Dirección: Fernando González Molina
Guion: Alana S. Portero
Guion original: Jaime de Armiñán, José Luis Borau
Reparto: Elisabeth Martínez, Anna Castillo, Paco León, Nagore Aranburu, Manu Ríos, Eneko Sagardoy, Lola Rodríguez, María Galiana, Delphina Bianco, Nico Montoya, Esperanza Guardado, Alina Razumenko y Jaime García Machín
Música: Álex de Lucas, Zahara
Fotografía: Carlos Rigo
Montaje: Verónica Callón
Distribuidora: Tripicture , Netflix
Año: 2026
Título Original: Mi Querida Señorita
Estreno En España: 17/04/26 en cines y 01/05/26 en plataformas Netflix
Género: Drama, Comedia
Duración: 113 Minutos
ARGUMENTO
“Adela, solitaria hija única de una familia conservadora, pasa sus días entre la tienda de antigüedades familiar y las clases de catequesis que imparte, marcada por la protección de su madre y el silencio sobre su intersexualidad, que desconoce pero condiciona su vida.
Una inesperada y hermosa amistad con un sacerdote recién llegado, el regreso de un gran amigo de su infancia y la irrupción de una mujer, Isabel, provocan una reacción en cadena que lleva a Adela a un viaje en busca de sí misma, de Pamplona a Madrid, donde la identidad necesitará del amor y la ayuda de los demás para revelarse.”
CRÍTICA
Hay películas que nacen con una losa sobre los hombros, y esta nueva Mi querida señorita (2026) de Fernando González Molina es una de ellas. No solo por revisitar un título mítico del cine español firmado por Jaime de Armiñán, sino por atreverse a dialogar —aunque sea de forma tangencial— con la inolvidable interpretación de José Luis López Vázquez. Y aquí conviene dejar algo claro desde el principio: para disfrutar de esta revisión, casi es obligatorio hacer un ejercicio de amnesia selectiva.
Porque sí, si uno entra a la sala con la película original muy presente, es fácil que aflore cierto enfado. Las comparaciones son inevitables y, en muchos momentos, poco favorables. Pero si el espectador consigue aparcar ese recuerdo durante las dos horas de metraje, lo que se encuentra es una propuesta que, sin reinventar nada, funciona como entretenimiento digno
La historia sigue a Adela, una mujer marcada por una vida gris y silenciosa en una familia conservadora, atrapada entre la tienda de antigüedades y sus clases de catequesis. La aparición de nuevas relaciones —una amistad inesperada, un reencuentro del pasado y una figura femenina que irrumpe en su rutina— desencadena un viaje emocional que la llevará de Pamplona a Madrid en busca de su identidad. Es en ese trayecto donde la película intenta actualizar el conflicto del original, adaptándolo a sensibilidades contemporáneas, aunque no siempre con la profundidad deseada.
El principal acierto del filme reside, sin duda, en sus intérpretes. Elisabeth Martínez sostiene el relato con una interpretación comprometida, llena de matices, mientras que Anna Castillo y Paco León aportan el contrapunto necesario para que la historia no se hunda en su tono más melancólico. Son ellos, y no tanto el guion, quienes consiguen que la película respire.
Y es que el libreto de Alana S. Portero, aunque bienintencionado, arrastra una sensación extraña: por momentos parece una obra que llega tarde, como si su discurso ya hubiera sido superado por el propio contexto social al que intenta apelar. Hay escenas que funcionan, que emocionan incluso, pero otras resultan algo anacrónicas, casi como si el filme no terminara de decidir en qué época quiere habitar.
A nivel de producción, hay detalles curiosos. Durante el rodaje, buena parte de las escenas ambientadas en la tienda de antigüedades se filmaron en localizaciones reales con objetos auténticos, lo que obligó al equipo a trabajar con extremo cuidado para no dañar piezas históricas. Además, se comenta que Elisabeth Martínez pasó semanas documentándose y ensayando en soledad para construir el personaje desde un lugar íntimo, evitando referencias directas a la interpretación de López Vázquez, algo que se nota en su enfoque más contenido y contemporáneo.
En definitiva, estamos ante una película irregular, que juega con ventaja por el peso de su legado pero que también se ve atrapada por él. A veces caduca, otras sorprendentemente eficaz, lo cierto es que esta Mi querida señorita no alcanza la grandeza del original, pero tampoco fracasa estrepitosamente. Es, más bien, un producto que se deja ver, que entretiene y que encuentra en sus actores su razón de ser. Y en los tiempos que corren, no es poco.
NOTA 6/10
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