Dirección: Cristina Urgel
Guion: Cristina Urgel
Reparto: Cristina Urgel, Cruz, Celia
Producción: Eva Moreno
Productora: Not Alone Productions
Fotografía: Sara Almonacid
Sonido: Alberto Carlassare
Montaje: Yolanda Román
Música: Amy Fajardo
Distribuidora: Distribution with Glasses
Año; 2025
Título Original:: La conversación que nunca tuvimos
Estreno En España: Plataformas en Filmin
Género: Drama
Duración: 19 Minutos
ARGUMENTO
Un año antes de la muerte de su abuela, la directora graba una conversación íntima y sanadora sobre una vida marcada por el tabú familiar: haber sido madre soltera en 1953. Con ese audio como puente, la película propone que su madre “tenga por fin” esa conversación pendiente con su propia madre para comprenderse, cerrar heridas y reconocer a tantas mujeres que abrieron camino sin pancartas.
CRÍTICA
Hay películas necesarias. Y La conversación que nunca tuvimos lo es. No tanto por su forma —sencilla, directa, casi desnuda— como por aquello que se atreve a remover: el silencio impuesto a miles de mujeres en la España de los años cincuenta y sesenta, madres solteras condenadas al juicio social, al susurro y, sobre todo, a la culpa heredada.
Cristina Urgel construye su cortometraje a partir de una grabación real: una conversación con su abuela, madre soltera en 1953, registrada apenas un año antes de su fallecimiento. Ese audio sirve de puente para que su madre —la gran ausente emocional de ese diálogo— pueda, por fin, enfrentarse a lo que nunca se dijo. La película se articula así como un ejercicio de escucha tardía, de reparación íntima, de memoria familiar que busca cerrar una herida abierta durante décadas.
Cristina Urgel construye su cortometraje a partir de una grabación real: una conversación con su abuela, madre soltera en 1953, registrada apenas un año antes de su fallecimiento. Ese audio sirve de puente para que su madre —la gran ausente emocional de ese diálogo— pueda, por fin, enfrentarse a lo que nunca se dijo. La película se articula así como un ejercicio de escucha tardía, de reparación íntima, de memoria familiar que busca cerrar una herida abierta durante décadas.
El problema —si es que puede llamarse así— es precisamente ese punto de partida. Urgel no solo dirige, también protagoniza y se sitúa como parte directamente implicada en la historia. Esa cercanía, que debería reforzar la emoción, en ocasiones provoca el efecto contrario: el espectador se siente ligeramente expulsado del relato, cuando quizá lo deseable habría sido justo lo opuesto. Un mayor distanciamiento formal habría permitido que el homenaje trascendiera lo personal y abrazara con más fuerza a todas esas mujeres anónimas a las que la película quiere reivindicar.
Aun así, el valor del cortometraje es indiscutible. La conversación que nunca tuvimos funciona como una confesión necesaria, un acto de valentía emocional que no busca el sentimentalismo fácil, sino la comprensión. Es cine como herramienta para cerrar el dolor vivido hace décadas, para poner palabras —aunque lleguen tarde— allí donde solo hubo silencio.
la propia directora ha contado que la grabación original del audio no estaba pensada para convertirse en película. Fue un gesto íntimo, casi terapéutico, que solo más tarde encontró su forma cinematográfica.
Ese origen explica tanto la honestidad del resultado como sus inevitables desequilibrios.
Un cortometraje pequeño, honesto y valiente. Imperfecto, sí, pero profundamente humano. Y, sobre todo, un recordatorio de que hay conversaciones que, aunque nunca se tuvieron a tiempo, todavía merecen ser escuchadas.
NOTA 6/10
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