Dirección: Anna Boden, Ryan Fleck
Guion: Anna Boden y Ryan Fleck
Reparto: Pedro Pascal, Ben Mendelsohn, Jay Ellis, Normani, Dominique Thorne, Jack Champion, Ji-young Yoo, Angus Cloud, Tom Hanks
Música: Raphael Saadiq
Fotografía: Jac Fitzgerald
Montaje: Robert Komatsu
Distribuidora; Universal
Año: 2024
Título Original: Freaky Twles
Estreno En España: 22/12/25 en plataformas Movistar Plus y SkyShowtime
Género: Thriller, Acción
Duración: 105 Minutos
ARGUMENTO
Ambientada en Oakland en 1987, Freaky Tales es una cinta vibrante y provocadora que funciona como un mixtape de múltiples historias. En esta ciudad impregnada de cultura y energía, diversos personajes —desde una estrella de la NBA hasta pandillas, raperas, pandilleros punks, neonazis y un cobrador de deudas— convergen en una serie de enfrentamientos y batallas intensas en un sueño febril de humor, acción y giros narrativos
CRÍTICA
Freaky Tales es uno de esos filmes que funcionan como una cápsula del tiempo: una invitación directa a volver al cine de los 80, a sus excesos, a su energía desbordada y, sobre todo, a esa sensación de salir del cine con una sonrisa cómplice, como si durante dos horas hubiéramos rejuvenecido unos cuantos años.
Ambientada en Oakland a mediados de los años ochenta, la película articula cuatro historias que se cruzan con naturalidad, como si estuviéramos escuchando una vieja cinta de casete en la que cada cara ofrece un tono distinto, pero todas comparten un mismo latido. Desde la primera secuencia queda claro el amor por la música y el cine, no solo como referencias estéticas, sino como auténtico motor emocional del relato. Boden y Fleck filman con cariño, con gusto por el detalle, y con una mirada nostálgica que nunca resulta impostada.
La historia a grandes rasgos, nos sitúa ante un mosaico de personajes muy distintos —jóvenes idealistas, buscavidas, músicos, tipos al borde del colapso y figuras casi míticas— cuyas vidas terminan conectándose en una noche tan caótica como reveladora. Oakland se convierte en un personaje más, retratada como un hervidero cultural donde conviven el hip-hop, el punk, el cine de videoclub y una violencia latente que estalla cuando menos se espera.
Es cierto que la segunda historia flojea ligeramente, sobre todo en su desarrollo, quedándose algo por debajo del resto en intensidad y pegada. Pero este pequeño bache no es óbice para disfrutar de un conjunto muy entretenido, lleno de ritmo y con un montaje ágil que sabe cuándo acelerar y cuándo detenerse para respirar. La película se ve con enorme placer, dejándose llevar por su tono juguetón y su espíritu libre.
Mención especial merecen la tercera y la cuarta historia, donde el filme se desata por completo: la acción gana protagonismo, las piezas empiezan a encajar y algunas de las dudas sembradas previamente encuentran respuesta. Aquí Freaky Tales abraza sin complejos el cine de género, con secuencias vibrantes, violencia estilizada y un sentido del espectáculo que conecta directamente con el cine más gamberro de los 80. Ojo a las apariciones sorpresa, auténticos regalos para el espectador atento, que refuerzan ese carácter lúdico y festivo del conjunto.
Las interpretaciones cumplen con creces, todas ellas al servicio de una película coral donde nadie busca imponerse sobre el resto. El reparto se mueve con soltura entre el drama, la comedia y la acción, aportando credibilidad y carisma a personajes que, aun siendo arquetípicos, resultan cercanos y reconocibles.
El rodaje se planteó casi como una recreación emocional de la Oakland de 1987: muchas localizaciones fueron escogidas por su valor simbólico más que por su espectacularidad, y la música —clave en la película— fue supervisada con especial mimo, contando incluso con la implicación directa de artistas ligados a la escena musical de la zona, algo que se nota en la autenticidad del ambiente
En definitiva, Freaky Tales es un homenaje sincero y vibrante a una forma de hacer cine que ya no abunda: desacomplejada, excesiva y profundamente cinéfila. Una película que no busca reinventar nada, pero que recuerda por qué nos enamoramos del cine cuando éramos jóvenes… y que, durante su metraje, consigue que volvamos a serlo.
NOTA 6,5/10
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