miércoles, 19 de agosto de 2026

LA ÚLTIMA CASA


Dirección: Louis Leterrier
Guion: Matthew Robinson
Reparto: Greta Lee, Wagner Moura, Sid Edwards, Lewis Goody, Audrey Anderson, Nancy Baldwin, Tawny Fontana, Jed Aukin, Oliver Henry Arnold, Gabriel Barbosa, Felicity Bown, Riley Chung, Emma Ho, Noah Alexander Sosnowski
Fotografía: Pål Ulvik Rokseth
Música: Yair Elazar Glotman
Montaje: Jeremy Crichton, Thomas Lambert
Decoración: Oliver Walpole
Casting: Alyssa Weisberg, Lucy Rands
Distribuidora: Netflix 
Año: 2026
Título Original: The Last House
Estreno En España: 07/08/26 en plataformas Netflix 
Género: Drama,  Thriller 
Duración 113 Minutos 

ARGUMENTO 
Una familia de cuatro miembros queda repentinamente encerrada en su propia casa, sin posibilidad de salir. Tendrán que colaborar para sobrevivir mientras sus recursos disminuyen y se enfrentan a una misteriosa y amenazante fuerza que los mantiene atrapados.

CRÍTICA 
Con un buen comienzo, La última casa va perdiendo fuelle a medida que avanza hasta convertirse en una propuesta demasiado reiterativa para lo que pretende contar. Louis Leterrier parte de una premisa tan sencilla como inquietante: una familia de cuatro miembros descubre que está completamente encerrada en su propia casa. Las puertas no pueden abrirse, las ventanas son irrompibles y algo desconocido parece acechar en el exterior. Mientras los recursos empiezan a escasear, la familia tendrá que encontrar la manera de sobrevivir sin saber exactamente contra qué se está enfrentando.

El planteamiento funciona. Y funciona especialmente bien durante sus primeros compases, cuando el desconcierto se convierte en tensión y cualquier ruido, cualquier movimiento al otro lado de una ventana o cualquier intento de abandonar la vivienda genera cierta sensación de angustia. Leterrier sabe crear una atmósfera claustrofóbica y consigue que esa casa, convertida al mismo tiempo en refugio y prisión, tenga una presencia prácticamente protagonista.

El problema aparece cuando la película se instala demasiado tiempo en la misma idea. La última casa repite situaciones, alarga conversaciones y estira una premisa que probablemente habría funcionado mucho mejor con un metraje más ajustado. Hay escenas inquietantes, algunas realmente conseguidas, pero no son suficientes para mantener la atención durante casi dos horas. El reloj acaba mirando demasiado a menudo, y eso en un thriller de estas características es una señal poco alentadora.

Tampoco termina de funcionar su mezcla de géneros. La película quiere ser thriller de supervivencia, terror, ciencia ficción, drama familiar e incluso introducir una lectura relacionada con nuestra relación con el medio ambiente. El problema no está en mezclar géneros, sino en que aquí no siempre parece existir un criterio claro para hacerlo. Cuando uno cree que está ante una película de supervivencia, aparece el terror; cuando espera respuestas desde la ciencia ficción, el relato vuelve al drama familiar. Todo ello provoca una cierta sensación de indefinición.

Y es una lástima porque el reparto está muy por encima del material que tiene entre manos. Greta Lee y Wagner Moura aportan solvencia y consiguen dotar de credibilidad a una familia sometida a una situación completamente extraordinaria. Moura, especialmente, transmite muy bien el desgaste de un padre obligado a proteger a los suyos mientras intenta comprender qué está sucediendo.

Uno de los aspectos más curiosos del rodaje fue la propia construcción de la casa. El diseñador de producción Kevin Jenkins levantó un decorado concebido para deteriorarse progresivamente junto a los personajes: los electrodomésticos, los objetos cotidianos e incluso los juguetes de los niños debían reflejar el paso de los años y el aislamiento de la familia. Wagner Moura llegó a describir el nivel de detalle del decorado como algo extraordinario. Además, Leterrier decidió rodar buena parte de la primera mitad en película de 35 mm y utilizar efectos prácticos siempre que fue posible, buscando una textura cercana al cine de aventuras y fantástico que marcó su infancia.

Es precisamente ese trabajo de ambientación uno de los elementos más interesantes de una película que, por desgracia, no consigue mantener la tensión que promete en sus primeros minutos. La dirección de Leterrier es eficaz cuando tiene que crear atmósfera, pero el guion no acompaña siempre con la misma precisión.

Solo en su tramo final encontramos una película más entretenida, más dinámica y decidida a mostrar aquello que durante buena parte del metraje había mantenido oculto. Es entonces cuando La última casa recupera parte de la fuerza perdida y ofrece algunos momentos capaces de despertar de nuevo el interés del espectador.

Una propuesta con un buen punto de partida, algunos momentos inquietantes y dos actores protagonistas que cumplen con creces, pero que termina pagando demasiado caro su excesiva duración y una reiteración que hace que la tensión se vaya diluyendo. Una película que podría haber sido mucho más efectiva con menos minutos y una mayor definición de sus intenciones. Una buena idea atrapada dentro de una película que, paradójicamente, acaba sintiéndose demasiado atrapada en sí misma.

NOTA 5,5/10

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