Guion: Suzannah Herbert, Pablo Proenza
Reparto: Documental
Fotografía: Noah Collier
Montaje: Pablo Proenza
Música: James Newberry
Sonido: Matt Davies, Brian Fish, Sean O'Neil
Distribuidora: Filmin
Año: 2026
Título Original: Natchez
Estreno En España: 26/06/26
Género: Documental, Drama
Duración: 88 Minutos
ARGUMENTO
Natchez retrata el inquietante choque entre la historia y la memoria en la pequeña ciudad de Natchez, Mississippi. A través de un mosaico de personajes, el documental explora cómo un destino turístico construido alrededor del legado de las mansiones anteriores a la Guerra Civil estadounidense convive con las profundas heridas de la esclavitud y el racismo. Entre el humor y la incomodidad, la película muestra una comunidad enfrentada a su pasado y plantea una pregunta inevitable: ¿es realmente pasado aquello que sigue marcando el presente?
CRÍTICA
Narchet es el aclamado documental de Suzannah Herbert que se ha convertido en una de las grandes revelaciones del cine de no ficción estadounidense reciente. Ganadora del premio al mejor documental en el Festival de Tribeca, donde también recibió menciones especiales del jurado al montaje y la fotografía, ha sido además reconocida por la National Board of Review como uno de los cinco mejores documentales del año.
Antes de la Guerra Civil, Natchez fue uno de los principales mercados de esclavos de Estados Unidos. Hoy, sus mansiones históricas, jardines y recreaciones de época atraen cada año a miles de visitantes fascinados por la imagen romántica del viejo Sur. Es precisamente esa contradicción la que impulsó a Suzannah Herbert a realizar la película.
El racismo es una herida que Estados Unidos arrastra desde hace siglos y que, pese al paso del tiempo, continúa aflorando bajo nuevas formas. Natchez utiliza una pequeña localidad de Misisipi como reflejo de una realidad mucho más amplia, construyendo un documental tan incómodo como fascinante. Lo hace sin recurrir al sensacionalismo, dejando que sean las propias voces de sus habitantes las que dibujen un retrato lleno de contradicciones sobre la memoria histórica, la identidad y la convivencia.
Suzannah Herbert demuestra un gran pulso narrativo al introducir al espectador en una ciudad que vive del turismo ligado a sus elegantes mansiones anteriores a la Guerra Civil, mientras el legado de la esclavitud sigue presente en cada conversación. La directora observa con paciencia, dejando que las situaciones hablen por sí mismas y consiguiendo que momentos aparentemente cotidianos revelen un conflicto social mucho más profundo de lo que parece a simple vista. El resultado es un documental que alterna el humor involuntario con la reflexión, haciendo que la sonrisa dé paso, casi sin aviso, a una amarga sensación de incomodidad.
Sin recurrir a narradores ni discursos explicativos, la cineasta observa cómo distintas personas intentan imponer su versión de los hechos. El resultado es un retrato tan fascinante como inquietante sobre quién decide qué se recuerda, qué se olvida y cómo el presente sigue construyéndose a partir de los relatos heredados.
Herbert apuesta por una puesta en escena que permite que los propios protagonistas revelen las tensiones y contradicciones de la comunidad. “Quería que las personas hablaran por sí mismas para que el público pudiera sacar sus propias conclusiones”, explica la directora. “No quería hacer una película que dictara una respuesta, sino una que planteara preguntas”.
Esa voluntad de cuestionar los relatos heredados también atraviesa las decisiones formales de la obra. Herbert y su equipo rodaron todas las escenas con cámara fija y lentes vintage inspirándose tanto en el cine clásico sureño como en películas como “Nashville” o “La noche de los muertos vivientes”. Entre sus referencias aparecía inevitablemente “Lo que el viento se llevó”, aunque con una intención muy distinta: “Queríamos hacer un antídoto a ‘Lo que el viento se llevó’”, explica la cineasta. El resultado es una película tan absorbente como incómoda que desmonta los mitos románticos del viejo Sur para enfrentarse a aquello que durante décadas permaneció fuera de campo.
Uno de los grandes aciertos de la película es que evita señalar forma simplista el racismo Prefiere mostrar cómo una comunidad intenta convivir con un pasado que algunos desean recordar y otros prefieren maquillar. Esa honestidad convierte a Natchez en una obra especialmente valiosa, porque invita al espectador a sacar sus propias conclusiones mientras evidencia que el racismo continúa latente en muchos rincones de Estados Unidos.
Natchez es un documental curioso, entretenido y, sobre todo, necesario. Bajo la apariencia de una sencilla radiografía de un pueblo del sur de Estados Unidos, acaba convirtiéndose en una reflexión universal sobre la memoria, la convivencia y las heridas que una sociedad nunca termina de cerrar. Una obra que invita a pensar mucho después de que aparezcan los títulos de crédito.
NOTA 6,5/10
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.