martes, 4 de agosto de 2026

EL ÚLTIMO MONO

Dirección: Joaquín Mazón
Guion: Joaquim Oristrell, Yolanda García Serrano
Reparto: Juan Dávila, Susana Abaitua, Óscar Lasarte, Conchi Espejo, Sergio Jiménez, Yani Collado, Xavi Francés, Paula García Sabio, Beth Cohen, Joanna Rubio.
Fotografía: Carlos Cebrián
Música: Marina Alcantud
Distribuidora: Disney 
Año; 2026
Título Original; El Último Mono
Estreno En España; 07/08/26
Género: Comedia,  Romance 
Duración: 89 Minutos 

ARGUMENTO 
Alejandro, un gurú de la seducción que triunfa en internet, asume el reto ante sus seguidores de conquistar en tres días a Mariela, una comediante feminista y su máxima rival en las redes.

CRÍTICA 
Para cualquier cómico, dar el salto de los escenarios al cine siempre supone un reto complicado. Juan Dávila llega a El último mono convertido en un auténtico fenómeno de masas, llenando teatros y acumulando seguidores gracias a un humor directo, provocador y basado en la improvisación. Sobre el papel, parecía lógico intentar trasladar ese éxito a la gran pantalla. El problema es que el cine exige algo más que carisma, y esta película demuestra que una popularidad arrolladora no siempre es suficiente para sostener noventa minutos de metraje.

La historia nos presenta a Alejandro, un gurú de la seducción que arrasa en internet y que decide aceptar un desafío público: conquistar en apenas tres días a Mariela, una cómica feminista que se ha convertido en su principal rival en las redes sociales. A partir de esa premisa, la película intenta construir una batalla de egos, enfrentamientos ideológicos y situaciones disparatadas que deberían desembocar en una comedia romántica con tintes satíricos. Sin embargo, casi nada termina funcionando como debería.

El principal problema de El último mono es que nunca parece tener claro qué quiere contar ni hacia dónde quiere dirigirse. Los gags se suceden sin demasiado sentido, muchas escenas parecen estiradas más de la cuenta y el conjunto transmite la sensación de estar construido a base de ocurrencias aisladas en lugar de una historia sólida. La comedia necesita ritmo, precisión y una construcción eficaz de los personajes, y aquí prácticamente ninguno de esos elementos termina de encajar.Juan Dávila despliega la misma energía que le ha convertido en una estrella del humor, pero el material con el que trabaja juega constantemente en su contra. Su presencia puede arrancar alguna sonrisa puntual a quienes ya disfrutan de su estilo, pero ni siquiera él consigue levantar unas situaciones que nacen agotadas y que rara vez encuentran la gracia. A su alrededor, el reparto hace lo que puede con unos personajes escasamente desarrollados y un guion que parece conformarse con la superficialidad.

Joaquín Mazón, responsable de títulos tan eficaces dentro de la comedia comercial como La familia Benetón o El casoplón, firma aquí uno de sus trabajos menos inspirados. Resulta especialmente llamativo porque en sus anteriores películas demostraba una notable capacidad para manejar el ritmo cómico y conectar con el público. En esta ocasión, da la impresión de que ni la dirección ni el libreto encuentran nunca el tono adecuado.

Si hay algo verdaderamente agradecido en El último mono es su escasa duración. También ayuda que Valencia luzca magnífica durante todo el metraje. La ciudad se convierte casi en un personaje más de la historia, ofreciendo algunas de las imágenes más atractivas de una película que encuentra en sus localizaciones uno de sus pocos puntos positivos.

El rodaje se desarrolló íntegramente en Valencia, algo que permitió a la producción utilizar numerosos rincones reconocibles de la ciudad. Además, la película supuso uno de los primeros grandes papeles protagonistas para Juan Dávila en el cine tras convertirse en uno de los humoristas más populares del panorama nacional gracias a sus espectáculos en directo.

El último mono acaba dejando una sensación de oportunidad desaprovechada. Ni funciona como comedia romántica, ni como sátira, ni como vehículo de lucimiento para su protagonista. Lo único que permanece al encenderse las luces de la sala es el deseo de que Joaquín Mazón recupere pronto la inspiración que mostró en algunas de sus mejores comedias. Porque talento ha demostrado tenerlo. Aquí, simplemente, parece haberse quedado muy lejos de encontrarlo.

NOTA; 0,5/10

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