Guion: Gabriel Azorín, Celso Giménez
Reparto: Santiago Mateus, António Martim Gouveia, Pavle Čemerikić, Oussama Asfaraah
Fotografía: Giuseppe Truppi
Montaje: Ariadna Ribas
Música: Teresa Castro «Calcutá»
Vestuario: Patricia Moreira
Sonido: Sérgio Silva
Distribuidora: Begin Again.
Año: 2025
Título Original: Anoche conquisté Tebas
Estreno En España: 26/08/26
Género: Drama, Autor
Duración: 112 Minutos
ARGUMENTO
En una tarde de invierno muy fría, António y Jota regresan del frente junto a sus amigos en busca de unas antiguas termas romanas. Bromean entre ellos y vadean pantanos mientras rememoran su última batalla. Las termas han aparecido tras pasar mucho tiempo bajo el agua de un embalse y gente de todas las edades acude a pasar el día. Pero hay algo misterioso en estas termas, como si el agua influyera en el estado de ánimo de los chicos, dándoles el valor de decir cosas que nunca han contado a nadie. A medida que el día se convierte en noche, confiesan sus sentimientos y sus temores de perder para siempre a su mejor amigo.
CRÍTICA
Hay películas que exigen al espectador algo más que sentarse en la butaca y dejarse llevar. Anoche conquisté Tebas, primer largometraje de Gabriel Azorín, pertenece a esa categoría de cine de autor extraño, arriesgado y, por momentos, hipnótico. Una película de las que antes llamábamos «arte y ensayo» y que hoy parecen destinadas a un público dispuesto a aceptar que durante muchos minutos aparentemente no sucede absolutamente nada.
Azorín construye una propuesta pausada, contemplativa y deliberadamente minimalista. La cámara permanece prácticamente fija, observando a sus personajes y dejando que el tiempo avance con una lentitud que pondrá a prueba la paciencia de más de un espectador. No hay prisas, apenas acción y tampoco encontramos una narración convencional. Aquí importan más las miradas, los silencios, las conversaciones y aquello que permanece escondido detrás de las palabras.
La historia nos lleva hasta unas antiguas termas romanas de Bande, en Galicia, donde António y Jota, después de regresar del frente junto a sus amigos, buscan ese lugar perdido que ha vuelto a aparecer tras permanecer bajo las aguas de un embalse. Allí, entre el agua caliente, la noche y los restos de otro tiempo, comenzarán a aflorar sentimientos, miedos y confesiones que difícilmente encontrarían otro escenario. El pasado y el presente terminan mezclándose hasta convertir las termas en una especie de espacio suspendido en el tiempo.
El problema de Anoche conquisté Tebas es precisamente su radical apuesta por la lentitud. Hay momentos en los que esa calma resulta fascinante y consigue crear una atmósfera de una belleza extraordinaria, pero también hay otros en los que la película se vuelve excesivamente apática y parece quedarse sin argumentos para mantener nuestra atención. Su atractivo encanto existe, sin ninguna duda, pero aparece de cuando en cuando, y entre esos momentos de inspiración hay tramos en los que la película puede convertirse en una auténtica prueba de resistencia.
La fotografía de Giuseppe Truppi juega un papel fundamental. El agua, la oscuridad, los paisajes y la luz natural convierten las termas en un personaje más, mientras los rostros de los protagonistas adquieren una importancia especial. Azorín apuesta por una puesta en escena austera que busca transmitir sensaciones antes que contar acontecimientos. Y cuando esa apuesta funciona, funciona realmente bien.
También resulta interesante la convivencia de distintas épocas y lenguas. Los personajes hablan portugués, gallego y latín, reforzando esa sensación de que estamos ante un lugar en el que el tiempo ha dejado de tener demasiada importancia.
La película nació precisamente de una experiencia personal de Azorín en las termas romanas de Bande. El director contó que estuvo allí solo durante la noche, contemplando las estrellas, y se preguntó cuánta gente habría hecho exactamente lo mismo a lo largo de la historia. Esa experiencia terminó convirtiéndose en el punto de partida de la película.
Además, rodar las escenas nocturnas supuso una exigencia especial: Azorín quiso trabajar con la oscuridad y la iluminación natural del entorno, y los intérpretes tuvieron que enfrentarse a diálogos en latín además de portugués y gallego
Los jóvenes intérpretes se entregan a una propuesta que necesita de ellos naturalidad, contención y paciencia. No estamos ante interpretaciones basadas en grandes explosiones dramáticas, sino ante un trabajo construido a partir de pequeños gestos y conversaciones que poco a poco dejan al descubierto la vulnerabilidad de sus personajes.
Anoche conquisté Tebas no es una película para todos los públicos ni pretende serlo. Es cine de autor llevado hasta sus últimas consecuencias, una experiencia sensorial que puede fascinar a quienes disfruten de las propuestas más contemplativas y desesperar a quienes busquen una narración con mayor ritmo. Personalmente, creo que su mayor virtud es también su mayor defecto: Azorín tiene muy claro qué película quiere hacer y no se aparta de su camino ni un solo instante.
Una película interesante, diferente y valiente, con momentos realmente hermosos, pero demasiado irregular para que su hipnosis termine funcionando durante todo el metraje. Hay cine dentro de ella, y bastante, aunque para encontrarlo habrá que tener mucha paciencia.
NOTA 5/10