Guion: T. J. Fixman, Kitao Sakurai
Historia: Dalan Musson, Gary Dauberman
Basada en: La saga de videojuegos Street Fighter, creada por Capcom.
Reparto: Noah Centineo, Andrew Koji, Callina Liang, Jason Momoa, Curtis «50 Cent» Jackson, Joe «Roman Reigns» Anoa'i, David Dastmalchian, Cody Rhodes, Andrew Schulz, Vidyut Jammwal, Eric André, Orville Peck, Olivier Richters, Hirooki Goto, Rayna Vallandingham, Alexander Volkanovski, Kyle Mooney, Mel Jarnson.
Música: Leo Birenberg y Zach Robinson.
Montaje: James Thomas y Delaney Del Vecchio.
Distribuidora: Paramount
Año: 2026
Título Original: Street Fighter
Estreno En España: 16/10/26
Género: Acción, Aventuras
Duración: 119 Minutos
ARGUMENTO.
Ambientada en 1993, los luchadores Ryu y Ken Masters, distanciados desde hace tiempo, vuelven a encontrarse cuando la misteriosa Chun-Li los recluta para participar en el próximo Torneo Mundial de Guerreros. Lo que parece una competición de artes marciales se convierte en una batalla mucho más peligrosa cuando descubren una conspiración mortal que los obliga a enfrentarse entre sí y a los fantasmas de su pasado. Su supervivencia dependerá de que consigan superar sus diferencias antes de que sea demasiado tarde.
CRÍTICA
La nueva adaptación cinematográfica del popular videojuego de Capcom, dirigida por Kitao Sakurai, apuesta por recuperar el espíritu de los recreativos y trasladar a la gran pantalla los combates, los personajes y los movimientos imposibles que convirtieron la saga en todo un fenómeno. La historia, ambientada en 1993, reúne de nuevo a Ryu y Ken Masters, dos antiguos compañeros distanciados que son reclutados por la misteriosa Chun-Li para participar en el Torneo Mundial de Guerreros. Sin embargo, tras la competición se esconde una conspiración que les obligará a enfrentarse a sus propios fantasmas y, en ocasiones, incluso entre ellos mismos.
El problema es que, más allá de la nostalgia que pueda despertar en quienes pasaron horas delante de una máquina recreativa, la película ofrece muy pocos argumentos para convencer a quienes buscan algo más que una sucesión de peleas, guiños y personajes reconocibles. Estamos ante una producción que parece confiar demasiado en el cariño del espectador hacia el videojuego, como si bastara con poner en movimiento sus elementos más conocidos para conseguir una película digna de tal nombre.
Uno de los mayores problemas de la propuesta es su incapacidad para encontrar un tono adecuado. Nunca termina de quedar claro si debemos tomarnos en serio lo que estamos viendo o aceptar que todo es una broma de dimensiones considerables. El humor, los diálogos y algunas situaciones resultan tan exagerados que, en lugar de provocar la sonrisa buscada, terminan generando una incómoda sensación de vergüenza ajena. Lo que podría haber funcionado como una divertida gamberrada se convierte, por momentos, en un espectáculo difícil de defender.
Tampoco ayudan unas interpretaciones bastante flojas, con unos protagonistas que no siempre consiguen dotar de personalidad a sus personajes. Noah Centineo y Andrew Koji encabezan el reparto como Ken y Ryu, mientras que Callina Liang da vida a Chun-Li. La presencia de nombres tan conocidos como Jason Momoa y Curtis «50 Cent» Jackson aporta atractivo comercial, pero no basta para compensar las carencias de una película en la que el desfile de rostros y personajes parece importar más que el desarrollo de la historia.
Sin embargo, esta idea interesante no consigue salvar un conjunto que confunde fidelidad con acumulación de referencias. Los golpes especiales, los personajes estrafalarios y las situaciones imposibles pueden despertar cierta complicidad entre los seguidores más entregados de la saga, pero difícilmente bastarán para conquistar a quienes esperan una película de acción con un mínimo de coherencia narrativa.
En definitiva, Street Fighter es una película destinada casi exclusivamente a los incondicionales del videojuego, aquellos que estén dispuestos a perdonarle prácticamente todo por reencontrarse con sus luchadores favoritos. Para el resto, queda una adaptación irregular, con actuaciones poco convincentes, un humor que no siempre funciona y demasiados momentos que invitan más a mirar la pantalla con incredulidad que a disfrutar de lo que sucede. Una oportunidad desaprovechada que demuestra, una vez más, que trasladar un videojuego mítico al cine exige bastante más que reproducir sus señas de identidad.
NOTA 3,5/10
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