jueves, 11 de junio de 2026

LA LUZ


Dirección: Fernando Franco
Guion: Fernando Franco
Reparto: Alberto San Juan · Pedro Casablanc · Miguel Rellán · María Galiana · Luis Callejo · Ramón Barea · Carolina Montoya · Pablo Gómez Pando · Nacho Sánchez · Santiago Mayorga · Antonio Zafra · Itziar Aizpuru
Fotografía: Santiago Racaj
Música: Maite Arroitajauregui
Montaje: Fernando Franco
Distribuidora: Disney 
Año: 2026
Título Original: La Luz
Estreno En España: 05/06/26
Género: Drama,  Thriller 
Duración: 114 Minutos 

ARGUMENTO 
Manuel, un sacerdote muy apreciado en su parroquia, está a punto de colgar los hábitos y empezar una nueva vida. Sin embargo, cuando su pasado amenaza con salir a la luz, se verá obligado a afrontar el peso de sus propias acciones. Comienza, así, un viaje sin retorno en el que desafiará abiertamente a la institución que lo protegió

CRÍTICA 
Fernando Franco vuelve a demostrar en La luz que es uno de los directores más sensibles y valientes del panorama español actual. Lo hace además con una película incómoda, dolorosa y profundamente humana que se atreve a mirar de frente una de las heridas más difíciles de abordar: los abusos a menores dentro de la Iglesia. El resultado es un filme que, pese a algún pequeño tropiezo en su tramo final, se acerca peligrosamente a la categoría de obra maestra.

La historia sigue a Manuel, un sacerdote muy querido en su comunidad que está a punto de abandonar los hábitos para comenzar una nueva vida. Sin embargo, la aparición de un pasado que creía enterrado lo obliga a enfrentarse tanto a sus propios actos como a la institución que durante años lo protegió. A partir de esa premisa, Fernando Franco construye un relato devastador que habla de culpa, silencio, impunidad y reparación.

Lo más admirable de La luz es que nunca cae en el sensacionalismo. La película avanza con un ritmo pausado, casi contemplativo, permitiendo que cada escena respire y que el espectador vaya descubriendo poco a poco las distintas capas de una historia que se vuelve cada vez más asfixiante. Franco no necesita grandes artificios para generar angustia. Le basta una mirada, un silencio o una conversación aparentemente trivial para provocar una tensión insoportable.

Hay secuencias que resultan verdaderamente estremecedoras. Momentos que golpean la conciencia del espectador con una fuerza brutal y dejan una sensación difícil de olvidar. En más de una ocasión la película transmite la impresión de recibir una patada en el estómago. Algunas escenas poseen incluso una atmósfera cercana al terror psicológico, no por lo que muestran sino por lo que sugieren, por las consecuencias emocionales de unos hechos que marcaron vidas para siempre.

Gran parte de la fuerza del filme recae sobre un inmenso Alberto San Juan. Su interpretación es sencillamente extraordinaria. El actor compone un personaje lleno de contradicciones, fragilidad y dolor, alejándose de cualquier caricatura o juicio fácil. Cada gesto, cada pausa y cada mirada transmiten un conflicto interno permanente. Es uno de esos trabajos que justifican por sí solos el precio de una entrada y que merecen estar presentes en todas las conversaciones sobre premios de la temporada.

A su alrededor, el resto del reparto ofrece un nivel sobresaliente, contribuyendo a que el relato mantenga una credibilidad absoluta. La dirección de actores vuelve a ser uno de los grandes puntos fuertes de Fernando Franco, que demuestra una vez más su capacidad para extraer interpretaciones llenas de verdad.

Visualmente, la película apuesta por una puesta en escena sobria y contenida que encaja perfectamente con el tono del relato. La cámara observa, acompaña y escucha. Nunca juzga. Esa aparente sencillez termina convirtiéndose en una de las mayores virtudes de la obra, porque permite que el peso emocional recaiga siempre sobre los personajes y sus heridas.

No todo funciona con la misma precisión. El último tramo presenta algunos altibajos narrativos y determinadas decisiones dramáticas no alcanzan la potencia del resto del metraje. Además, su desenlace puede generar división entre los espectadores. Personalmente, es un final que no termina de convencerme y que deja la sensación de que una película tan poderosa merecía una resolución más contundente. Aun así, estamos hablando de pequeños reparos dentro de una obra de enorme categoría.

Fernando Franco desarrolló una extensa fase de documentación previa junto a asociaciones de víctimas y especialistas en el tratamiento de abusos dentro de instituciones religiosas. El objetivo era alejarse de los tópicos y construir una representación respetuosa y rigurosa del trauma. Alberto San Juan también trabajó durante meses la composición psicológica de su personaje para evitar cualquier simplificación moral, buscando mostrar a un hombre atrapado entre la culpa, el miedo y la necesidad de afrontar la verdad.

La luz es cine de alto voltaje emocional. Una película dura, incómoda y necesaria que obliga al espectador a mirar donde muchas veces se ha preferido apartar la vista. Fernando Franco firma una de las obras más importantes de su carrera y Alberto San Juan entrega una interpretación memorable. Un filme que deja huella, que duele y que permanece mucho tiempo en la memoria una vez encendidas las luces de la sala.

NOTA 9/10

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