Dirección: Paolo Strippoli
Guion: Paolo Strippoli, Jacopo Del Giudice, Milo Tissone
Reparto Michele Riondino, Giulio Feltri, Romana Maggiora Vergano, Paolo Pierobon, Roberto Citran, Sergio Romano, Anna Bellato, Sandra Toffolatti, Gabriele Benedetti, Diego Nardini
Fotografía: Cristiano Di Nicola
Montaje: Federico Palmerini
Vestuario: Susanna Mastroianni
Música: Federico Bisozzi, Davide Tomat
Distribuidora: Alfa Pictures
Año' 2025
Género: Terror, Thriller
Duración; 122 Minutos
ARGUMENTO:
Remis es un pequeño pueblo enclavado en un valle aislado en las montañas. Sus habitantes son excepcionalmente felices. Parece el destino perfecto para el nuevo profesor de educación física Sergio Rossetti, atormentado por un pasado misterioso. Al poco tiempo de llegar, el profesor descubre que tras esta aparente serenidad se esconde un ritual inquietante: una noche a la semana, los aldeanos se reúnen para abrazar a Matteo Corbin, un adolescente capaz de absorber el dolor ajeno. El intento de Sergio por salvar al joven despertará el lado oscuro de la comunidad.
CRÍTICA
Hay películas que, desde su planteamiento, ya dejan entrever que no buscan el susto fácil ni el golpe de efecto inmediato, sino algo más incómodo, más soterrado. La sonrisa del mal pertenece a esa estirpe de cine que se cuece a fuego lento, donde el terror no se impone, sino que se infiltra poco a poco hasta hacerse dueño del espectador.
La historia nos sitúa en Remis, un pequeño pueblo aislado entre montañas donde, aparentemente, todo el mundo es feliz. La llegada de un profesor marcado por su pasado abre la puerta a descubrir lo que realmente se esconde tras esa felicidad impostada: un inquietante ritual en el que un adolescente absorbe el dolor de toda la comunidad. A partir de ahí, la película se adentra en un terreno tan fascinante como perturbador.
Estamos ante un más que notable filme de terror psicológico donde la religión, las creencias y el concepto de comunidad adquieren un peso fundamental. Paolo Strippoli construye un relato que bebe claramente del folk horror, ese subgénero que tan bien funciona cuando se trata de explorar el miedo a lo colectivo, a lo ancestral, a lo que no se cuestiona porque siempre ha estado ahí. Y en ese sentido, la película acierta de lleno.
La ambientación es, sencillamente, perfecta. El valle, los silencios, las miradas cómplices entre los habitantes… todo contribuye a generar una sensación constante de desasosiego. No hay necesidad de subrayados: el entorno habla por sí solo. Es en esos detalles donde la película encuentra su mayor virtud.
También resulta especialmente interesante cómo el guion juega con la idea del sacrificio y la redención, envolviendo la historia en una atmósfera casi mística que refuerza su discurso. La comunidad no se percibe únicamente como una amenaza, sino como un organismo complejo, con sus propias reglas y una lógica interna que, por perturbadora que sea, tiene sentido dentro de su universo.
En el apartado interpretativo, el reparto sostiene con solidez el tono del film, apostando por la contención y evitando cualquier exceso que pudiera romper la credibilidad del relato. Todo fluye con una naturalidad inquietante.
El director Paolo Strippoli trabajó con los actores ensayando durante días en localizaciones reales de montaña para que interiorizaran la dinámica de comunidad cerrada, algo que se percibe en la autenticidad de muchas escenas colectivas. Además, el joven actor que interpreta al adolescente pasó por un proceso de preparación física y emocional bastante exigente para transmitir esa dualidad entre fragilidad y carga sobrenatural.
La sonrisa del mal es, en definitiva, una propuesta sólida dentro del terror europeo contemporáneo. Un filme que apuesta por la atmósfera, por la incomodidad y por ese terror que no se olvida fácilmente porque, en el fondo, habla de algo muy humano: la necesidad de pertenecer, incluso cuando el precio a pagar resulta insoportable.
NOTA 7/10
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