martes, 29 de septiembre de 2026

SUNNY DANCER

Dirección: George Jaques
Guion: George Jaques
Reparto: 
Fotografía: Oliver Loncraine
Montaje: Caitlin Spiller
Música: Zachary Dawes, Este Haim
Distribuidora: Diamond Films. 
Año: 2026
Título Original: Sunny Dancer
Genero: Drama  Comedia 
Duración: 106 Minutos 

ARGUMENTO. 
Después de que Ivy (Bella Ramsey) venza el cáncer, sus padres la envían a un campamento de verano para jóvenes afectados por esta enfermedad, pero a ella le cuesta adaptarse a las normas. Sin embargo, con el paso de las semanas, encuentra amistades inesperadas en un grupo de inadaptados y vive un verano inolvidable.

CRÍTICA 
George Jaques se mete en un terreno complicado: contar una historia sobre adolescentes que han pasado por un cáncer sin convertirla desde el primer minuto en un desfile de lágrimas, hospitales y violines. Y lo cierto es que Sunny Dancer comienza con muy buen pie. Su primera mitad apuesta descaradamente por el humor sarcástico, por unos personajes con bastante mala leche y por una protagonista, Ivy, que no parece precisamente encantada con la idea de pasar el verano en un campamento para jóvenes que han superado un cáncer.

Sus padres creen que acudir al campamento puede ayudarla a recuperar las ganas de vivir y a relacionarse con otros jóvenes que han pasado por experiencias similares. Ivy, por supuesto, piensa exactamente lo contrario. Allí se encontrará con un grupo de chavales tan peculiares como ella, y poco a poco, entre rebeldías, amistades, primeros amores y alguna que otra gamberrada, descubrirá que quizá aquel campamento no sea la condena que imaginaba.

Y ahí está precisamente lo mejor de Sunny Dancer: cuando se olvida de que tiene que hablar del cáncer y simplemente se dedica a hablar de adolescentes. El filme reivindica la necesidad de seguir viviendo, de reírse incluso cuando las circunstancias no acompañan y, sobre todo, de recuperar esa normalidad que una enfermedad puede arrebatar durante demasiado tiempo.

El problema llega cuando Jaques decide pisar el acelerador emocional. La película abandona progresivamente aquel humor ácido que tan bien le funcionaba y comienza a instalarse en terrenos mucho más lacrimógenos. Y entonces aparecen los sentimientos subrayados, las situaciones preparadas para tocar la fibra y ese inevitable dramón que amenaza con llevarnos directamente del paquete de palomitas al pañuelo.

Es probablemente la parte más floja de una película que funcionaba mucho mejor cuando se mostraba más gamberra y menos preocupada por hacernos llorar. Porque Sunny Dancer no necesita recordarnos constantemente que sus protagonistas han sufrido: basta con observarlos intentando recuperar el tiempo perdido, enamorándose, discutiendo, riendo y haciendo exactamente las mismas tonterías que cualquier adolescente.

Tampoco vamos a descubrir aquí el Mediterráneo. La premisa nos resulta familiar y en nuestro país tenemos títulos como Pulseras rojas o Planta 4ª, que ya han transitado por territorios similares. Pero Jaques introduce una mirada británica y un sentido del humor que consiguen darle personalidad propia, especialmente durante sus mejores momentos.

Además, hay un detalle interesante detrás de la película. El director escribió la historia a partir de su propia experiencia: su madre sufrió cáncer cuando él era adolescente y posteriormente Jaques colaboró con Teenage Cancer Trust. Durante el rodaje quiso que el joven reparto se comportara realmente como una pandilla: ensayos conjuntos, desplazamientos en los mismos coches e incluso cenas después de la jornada de trabajo. Bella Ramsey contó que esa convivencia ayudó a crear una sensación de grupo que terminó trasladándose a la pantalla.

También resulta curioso que Jaques y Ramsey trabajaran durante horas en detalles de Ivy que ni siquiera aparecían explícitamente en el guion —sus gustos musicales, estudios, deportes o pequeños objetos personales— y algunos de ellos acabaron incorporándose al vestuario y al atrezo del personaje.

Las interpretaciones son correctas, con una Bella Ramsey que sostiene buena parte del peso de la película y un reparto joven que funciona especialmente bien cuando se deja llevar por la camaradería y el humor.

Sunny Dancer tiene, por tanto, sus altibajos. Empieza con una frescura que hace pensar que estamos ante una comedia juvenil diferente y termina buscando con demasiado empeño la lágrima del espectador. Pero entre una cosa y otra encontramos una historia que habla de amistad, supervivencia, primeras experiencias y, sobre todo, de las ganas de volver a vivir después de haber pasado por una situación extrema.

No será la película que cambie el género, ni pretende hacerlo. Pero sí es una propuesta amable, entretenida y con suficientes momentos divertidos como para recomendarla para pasar una tarde de cine. Eso sí, conviene llevar las palomitas... y, por si acaso, también un pañuelo.

NOTA 6/10

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