Dirección: Chie Hayakawa
Guion: Chie Hayakawa
Reparto: Yui Suzuki, Lily Franky, Hikari Ishida, Ayumu Nakajima, Yuumi Kawai, Ryota Bando, Hana Hope
Música: Rémi Boubal
Fotografía: Hideho Urata
Montaje: Anne Klotz
Sonido: Philippe Grivel
Distribuidora: Adso Films
Año: 2025
Título Original: Renoir
Estreno En España: 17/04/26
Género: Drama, Autor
Duración: 116 Minutos
ARGUMENTO
Tokio, 1987. Mientras su madre intenta sostener el hogar y su padre combate la enfermedad, Fuki, una niña de 11 años con una imaginación desbordante, atraviesa un verano de descubrimientos, juegos y fantasías que la empujan a comprender la realidad cambiante que tiene a su alrededor.
CRÍTICA
Hay películas que no se dejan atrapar fácilmente, que parecen deslizarse entre los dedos del espectador como si estuvieran construidas a partir de retazos de memoria. Eso es exactamente lo que propone Renoir, el nuevo trabajo de Chie Hayakawa, una cineasta que ya demostró con Plan 75 su interés por los relatos íntimos y profundamente humanos
Ambientada en el Tokio de finales de los años 80, la película nos presenta a Fuki, una niña de 11 años que, mientras su madre intenta mantener a flote el hogar y su padre lucha contra la enfermedad, se refugia en un mundo interior donde la imaginación se convierte en su tabla de salvación. Y es precisamente ahí donde Hayakawa construye —o quizá sería más justo decir “deja flotar”— una historia sobre la resiliencia y el poder sanador de la imaginación.
Sin embargo, Renoir no es una película que abrace la narrativa clásica. Más bien al contrario: apuesta por una estructura fragmentada, casi caprichosa, donde las escenas se suceden con una lógica emocional más que argumental. El resultado es, en muchos momentos, desconcertante. El espectador tiene la sensación de estar asistiendo a una sucesión de estampas, de pequeños momentos de vida que no siempre encuentran un hilo conductor claro. Y ahí es donde la película puede desesperar.
Pero sería injusto quedarse solo en ese desconcierto. Porque, a pesar de su carácter deslavazado, hay algo profundamente honesto en la mirada de Hayakawa. La historia de esta niña que vive refugiada en su imaginación resulta por momentos enternecedora, especialmente cuando la cámara se detiene en sus silencios o en sus pequeños gestos cotidianos. Otras veces, sin embargo, esa misma insistencia en lo contemplativo termina jugando en su contra, diluyendo el interés y poniendo a prueba la paciencia del espectador.
A nivel técnico, la película apuesta por una puesta en escena delicada, casi etérea, donde la fotografía de tonos suaves acompaña ese universo infantil que se resiste a desaparecer. La música, sutil y contenida, evita subrayados innecesarios, reforzando esa sensación de estar ante un recuerdo más que ante un relato cerrado.
La joven protagonista —Yui Suzuki— fue seleccionada tras un largo proceso de casting en el que la directora buscaba, más que experiencia interpretativa, una capacidad natural para moverse entre lo real y lo imaginado. De hecho, muchas de sus reacciones en pantalla nacen de indicaciones mínimas, dejando espacio a la improvisación, lo que explica en parte esa sensación de espontaneidad —y también de irregularidad— que recorre toda la película.
En definitiva, Renoir es una obra irregular, a ratos confusa y narrativamente dispersa, pero también sincera en su intención y con destellos de una sensibilidad muy particular. No es una película fácil ni redonda, pero tampoco una propuesta fallida. Se queda en ese terreno intermedio donde conviven la frustración y el interés, dejando claro que Hayakawa sigue siendo una autora a la que conviene no perder de vista, aunque todavía no haya encontrado el equilibrio perfecto en su forma de contar historias.
NOTA 5/10
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