Dirección: James Watkins.
Guion: Mike Flanagan, Hossein Amini.
Historia: Mike Flanagan.
Basada en: personajes de DC Comics.
Reparto: Tom Rhys Harries, Naomi Ackie, David Dencik, Max Minghella, Eddie Marsan, Nancy Carroll, Joshua James.
Fotografía: Rob Hardy.
Montaje: Jon Harris.
Música: Volker Bertelmann.
Vestuario: Keith Madden.
Distribuidora: Warner
Año: 2016
Título Original: Clayface
Estreno En España: 22/10/26
Género: Acción, Drama.
Duración; 108 Minutos
ARGUMENTO
Matt Hagen es un joven de las calles de Gotham que consigue ascender meteóricamente hasta convertirse en una estrella de Hollywood. Sin embargo, su prometedora carrera se trunca de forma trágica cuando las acciones de un jefe criminal local lo dejan horriblemente desfigurado.
Abandonado por su equipo y sin nada que perder, Matt recurre a un tratamiento de vanguardia que, milagrosamente, le devuelve su apariencia anterior. Pero el procedimiento tiene efectos inesperados sobre su cordura y lo arrastra por una espiral destructiva de venganza absoluta
CRÍTICA.
Hay una primera hora en Clayface que resulta magnífica, una auténtica sorpresa dentro del cine basado en personajes de cómic. James Watkins apuesta por una historia oscura, con un protagonista cuya tragedia personal termina convirtiéndose en una pesadilla de consecuencias imprevisibles. Y lo mejor es que, durante buena parte del metraje, la película consigue que nos olvidemos de que estamos ante uno de los villanos del universo de Batman para centrarnos en el drama de un hombre que ve cómo su vida se desmorona.
Matt Hagen es un joven que ha conseguido abrirse camino hasta convertirse en una estrella de Hollywood. Sin embargo, la violencia de un jefe criminal lo deja horriblemente desfigurado y destruye su prometedora carrera. Desesperado por recuperar su antigua apariencia, se somete a un tratamiento experimental que, aunque devuelve su rostro a la normalidad, acaba afectando también a su cordura. A partir de ese momento, la búsqueda de una solución se transforma en un camino de venganza y destrucción.
Es precisamente en esa primera parte donde Clayface encuentra sus mejores argumentos. El director construye un relato inquietante, apoyado en la fragilidad de su protagonista y en el miedo a perder aquello que nos define. La identidad, la apariencia física y la obsesión por recuperar una vida que ya no existe se convierten en los pilares de una historia que sabe combinar el thriller psicológico con el terror más físico y desagradable.
La película gana enteros cuando se adentra en los terrenos de la transformación corporal, con imágenes que buscan incomodar al espectador y que demuestran que el universo de los cómics puede ofrecer algo más que espectaculares enfrentamientos entre héroes y villanos. Aquí el monstruo no nace de la nada: es el resultado de una tragedia, de la desesperación y de una sociedad que concede demasiada importancia a la imagen.
Tom Rhys Harries sostiene buena parte del relato con una interpretación que necesita transitar desde la vulnerabilidad hasta la pérdida progresiva del control. A su alrededor, James Watkins construye una atmósfera sombría que se aleja de los códigos más convencionales del cine de superhéroes. No estamos ante otra aventura de Batman, sino ante una historia de terror en la que el personaje ocupa el centro absoluto de la función.
Sin embargo, no todo funciona con la misma eficacia. Cuando la película alcanza su segundo tramo, el ritmo se acelera, la acción gana protagonismo y la narración se vuelve más directa, pero también pierde parte del interés que había despertado inicialmente. El guion empieza a transitar por caminos demasiado previsibles y algunos de sus giros se adivinan con bastante antelación. Lo que antes era una inquietante exploración de la tragedia personal termina cediendo terreno a los mecanismos habituales del thriller de venganza.
Es una lástima, porque la película había conseguido levantar unas expectativas muy altas durante su primera hora. Aun así, el conjunto conserva suficientes virtudes para mantener la atención, especialmente cuando apuesta por el terror corporal y por las consecuencias físicas y psicológicas de la transformación de su protagonista.
Como curiosidad, el director James Watkins quiso que las secuencias más perturbadoras resultaran lo más tangibles posible. En una de las escenas más llamativas, relacionada con el ojo de Matt y unas tijeras, se recurrió a efectos prácticos y a una reproducción de gran tamaño para los primeros planos, buscando una sensación física que difícilmente habría tenido el mismo impacto con una solución exclusivamente digital.
En definitiva, Clayface es una película más que recomendable, especialmente para quienes disfrutan del thriller oscuro y del terror con personalidad. Una primera hora magnífica, un protagonista con una historia trágica y una propuesta visual que se atreve a explorar el lado más desagradable de los cómics. Su principal problema es un guion que pierde capacidad de sorpresa cuando más necesita mantenerla, pero sus virtudes terminan imponiéndose. Thriller y acción se dan la mano en una película que demuestra que, detrás de algunos de los villanos más conocidos, también puede esconderse una historia profundamente humana.
NOTA 7/10
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