Dirección: Simón Mesa Soto
Guion: Simón Mesa Soto
Reparto: Ubeimar Ríos, Rebeca Andrade, Guillermo Cardona, Allison Correa, Margarita Soto, Humberto Restrepo. En fichas ampliadas también aparecen Hugo Valencia, Gabriel Buitrago, Javier Castaño Vera, Sara Castro Parra, Emmanuel Garcés Botero, Tania Granada Valencia, Hilda Gutiérrez, Evelin Montoya Sanchez y Willian Montoya.
Fotografía: Juan Sarmiento G.
Montaje: Ricardo Saravia
Música: Matti Bye, Trío Ramberget
Sonido: Eloisa Arcila, Ted Krotkiewski
Distribuidora: Atalante
Año; 2025
Título Original: Un Poeta
Género: Drama, Autor
Duración: 120 Minutos
ARGUMENTO
Óscar Restrepo, el poeta del título, no ha sido capaz de estar a la altura de sus prometedores inicios en la literatura y sobrevive como puede dando clases en un instituto y cuidando de su madre. En Yurlady, una de sus alumnas, descubre un espíritu afín, un diamante en bruto de la poesía.
CRÍTICA
Hay películas que entran de puntillas y otras que lo hacen dando un portazo. Un poeta, de Simón Mesa Soto, pertenece a esa incómoda categoría de cine que parece no querer gustar, ni siquiera ser comprendido del todo. Un filme desconcertante, extraño, donde lo absurdo y lo cotidiano se dan la mano en una propuesta que exige más paciencia que complicidad.
La historia nos presenta a Óscar Restrepo, un poeta venido a menos que sobrevive dando clases mientras cuida de su madre y arrastra el peso de un talento que nunca terminó de florecer. En su alumna Yurlady encuentra una especie de reflejo, un posible relevo generacional, un “diamante en bruto” que despierta en él una mezcla de fascinación, frustración y, sobre todo, una dolorosa toma de conciencia sobre su propia mediocridad. A partir de ahí, Mesa Soto construye un retrato de autodestrucción que se mueve entre lo patético y lo trágico.
El problema es que ese viaje, por momentos sugerente, se convierte en una experiencia irregular. El director apuesta por un tono incómodo, cercano al esperpento, donde el humor absurdo irrumpe sin avisar para romper cualquier atisbo de solemnidad. Una decisión valiente, sin duda, pero que termina jugando en su contra. Hay secuencias que parecen alargarse más de lo necesario, escenas que rozan el tedio y un ritmo que pone a prueba la resistencia del espectador.
No se puede decir que estemos ante un desastre, ni mucho menos. Un poeta tiene ideas, tiene personalidad y, sobre todo, tiene intención. Es interesante cómo Mesa Soto aborda la figura del artista frustrado, ese creador que vive atrapado entre lo que fue y lo que nunca llegará a ser. Sin embargo, todo ese planteamiento se queda a medio gas. Falta profundidad, falta contundencia, falta ese golpe final que eleve la propuesta más allá de lo meramente curioso.
En cuanto a las interpretaciones, hay una verdad incómoda en el trabajo de su protagonista que sostiene gran parte del metraje. Su manera de habitar el fracaso, de moverse entre la dignidad y el ridículo, encaja perfectamente con el tono de la película. Es, sin duda, uno de los grandes aciertos del filme.
Simón Mesa Soto trabajó con varios actores no profesionales para dotar de mayor autenticidad a los entornos y personajes, especialmente en las escenas escolares. Además, el propio proceso de escritura del guion estuvo marcado por experiencias personales del director en el ámbito educativo, algo que se percibe en la naturalidad —a veces incómoda— de muchas situaciones.
En definitiva, Un poeta es una película difícil de ver y, en algunos momentos, de aguantar. Una obra que divide, que incomoda y que, pese a sus irregularidades, deja cierto poso. Quizá no sea la película que se esperaba de Simón Mesa Soto, pero sí es una muestra clara de un cineasta que prefiere arriesgar antes que acomodarse. Y eso, en los tiempos que corren, ya es decir bastante.
NOTA: 4,5/10
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