jueves, 19 de marzo de 2026

LA CHICA QUE LLORABA PERLAS

Dirección: Chris Lavis, Maciek Szczerbowski
Guion: Chris Lavis, Maciek Szczerbowski, Isabelle Mandalian
Reparto: Animación (Voces)  Colm Feore, Gabrielle Dallaire, Charlotte Loseth
Producción: Julie Roy, Marc Bertrand, Christine Noël
Producción ejecutiva: Christine Noël
Música: Patrick Watson
Sonido: Olivier Calvert
Montaje: Yannick Carrier
Fotografía: Animación 
Animación: Laura Stewart, Laura Venditti, Peggy Arel
Vestuario: Yso
Distribuidora: Movistar Plus 
Año: 2025
Título Original: La jeune fille qui pleurait des perles
Estreno En España: Plataformas en Movistar Plus 
Género: Animación,  Drama 
Duración: 17 Minutos 

ARGUMENTO 
En el Montreal de comienzos del siglo XX, un niño pobre se enamora de una niña cuyo dolor se transforma en perlas. Él las vende a un despiadado prestamista que siempre quiere más. Tentado por la codicia, el niño debe elegir entre el amor y la fortuna, una decisión que podría condenar su alma

CRÍTICA 
Hay cortometrajes que, en apenas unos minutos, consiguen lo que muchas películas no logran en dos horas: emocionar, sugerir y dejar poso. La chica que lloraba perlas, flamante ganadora del Oscar 2026 al mejor cortometraje de animación, pertenece sin duda a esa categoría.

Ambientada en un Montreal de principios del siglo XX envuelto en una atmósfera casi de cuento oscuro, la historia nos presenta a un niño pobre que se enamora de una niña cuyo dolor se transforma en perlas. A partir de ahí, el relato se convierte en una fábula sobre la codicia, la inocencia y las decisiones que marcan el destino. Él vende esas perlas a un prestamista sin escrúpulos, pero cuanto más obtiene, mayor es el precio moral que debe pagar.

Chris Lavis y Maciek Szczerbowski construyen un universo visual fascinante gracias a una animación stop-motion de una delicadeza extraordinaria. Cada plano parece una pequeña obra de artesanía, con texturas, luces y sombras que remiten al cine expresionista y al imaginario de los cuentos clásicos más sombríos. Hay una belleza melancólica en cada imagen, una tristeza contenida que atraviesa toda la narración.

Pero si algo eleva el cortometraje es su capacidad para emocionar sin caer en lo obvio. La historia funciona como una parábola atemporal sobre el deseo y la pérdida, sobre cómo la ambición puede corromper incluso los sentimientos más puros. Y lo hace sin subrayados innecesarios, dejando que sea el espectador quien complete el significado.
Mención especial merece la música de Patrick Watson, que acompaña con sensibilidad cada momento, reforzando ese tono entre lo onírico y lo trágico que envuelve la historia.

Como curiosidad, el cortometraje llevó varios años de desarrollo debido a la complejidad de su animación artesanal, con marionetas y decorados construidos minuciosamente a mano. Además, sus directores ya habían llamado la atención con Madame Tutli-Putli, otro trabajo igualmente singular, lo que confirma su gusto por el stop-motion más expresivo y atmosférico.

En definitiva, estamos ante una pequeña joya. Una preciosidad de cortometraje, sí, pero también una obra profundamente emocional que demuestra que la animación puede ser un vehículo perfecto para contar historias adultas, oscuras y, al mismo tiempo, profundamente humanas

NOTA 8/10
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