Guion: Nicolas Winding Refn, Esti Giordani.
Reparto: Sophie Thatcher, Charles Melton, Havana Rose Liu, Kristine Froseth, Dougray Scott, Diego Calva, Shioli Kutsuna, Aoi Yamada, Hidetoshi Nishijima, Lola Corfixen, Parker Sawyers, Qyoko Kudo, Koji Nakamura, Haruki Takano, Daisuke Nagakura, Yuji Yokoyama, Takayuki Suzuki
Producción: Nicolas Winding Refn, Lene Børglum
Fotografía: Magnus Nordenhof Jønck
Montaje: Matthew Newman
Música: Pino Donaggio
Distribuidora: Mubi
Año: 2026
Título Original: Her Private Hell
Estreno En España: 09/10/26
Género: Drama, Thriller
Duración: 110 Minutos.
ARGUMENTO
Mientras una extraña niebla envuelve una metrópolis futurista y desata una presencia mortal y esquiva, una angustiada joven sale en busca de su padre. En esta búsqueda, su destino se cruza con el de un soldado estadounidense que emprende un desesperado viaje para traer a su hija de vuelta del infierno
CRÍTICA
Nicolas Winding Refn vuelve al largometraje después de varios años y lo hace fiel a sí mismo, quizá demasiado. Su propio infierno es una película extraña, desconcertante y, por momentos, difícil de entender, en la que el director danés parece mirarse continuamente al ombligo para construir una historia que da la sensación de estar pensada mucho más para él que para el espectador.
La película nos sitúa en un universo de pesadilla, donde una misteriosa niebla envuelve una Tokio futurista. Elle, una joven atrapada en un gigantesco hotel, convive con personajes tan inquietantes como enigmáticos mientras una amenaza conocida como Leather Man se mueve por ese extraño mundo. Paralelamente, un soldado estadounidense emprende la búsqueda de su hija desaparecida. Dos historias que deberían terminar encontrando un punto de conexión, pero que Refn desarrolla de una manera tan caprichosa que terminan pareciendo dos películas que han decidido compartir espacio.
El principal problema de Su propio infierno es precisamente ese. Hay ideas, muchas ideas, pero falta una historia que consiga sostenerlas. El director mezcla terror, ciencia ficción, cuento de hadas, cine negro, erotismo, violencia, estética cyberpunk y hasta elementos cercanos al giallo, pero la acumulación de referencias no consigue construir un relato sólido. Todo parece diseñado para crear imágenes impactantes, personajes misteriosos y situaciones desconcertantes, aunque pocas veces existe una verdadera necesidad de que suceda lo que estamos viendo.
Refn vuelve a recurrir a sus habituales luces de neón, cuerpos femeninos convertidos en objetos de fascinación visual, violencia estilizada, silencios interminables y una puesta en escena que parece sacada de un sueño febril. El problema es que aquello que en Drive o The Neon Demon podía resultar hipnótico aquí termina convirtiéndose en reiterativo. El director parece más interesado en crear su particular universo estético que en conseguir que nos importe lo que sucede dentro de él.
Sophie Thatcher intenta sacar adelante a Elle, un personaje deliberadamente enigmático que funciona más como icono visual que como persona de carne y hueso. Charles Melton aporta una dimensión más humana como el soldado que busca desesperadamente a su hija, mientras el resto del reparto se mueve por este extraño laberinto como piezas de una gigantesca representación teatral.
Y hay una curiosidad especialmente significativa sobre el rodaje: Refn decidió filmar las escenas siguiendo el orden de la historia y utilizaba constantemente música durante el trabajo con Sophie Thatcher para provocar determinadas emociones en la actriz. El director llegó a experimentar cambiando la música para conseguir diferentes estados emocionales antes de rodar cada escena.
También resulta curioso el origen de Charles Melton en el proyecto. Refn contó que descubrió al actor mientras veía Riverdale con su hija y que inmediatamente pensó que tenía la presencia de una estrella de cine. A partir de aquel encuentro decidió incorporarlo al universo de Su propio infierno.
Visualmente impecable en muchos momentos y con una atmósfera que nadie puede negar que pertenece por completo a su director, la película termina siendo víctima de sus propias pretensiones. Refn parece haber decidido que contar una historia era secundario frente a crear sensaciones, imágenes y símbolos. Y cuando llega el final, uno tiene la sensación de haber contemplado durante casi dos horas el interior de la cabeza de su director sin terminar de descubrir qué quería contarnos.
Una película personal hasta el extremo, arriesgada y con momentos de indudable fuerza visual, pero también excesivamente ensimismada, confusa y carente de emoción. Su propio infierno parece, efectivamente, el infierno particular de Nicolas Winding Refn. El problema es que, esta vez, cuesta bastante querer entrar en él.
NOTA:2/10
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