lunes, 22 de junio de 2026

LETRAS ROBADAS

Dirección: John Carney
Guion: John Carney, Peter McDonald
Reparto: Paul Rudd, Nick Jonas, Jack Reynor, Havana Rose Liu, Sophie Vavasseur, Peter McDonald, Marcella Plunkett, Beth Fallon, Keith McErlean, Paul Reid, Rory Keenan
Producción: Anthony Bregman, John Carney, Peter Cron
Fotografía: Yaron Orbach
Música: John Carney, Gary Clark
Montaje: Stephen O'Connell
Productoras: 30West, Screen Ireland, Likely Story, Treasure Entertainment
Distribuidora: Diamond Films 
Año: 2026
Título Original: Power Ballad
Estreno En España: 26/06/26
Género: Comedia,  Músical 
Duración: 98 Minutos 

ARGUMENTO 
Rick Power es un cantante de bodas venido a menos que ve cómo sus sueños musicales parecen haberse quedado atrás. Todo cambia cuando conoce a Danny, una antigua estrella de una boy band que busca triunfar en solitario. Tras una improvisada sesión musical, una canción compuesta por Rick termina convirtiéndose en un enorme éxito en manos de Danny. Decidido a recuperar el reconocimiento que merece, Rick emprenderá una lucha que pondrá en juego su carrera, sus relaciones y todo aquello que considera importante

CRÍTICA 
John Carney vuelve a demostrar que pocos cineastas entienden la música como él. Tras conquistar a los espectadores con Once, Begin Again, Sing Street o Flora and Son, el director irlandés regresa a un terreno que domina a la perfección con Letras robadas, una película que habla de canciones, sueños, éxito y de cómo una simple melodía puede cambiar la vida de una persona.

La historia sigue a Rick Power, un cantante de bodas cuya carrera parece haberse quedado estancada. Cuando una canción nacida casi por casualidad termina convertida en un gran éxito en la voz de una antigua estrella de una boy band, comenzará una batalla por el reconocimiento y la autoría que llevará al protagonista a replantearse muchas cosas. Carney utiliza esta premisa para reflexionar sobre la creación artística, los derechos de autor y, sobre todo, sobre la necesidad humana de sentirse escuchado.

Lo mejor de Letras robadas es su capacidad para emocionar sin caer en la manipulación. Desde sus primeros minutos consigue atrapar al espectador gracias a unos personajes cercanos y a unas canciones que funcionan como una extensión de sus sentimientos. La música no acompaña la historia: la historia es la música. Cada tema aporta algo a la narración y ayuda a comprender mejor las motivaciones de unos personajes que resultan sorprendentemente humanos.

Es cierto que el filme parece perder algo de fuerza en su tramo central. Hay momentos en los que la narración se detiene más de lo necesario y el ritmo se resiente ligeramente. Sin embargo, Carney acaba encontrando de nuevo el tono adecuado y remonta con un último acto lleno de emoción y sensibilidad. El desenlace resulta especialmente satisfactorio, aunque la última escena deja cierta sensación de que podría haberse cerrado de una manera más elegante.

Las interpretaciones contribuyen enormemente al resultado final. Paul Rudd aporta humanidad y vulnerabilidad a un personaje que lucha por recuperar una oportunidad perdida, mientras que Nick Jonas demuestra una vez más que posee una presencia cinematográfica muy superior a la que muchos podrían imaginar. La química entre ambos sostiene buena parte de la película y convierte sus enfrentamientos y reconciliaciones en momentos especialmente memorables.

Visualmente, la ciudad de Dublín se convierte en un personaje más de la historia. Sus calles, locales y escenarios musicales aportan autenticidad a una película que respira pasión por la música en cada plano. Además, el rodaje dejó una curiosa anécdota: varias de las actuaciones musicales se filmaron con público real, sin que muchos asistentes supieran exactamente qué escenas estaban presenciando, buscando así reacciones espontáneas que acabaron incorporándose al montaje definitivo.

Letras robadas es una de esas películas que recuerdan por qué la música ocupa un lugar tan importante en nuestras vidas. Una historia pegadiza como sus canciones, llena de ritmo, emoción y pequeños momentos que permanecen en la memoria mucho después de abandonar la sala. Una pequeña joya que consigue sacar sonrisas, despertar recuerdos y, en más de una ocasión, arrancar alguna lágrima. John Carney vuelve a acertar y confirma que sigue siendo uno de los grandes narradores cinematográficos cuando las emociones viajan al compás de una buena canción.

NOTA 7,5/10

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