sábado, 17 de enero de 2026

UNA CABEZA EN LA PARED

Dirección: Manuel Manrique
Guion: Manuel Manrique & Itziar Sanjuán Sáenz de Urturi
Reparto: Nacho Sánchez, Àngela Cervantes, Sara Ese, Lucas Torres, Julio Arnau
Música: Alberto Torres
Fotografía:Alejandro Buera.
Montaje:Pablo Barce
Sonido: Lucas Ariel Vallejos.
Arte: Helena Gallego
Distribuidora Movistar Plus. 
Año: 2024
Título Original: : Una cabeza en la pared
Estreno En España: Plataformas en Movistar Plus 
Género: Drama 
Duración: 20 Minutos 

ARGUMENTO 
Han pasado tres años desde la abolición de los toros en España y Rafael Jesús ya no podrá ser la figura del toreo a la que estaba destinado. Vaga por las calles intentando encajar en este nuevo mundo que no guarda ningún espacio para él. Pero cada paso que da lo lleva más lejos de la arena y más cerca de la sangre.

CRÍTICA 
Hay cortometrajes que nacen con vocación de manifiesto y otros que, sin proponérselo, acaban revelando las costuras de una historia que pide más tiempo, más aire, más metraje. Una cabeza en la pared, preseleccionada para los Premios Goya, pertenece a este segundo grupo: una obra con una premisa potente, incómoda y provocadora, que deja la sensación —tan estimulante como frustrante— de que lo que cuenta apenas ha empezado cuando ya se ve obligada a terminar.

Manuel Manrique plantea un punto de partida de gran carga simbólica: en una España que ha abolido los toros, un antiguo aspirante a figura del toreo deambula sin rumbo, incapaz de encajar en un mundo que ha decidido prescindir de él. El cortometraje se mueve así en un terreno fértil, donde la identidad, la tradición y la violencia laten bajo la superficie de un relato seco, contenido, casi áspero. La sinopsis oficial ya apunta ese desplazamiento físico y moral del protagonista: cada paso que da lo aleja de la arena y lo acerca peligrosamente a la sangre.

El problema —si es que puede llamarse así— es que Una cabeza en la pared se queda escasa. No por falta de ideas, sino por la imposibilidad del formato de desarrollarlas con la profundidad que reclaman. Hay conflictos apenas esbozados, relaciones que parecen pedir una segunda capa, silencios que prometen más de lo que finalmente entregan. Uno no puede evitar pensar que, como largometraje, esta historia podría respirar mejor y desplegar con mayor ambición su discurso sobre la herencia cultural y la masculinidad herida.

Eso no significa que el corto no funcione. Al contrario: su puesta en escena es sobria y eficaz, la fotografía acompaña con un tono grisáceo y desangelado ese vacío vital que atraviesa al personaje, y las interpretaciones sostienen el relato con una contención muy medida. Manrique demuestra pulso y mirada, incluso cuando el guion parece detenerse justo en el umbral de algo más grande..

El equipo ha comentado en distintos encuentros que la construcción del universo del corto se apoyó más en lo sugerido que en lo explícito, eliminando escenas que explicaban demasiado para reforzar la sensación de desarraigo. Esa decisión consciente de recortar y depurar, paradójicamente, es la misma que deja al espectador con hambre de más

.Una cabeza en la pared es, en definitiva, un cortometraje valiente, incómodo y honesto, que no busca complacer ni ofrecer respuestas cerradas. Su preselección para los Goya no es casual: hay talento, hay discurso y hay una voz autoral reconocible. Solo queda la sensación de que estamos ante el primer acto de una historia que, quizá algún día, encuentre en el largometraje el espacio que merece para desplegar todo su potencial.

NOTA 6/10

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