sábado, 6 de junio de 2026

UNA PELÍCULA DE MIEDO

Dirección: Sergio Oksman
Guion: Sergio Oksman
Reparto: Documental Sergio Oksman, Nuno Oksman, Daniel Blaufuks, Ana Moreira
Fotografía: Jorge Rojas, Francisco Marise
Montaje: Ana Pfaff, Moncho Fernández, Sergio Oksman
Música: Amy Fajardo
Sonido: Irene Arboleda, Nuno Carvalho
Distribuidora: Silencio Cinema 
Año: 2025
Título Original; Una Película De Miedo 
Estreno En España: 05/06/26
Género: Drama,  Documental 
Duración: 72 Minutos 

ARGUMENTO 
Durante las vacaciones de verano, un director de documentales y su hijo de doce años se alojan en un hotel abandonado de Lisboa: un hotel vacío como el de El resplandor. Lo que comienza como una estancia aparentemente tranquila se convierte en un viaje por los recuerdos, los miedos y las relaciones familiares, explorando los fantasmas del pasado y el delicado tránsito entre la infancia y la adolescencia.

CRÍTICA 
Sergio Oksman vuelve a demostrar que es un cineasta interesado en explorar los límites entre la realidad, la memoria y la propia construcción cinematográfica. En Una película de miedo parte de una premisa tan sugerente como atractiva: un director de documentales y su hijo de doce años pasan las vacaciones en un hotel abandonado de Lisboa, un escenario que inevitablemente recuerda al inquietante hotel Overlook de El resplandor. A partir de ahí, el cineasta construye una reflexión sobre la paternidad, los miedos y el paso del tiempo.

La relación entre padre e hijo constituye el verdadero corazón de la película. Oksman observa con sensibilidad ese momento tan delicado en el que la infancia comienza a quedarse atrás y la adolescencia asoma tímidamente. Las conversaciones, los silencios y las pequeñas situaciones cotidianas poseen una naturalidad que resulta atractiva y permiten que el espectador se asome a una intimidad que nunca llega a resultar incómoda. En esos instantes más sencillos es donde la película encuentra su mejor versión.

33El problema aparece cuando el documental decide insistir una y otra vez sobre las mismas ideas. La reflexión sobre el miedo, la memoria, el paso del tiempo o los vínculos familiares es interesante, pero la narración acaba girando en círculos con demasiada frecuencia. Oksman parece tan fascinado por los temas que plantea que termina regresando constantemente a ellos sin aportar nuevos matices. La sensación de reiteración acaba pesando más de lo deseable y provoca que algunos pasajes transmitan una cierta impresión de estancamiento.


Sin embargo, sería injusto quedarse únicamente con sus defectos. Una película de miedo posee una capacidad indudable para generar atmósferas. El hotel abandonado se convierte en un personaje más, un espacio cargado de misterio donde cada pasillo vacío y cada habitación deshabitada parecen esconder recuerdos y emociones. El director aprovecha magníficamente ese escenario para construir una sensación de extrañeza que envuelve toda la película y que mantiene vivo el interés incluso en sus momentos más contemplativos.

También resulta estimulante la manera en que el filme juega con la frontera entre realidad y ficción. Nunca estamos completamente seguros de dónde termina el documental y dónde comienza la puesta en escena. Esa ambigüedad aporta riqueza a una propuesta que, pese a sus altibajos, nunca deja de ser curiosa. Es una película que invita a la reflexión y que busca más preguntas que respuestas, algo cada vez menos habitual en el panorama audiovisual actual.

Visualmente, la obra está cuidada con mimo. La fotografía aprovecha la belleza decadente del edificio lisboeta para crear imágenes sugerentes y cargadas de melancolía. No hay grandes alardes técnicos ni los necesita; la fuerza del conjunto reside precisamente en la sencillez con la que observa a sus personajes y los espacios que habitan.

Como anécdota de producción, Sergio Oksman rodó la película utilizando como principal escenario un hotel real que llevaba años cerrado al público. El cineasta ha comentado en diversos encuentros con espectadores que el descubrimiento de aquel edificio fue el punto de partida del proyecto, ya que el lugar le evocó inmediatamente las sensaciones de aislamiento y misterio que buscaba para articular la historia junto a su hijo. Esa decisión aporta autenticidad a muchas de las imágenes más memorables del filme.

Una película de miedo no es una obra redonda. Su tendencia a repetir conceptos y a alargar determinadas reflexiones termina restándole fuerza narrativa. Sin embargo, también es una propuesta personal, honesta y por momentos muy inspirada. La relación entre padre e hijo, la atmósfera del hotel abandonado y la capacidad de Oksman para convertir lo cotidiano en materia cinematográfica hacen que merezca la pena acercarse a ella. Una película imperfecta, sí, pero también estimulante y diferente, de esas que siguen rondando por la cabeza durante un tiempo después de abandonar la sala.

NOTA 5,5/10

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