martes, 5 de mayo de 2026

HANGAR ROJO

Dirección: Juan Pablo Sallato
Guion: Luis Emilio Guzmán
Basada en: la crónica Disparen a la bandada, de Fernando Villagrán
Reparto: Bjørn Sundquist, Jon Øigarden, Øystein Røger, Axel Bøyum, Fridtjov Såheim, Odin Waage, Andrea Berntzen, Eldar Skar, Elias Holmen Sørensen, Håvard Bakke, Terje Strømdahl, Jonas Hoff Oftebro, Robert Skjærstad.
Fotografía: Diego Pequeño
Música: Alberto Michelli y Matteo Marrella
Montaje: Valeria Hernández y Sebastián Brahm
Producción: Juan Ignacio Sabatini y Juan Pablo Sallato
Productora: Villano
Coproducción: Brava Cine, Rain Dogs, Caravan y Berta Film
Distribuidora: Festival Films 
Año: 2026
Título Original: Hangar Rojo
Estreno En España: 08/05/26
Género: Drama,  Thriller 
Duración: 82 Minutos 

ARGUMENTO 
Santiago de Chile, 11 de septiembre de 1973. Mientras el golpe militar se despliega por el país, el capitán Jorge Silva, ex jefe de Inteligencia de la Fuerza Aérea, recibe una orden que cambiará su vida para siempre: transformar la Escuela de Aviación, donde hoy enseña a jóvenes cadetes, en un centro de detención y tortura.

CRÍTICA 
Hangar Rojo, ópera prima de ficción de Juan Pablo Sallato, no es una película para ver, es una película para soportar. Un ejercicio de tensión moral que se agarra al espectador desde el primer minuto y no lo suelta, obligándole a convivir con una decisión que lo cambia todo. En el Chile del golpe militar de 1973, un capitán de la Fuerza Aérea recibe la orden de convertir un espacio de formación en un lugar de tortura. Y ahí, en ese punto de no retorno, comienza una de esas historias donde la conciencia pesa más que cualquier uniforme.

Sallato no busca el artificio ni la épica. Su propuesta es mucho más incómoda: encerrar al espectador en una habitación sin aire. El tono opresivo es constante, casi físico, y se construye a base de silencios, miradas y una planificación milimétrica que no deja escapatoria. Pero donde realmente la película alcanza su mayor potencia es en el uso del primer plano. Esos encuadres cerrados, insistentes, tienen un poder narrativo brutal: no solo muestran, sino que obligan a sentir. Son primeros planos que asfixian, que incomodan, que invaden el espacio del espectador hasta convertirlo en cómplice involuntario de lo que está ocurriendo.

No es un recurso estético gratuito. Es una decisión de puesta en escena que define la película. Cada gesto, cada duda, cada grieta en el rostro del protagonista se convierte en relato. Y ahí es donde Hangar Rojo encuentra su verdadera identidad: en esa capacidad de narrar desde lo mínimo, desde lo aparentemente invisible, desde lo que no se dice.

Nicolás Zárate carga con el peso de la historia con una interpretación contenida, precisa, sin concesiones. A su alrededor, Boris Quercia, Marcial Tagle, Catalina Stuardo y Aron Hernández completan un reparto que funciona como engranaje de un sistema opresivo donde nadie parece tener escapatoria.

No estamos ante una película amable ni complaciente. Su ritmo pausado y su narrativa austera pueden jugar en su contra para cierto tipo de público, pero también son su mayor virtud. Sallato no busca gustar, busca remover. Y lo consigue. Porque Hangar Rojo no habla solo del pasado, habla del presente, de las decisiones que nos definen y de ese momento en el que uno tiene que elegir entre obedecer o resistir.

Su paso por la Festival de Málaga, donde fue premiada y respaldada por el público, confirma que estamos ante una propuesta que, sin hacer ruido, deja poso. Un cine que no necesita grandes discursos para golpear, porque su fuerza está en la mirada… y en lo que esa mirada es capaz de soportar.

En definitiva, Hangar Rojo es una película que aprieta, que incomoda y que deja marca. Un ejercicio de cine político desde la contención, donde el verdadero campo de batalla no está fuera, sino dentro del propio ser humano. Y ahí, Sallato no da tregua

NOTA 7/10


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