jueves, 30 de abril de 2026

DAVID: UNA AVENTURA GIGANTE


Dirección: Phil Cunningham, Brent Dawes
Guion: Brent Dawes, Kyle Portbury, Sam Wilson
Reparto: Animación ( Voces) Phil Wickham, Brandon Engman, Lauren Daigle, Miri Mesika, Asim Chaudhry, Adam Gold, Mark Jacobson.
Música: Joseph Trapanese
Canciones: Jonas Myrin
Fotografía: Animación, Dave Walvoord
Producción: Jacqui Cunningham, Phil Cunningham, Tim Keller, Rita Mbanga, Steve Pegram
Distribuidora: Selecta Vision 
Año: 2025
Título Original: David 
Estreno En España: 30/04/26
Género: Animación,  Religión 
Duración: 109 Minutos

ARGUMENTO 
David, un joven pastor, se embarca en una aventura épica cuando una amenaza gigantesca pone en peligro a su pueblo. Descubrirá, así, que el valor y el corazón pueden convertir a un pequeño héroe en leyenda

CRÍTICA 
Hay algo casi milagroso —y nunca mejor dicho— en que una productora como Angel Studios, tradicionalmente asociada a un cine de mensaje más que de forma, consiga dar con una tecla que funcione también en lo puramente cinematográfico. Ya ocurrió con Rey de Reyes y vuelve a suceder, con matices, en David: Una aventura gigante, una propuesta que, sin renunciar a su vocación pedagógica y espiritual, encuentra en la animación un vehículo sorprendentemente eficaz para conectar con el público más joven.

La historia, conocida por todos, se nos presenta desde una perspectiva de aventura accesible: un joven pastor que “se embarca en una aventura épica cuando una amenaza gigantesca pone en peligro a su pueblo”, descubriendo que el valor puede convertir a un niño en leyenda. Y es precisamente ahí donde la película encuentra su mayor acierto: en la capacidad de traducir un relato bíblico mil veces contado en un espectáculo dinámico, colorido y con cierto pulso narrativo.

Ahora bien, no todo es fe ciega. Porque si algo lastra el conjunto es su evidente exceso de metraje. La película quiere contarlo todo. Y cuando uno dice todo, es todo: desde los conflictos internos de David hasta los entresijos políticos y emocionales de su entorno. Una profundidad que, si bien puede ser agradecida por el espectador adulto más interesado en el relato original, termina jugando en contra de un público infantil que agradecería mayor síntesis y ritmo. Aquí la narración se dilata, se recrea, y en más de un tramo parece olvidar que su principal objetivo es entretener.

En lo visual, eso sí, el resultado es más que digno. La animación cumple, sin grandes alardes técnicos, pero con una solidez suficiente para sostener la historia. Hay momentos de cierta épica —especialmente en los pasajes más conocidos del relato— donde la película se eleva y demuestra que, con menos ambición narrativa y más precisión, estaríamos hablando de un título notable.

Curiosamente, uno de los aspectos más llamativos del proyecto es su concepción musical. Varias de las canciones han sido compuestas por Jonas Myrin, colaborador habitual de artistas de música cristiana contemporánea, lo que refuerza ese carácter híbrido entre cine de animación y relato espiritual cantado. De hecho, durante el proceso de producción, el equipo creativo insistió en que las canciones no fueran meros interludios, sino una extensión emocional del personaje, algo que explica por qué algunas secuencias se sienten más cercanas al musical que al cine de aventuras puro.

En definitiva, David: Una aventura gigante es un producto más que digno dentro de su nicho. Entretenido, bienintencionado y con momentos de auténtica conexión con el espectador, pero también excesivo en duración y ambición narrativa. Una película pensada para los más jóvenes que, paradójicamente, puede exigirles más paciencia de la esperada. Y ahí, en esa contradicción, es donde reside tanto su mayor virtud como su principal pecado.

NOTA: 5,5/10

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