Dirección: Eli Roth
Guion: Eli Roth, Noah Belson, Noah Nelson
Historia: Eli Roth
Reparto Ari Millen, Charlie Zeltzer, Shiloh O'Reilly, Kiori Mirza Waldman, Sarah Abbott, Benjamin Byron Davis, Eli Roth, Karen Cliche, Dylan Hawco, Charlie Storey, Alex Armbruster, Lochlan Ray Miller, Darrin Baker, Rodrigo Fernandez-Stoll, Carina Battrick, Lorenzo Antonucci, Ryan Allen, Luke Dietz, Steffi DiDomenicantonio, Jordan Poole, Amanda Barker, Brittany Rae Robertson, Kole Parks, Evelyn Chen, Addison Bell, Eli Massillon, Betty Volpe, Ewan Wood, Valentina Capetola, Ivano DiCaro, Joseph La Marca, Sonam Kalsang
Fotografía: Simon Shohet
Música: Brandon Roberts
Distribuidora: Diamond Films
Año: 2026
Título Original Ice Cream Man
Estreno En España: 04/09/26
Género: Terror, Comedia Negra
Duración 85 Minutos
ARGUMENTO
Un misterioso heladero desata una maldición que convierte a los niños en asesinos. Tres amigos que logran escapar deberán descubrir el origen del horror y detenerlo antes de que el verano perfecto se transforme en el fin de su tranquilo vecindario.
CRÍTICA .Eli Roth vuelve al terror con Dulce sabor a muerte, una película que reúne buena parte de las señas de identidad del director estadounidense: violencia, sangre, humor negro y una evidente intención de llevar cada situación hasta el límite. El problema es que esta vez el cóctel no termina de funcionar y estamos ante uno de los trabajos más flojos de su filmografía.
La historia parte de una idea tan sencilla como atractiva: en una idílica localidad veraniega, la llegada de un misterioso vendedor de helados provoca que los niños, después de consumir sus productos, se conviertan en auténticos maníacos homicidas. Lo que comienza como una amenaza aparentemente inocente acaba transformando el tranquilo vecindario en un auténtico baño de sangre.
Sobre el papel, el planteamiento tenía posibilidades. Roth juega con uno de los grandes iconos de la infancia —el entrañable camión de los helados— para convertirlo en una fuente de terror, y además coloca a los niños en el centro de una historia en la que son ellos quienes protagonizan buena parte de las situaciones más salvajes. Sin embargo, el director se empeña tanto en acelerar la película que termina perjudicando aquello que debería resultar más importante: la tensión y el humor.
Porque Dulce sabor a muerte pretende ser terrorífica y divertida a partes iguales, pero lo segundo no termina de funcionar. El humor negro, tan habitual en el cine de Roth, aparece aquí demasiado forzado y buena parte de las situaciones parecen concebidas más para provocar una reacción inmediata que para conseguir una verdadera carcajada. Hay sangre, mutilaciones y algunas escenas francamente cafres, pero el exceso termina convirtiéndose en rutina.
El ritmo tampoco ayuda. La película avanza a una velocidad endiablada, encadenando situaciones, muertes y golpes de efecto hasta adquirir en determinados momentos el aspecto de un cartoon salvaje más que el de una película de terror. Roth parece tener miedo a detenerse, desarrollar a sus personajes o dejar respirar las escenas. Y precisamente ahí pierde una buena parte de sus posibilidades: cuando todo es exagerado, nada termina sorprendiendo demasiado.
Sí encontramos algunas secuencias bastante pasadas de vueltas y momentos en los que el director demuestra que sigue disfrutando como un niño con los efectos sangrientos. Pero incluso esas escenas más cafres terminan sabiendo a poco porque la película no consigue construir alrededor de ellas una atmósfera verdaderamente inquietante.
También resulta curioso que un proyecto que Roth llevaba rondando durante unos veinte años, nacido incluso de una idea que se le ocurrió después de recordar los camiones de helados de su infancia, termine teniendo una apariencia tan poco personal.
Y hay que reconocerle al director cierta valentía a la hora de trabajar con un reparto infantil dentro de semejante festival de sangre. Durante el rodaje llegó a reunir a unos cien niños para determinadas escenas. Roth contó una divertida anécdota: mientras preparaban una toma con todos ellos esperando para comprar helados, apareció una abeja y los niños salieron corriendo, obligando a cancelar completamente la escena.
En definitiva, Dulce sabor a muerte es una película que tiene los ingredientes necesarios para ser una gamberrada terrorífica y divertida, pero a la que le falta precisamente aquello que más necesita: gracia. Su ritmo desbocado, el exceso de situaciones grotescas y una historia que nos resulta demasiado familiar hacen que el conjunto termine siendo bastante menos disfrutable de lo que cabría esperar de Eli Roth.
Algunas escenas encabronadas, bastante gore y el habitual gusto del director por llevar la violencia al límite no son suficientes para levantar una propuesta que, pese a su corta duración, acaba haciéndose repetitiva. Un filme que se ve sin demasiados problemas, pero que difícilmente permanecerá en la memoria del espectador. Uno de los tiros más flojos de Eli Roth
NOTA 4,5/10
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