lunes, 27 de abril de 2026

LOS JUSTOS


Dirección: Jorge A. Lara, Fer Pérez
Guion: Jorge A. Lara, Fer Pérez
Reparto: Carmen Machi, Vito Sanz, Pilar Castro, Marcelo Subiotto, Ane Gabaraín, Bruna Cusí, Hugo Welzel, Marina Guerola, Aimar Vega, Felipe Pirazán
Música: Beatriz López-Nogales
Fotografía: Alfonso Postigo
Montaje: Ana Álvarez Ossorio
Producción: Jorge Moreno Vergara, Yadira Ávalos, Luis Collar
Productoras: Nephilim Producciones, Naif Films, RTVE
Distribuidora: Wanda Visión
Año: 2026
Título Original: Los Justos 
Estreno En España: 30/04/26
Género: Drama,  Thriller. 
Duración; 90 Minutos 

ARGUMENTO 
Nueve miembros de un jurado popular deliberan aislados un polémico caso de corrupción. Las pruebas son irrefutables, la opinión pública ya ha emitido su veredicto, nadie parece tener dudas… Hasta que reciben una oferta en secreto: cada integrante ganará un millón de euros si cambia su voto de culpable a inocente. Pero si quieren entrar en el juego, deberán alcanzar la unanimidad; algo que sacará a la luz las verdaderas causas pendientes de cada uno de los miembros del jurado.

CRÍTICA 
Hay películas que no buscan gustar, sino incomodar. Y Los justos juega precisamente a eso: a remover conciencias, a enfrentar al espectador con sus propias contradicciones y, sobre todo, a dejarle sin una respuesta cómoda cuando se encienden las luces de la sala.

Porque lo que plantean Jorge A. Lara y Fer Pérez no es otra cosa que un dilema moral de esos que duelen. Nueve miembros de un jurado popular, encerrados para deliberar sobre un caso aparentemente claro de corrupción, reciben una propuesta indecente: un millón de euros a cambio de cambiar su voto. La condición es sencilla en apariencia, pero diabólica en su fondo: deben alcanzar la unanimidad. Y ahí es donde la película encuentra su campo de batalla.

Desde el primer minuto, el espectador entra en la sala como un miembro más de ese jurado. No hay escapatoria. La cámara —casi teatral, casi asfixiante— se pega a los rostros, a los silencios, a las miradas cargadas de duda. Y funciona. Vaya si funciona. Porque uno no solo observa: juzga, duda, se contradice… y, en más de un momento, se descubre a sí mismo tentado por esa oferta.

El gran acierto del filme reside en su capacidad para convertir un espacio cerrado en un campo de minas emocional. Aquí no hay acción en el sentido convencional, pero cada palabra es dinamita. Cada intervención abre una grieta en la moral de los personajes. Y en la del espectador.

Las interpretaciones están a la altura del reto. Carmen Machi vuelve a demostrar que es capaz de sostener cualquier escena con una mezcla de naturalidad y tensión contenida que resulta hipnótica. A su lado, Vito Sanz y Pilar Castro aportan matices, dudas, contradicciones… en un reparto coral donde nadie desentona. Es de esas películas donde la interpretación no busca el lucimiento individual, sino la construcción de un engranaje perfectamente engrasado.

Y luego está ese aroma teatral que impregna toda la propuesta. Lejos de ser un lastre, se convierte en su mayor virtud. Los justos no oculta su origen de cámara cerrada, de texto, de palabra. Lo abraza. Y en ese abrazo encuentra su identidad. Aquí el ritmo no lo marcan los acontecimientos, sino las ideas. Y eso, en tiempos de sobreestimulación, se agradece.

Los directores optaron por ensayar durante semanas con el reparto como si se tratase de una obra teatral, rodando posteriormente muchas escenas en largas tomas casi sin cortes para mantener la tensión real entre los actores. Ese método, poco habitual en el cine comercial, se nota en pantalla: las reacciones son orgánicas, los silencios pesan, y la sensación de estar asistiendo a algo vivo es constante.

Puede que no sea una película para todos. Su ritmo, su apuesta por el diálogo y su carácter moral pueden alejar a quienes buscan entretenimiento más directo. Pero para aquellos dispuestos a entrar en su juego, Los justos se convierte en una experiencia incómoda, provocadora y, sobre todo, necesaria.

Porque al final, la gran pregunta no es qué harán ellos… sino qué haríamos nosotros. Y ahí es donde la película golpea de verdad. Y donde, probablemente, seguirá resonando mucho después de haber salido del cine.

NOTA 6/10

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