luis Rojas
Música: Jesús Calderón
Sonido: Álex Asensi, Álex Marais
Maquillaje: Virginia Casther.
Distribuidora: Molonko Films
Año: 2026
Título Original: Érase una vez en Rivollywood
Estreno En España: 06/03/26
Género: Documental
Duración: 68 Minutos
ARGUMENTO
Todo comenzó con un grupo de jóvenes cineastas que se lanzaron a rodar cortometrajes de bajo presupuesto sin imaginar que acabarían dando vida a un movimiento cinematográfico único. Aquel movimiento recibió el nombre de Rivollywood.
CRÍTICA
Hay algo entrañable —y también profundamente limitado— en Érase una vez en Rivollywood, el documental dirigido por José Luis Rojas que rescata aquel pequeño movimiento cinematográfico amateur surgido en la localidad madrileña de Rivas-Vaciamadrid a comienzos de los años 2000.
Todo comenzó con un grupo de jóvenes cineastas que se lanzaron a rodar cortometrajes de bajo presupuesto sin imaginar que acabarían dando vida a un movimiento cinematográfico único”. Y es cierto: hubo ilusión, hubo camaradería y, sobre todo, una obsesión casi romántica por rodar, montar y estrenar cortos sin más recursos que una cámara doméstica, tiempo libre y muchas ganas.
El problema es que esa épica íntima difícilmente trasciende el ámbito de lo privado.
Rojas construye el documental como un álbum de recuerdos. Testimonios, imágenes de archivo y anécdotas se suceden para explicar cómo estos jóvenes aficionados —más entusiastas que cineastas— se organizaban para rodar los fines de semana, cómo improvisaban efectos especiales con lo que tenían a mano o cómo convertían cualquier rincón de Rivas en un supuesto escenario de acción. Resulta simpático escuchar que una persecución “de alto presupuesto” se resolvía con la cámara apoyada en un carrito de supermercado o que el sonido se grababa con el micrófono de un ordenador doméstico escondido bajo una sudadera. Pero la simpatía no siempre equivale a interés cinematográfico.
Más allá del círculo de amigos y familiares de los participantes, el documental apenas encuentra un gancho para el espectador ajeno a aquella experiencia. Lo que para sus protagonistas fue una revolución —Rivollywood— para el resto no pasa de ser una curiosa anécdota local. Falta contexto, falta análisis y, sobre todo, falta una mirada más crítica que trascienda la nostalgia.
El filme se limita en gran medida a describir la manera de rodar de estos jóvenes amateurs a principios del 2000: la planificación rudimentaria, los guiones escritos a última hora, la edición nocturna tras la jornada laboral o académica. Todo ello tiene un valor testimonial indudable, pero el documental no profundiza en lo que realmente podría haberlo hecho interesante: ¿qué quedó de aquel movimiento?, ¿influyó en alguien más allá de sus creadores?, ¿hubo evolución artística o simplemente entusiasmo juvenil?
Se agradece la honestidad del proyecto y su tono desenfadado. No hay pretensiones grandilocuentes ni discursos impostados. Sin embargo, esa misma modestia juega en su contra. El relato avanza sin demasiados conflictos ni tensiones dramáticas, y termina por convertirse en una crónica amable que no termina de encontrar una verdadera razón de ser cinematográfica.
Érase una vez en Rivollywood funciona como cápsula del tiempo, como homenaje a una generación que soñó con hacer cine desde un barrio madrileño sin medios ni industria. Pero fuera de ese recuerdo compartido, el documental carece del pulso y la universalidad necesarias para conectar con un público más amplio. Una historia curiosa, sí. Una pequeña nota a pie de página en la historia del cine amateur español. Pero poco más.
NOTA 4/10
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