lunes, 5 de octubre de 2026

NAZA

Dirección: Yuval Abraham y Rachel Szor
Guion: Yuval Abraham y Rachel Szor
Reparto: Yuval Abraham 
Fotografía: Rachel Szor
Montaje: Yuval Abraham y Rachel Szor
Sonido: Lars Ginzel, Benjamin Hörbe y Rob Farr
Distribuidora: Elástica Films 
Año: 2026
Título Original: NAZA
Estreno En España: 09/10/26
Genero: Drama,  Documental 
Duración: 80 Minutos 

ARGUMENTO 
«Rodada de noche en las azoteas de Tel Aviv, la película revela en detalle los sistemas detrás del asesinato masivo y calculado de civiles palestinos en Gaza.»

CRÍTICA 
Rodada durante la noche en las azoteas de Tel Aviv, NAZA se adentra en un asunto tan incómodo como difícil de asimilar: los mecanismos que permiten convertir la muerte de civiles en una cifra, en una previsión, en un dato más dentro de una operación militar. El título hace referencia precisamente a un término utilizado por los servicios de inteligencia israelíes para calcular el número de civiles que podrían morir como consecuencia de un ataque aéreo, un eufemismo que termina resultando todavía más perturbador cuando comprendemos lo que hay detrás de esa palabra.

Yuval Abraham y Rachel Szor, después de No Other Land, vuelven a poner la mirada sobre el conflicto entre Israel y Palestina, pero esta vez desde una perspectiva diferente y especialmente incómoda. La película encuentra en las azoteas de Tel Aviv uno de sus principales escenarios y, sobre todo, en los testimonios de quienes hablan desde allí, su elemento más poderoso. Son conversaciones que en ocasiones estremecen por lo que cuentan, pero también por la manera en que son contadas.

Y es precisamente esa frialdad la que provoca algunos de los momentos más duros de NAZA. Escuchar determinados testimonios relatados con una naturalidad casi burocrática produce una sensación desasosegante. No estamos ante grandes discursos ni ante una puesta en escena que busque subrayar emocionalmente cada situación. Al contrario: los directores dejan que sean las palabras, los datos y los silencios los que construyan el horror. Y en algunos momentos resulta difícil no estremecerse ante la distancia existente entre la frialdad del lenguaje empleado y las consecuencias humanas que esconden esas palabras.

La película habla de sistemas, protocolos y cálculos, pero consigue que detrás de cada cifra aparezca la dimensión humana del conflicto. Esa es probablemente una de sus mayores virtudes. NAZA obliga al espectador a detenerse ante conceptos que, expresados en términos militares o tecnológicos, pueden parecer abstractos, hasta que comprendemos que detrás de ellos hay personas.

Ahora bien, esa apuesta por la observación contenida también tiene sus inconvenientes. En determinados momentos el documental resulta excesivamente frío. Los silencios, aunque buscan generar reflexión y tensión, no siempre ayudan a que el espectador se introduzca en la historia. Hay pasajes en los que el ritmo se resiente y la película parece tomar una distancia que dificulta la conexión emocional. Es una decisión formal comprensible, pero no siempre funciona con la misma intensidad.

También resulta interesante observar cómo los directores utilizan las propias azoteas de Tel Aviv. La ciudad aparece casi como un personaje silencioso mientras las conversaciones adquieren una dimensión especialmente inquietante. Uno de los aspectos más llamativos del rodaje fue precisamente la utilización de estos espacios elevados y nocturnos como lugar para registrar los testimonios, alejándose de las imágenes convencionales del conflicto y buscando un escenario desde el que hablar de lo que sucede a cientos de kilómetros de allí.

La película adquiere además una lectura inevitable al recordar que sus directores participaron en No Other Land, junto a Basel Adra y Hamdan Ballal, documental que terminó obteniendo el Óscar al mejor largometraje documental en 2025. Pero NAZA no intenta repetir aquella fórmula. Aquí la mirada es más analítica, más contenida y, en algunos momentos, deliberadamente distante.

Puede que esa frialdad haga que la película no resulte fácil para todos los espectadores y que determinados silencios alarguen demasiado algunas secuencias. Pero precisamente por no buscar el camino sencillo, NAZA termina siendo una obra que invita a pensar mucho después de que aparezcan los títulos de crédito.

Un documental valioso, valiente y necesario, especialmente cuando consigue que una palabra aparentemente técnica como NAZA deje de ser un concepto abstracto para convertirse en la representación de una realidad humana terrible. Una película incómoda, imperfecta y por momentos demasiado fría, pero que tiene el mérito de mirar de frente a una cuestión que resulta difícil de escuchar y todavía más difícil de ignorar.

NOTA: 6,5/10

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