Dirección: Timur Bekmambetov
Guion: Marco van Belle
Reparto: Chris Pratt; Rebecca Ferguson; Annabelle Wallis; Chris Sullivan; Kylie Rogers; Kali Reis; Noah Fearnley; Kenneth Choi; Rafi Gavron; Jeff Pierre; Jamie McBride; Philicia Saunders; John Bubniak
Música: Ramin Djawadi
Fotografía: Khalid Mohtaseb
Montaje: Lam T. Nguyen, Austin Keeling, Dody Dorn
Producción: Charles Roven, Majd Nassif, Robert Amidon, Timur Bekmambetov
Distribuidora: Sony
Año: 2026
Título Original: Mercy
Estreno En España: 23/01/26
Género: Acción, Ciencia ficción
Duración: 100 Minutos
ARGUMENTO
En un futuro cercano, un detective es acusado del asesinato de su esposa. Para demostrar su inocencia dispone de solo 90 minutos antes de que una juez de inteligencia artificial —a la que él mismo ayudó a crear y defender en el pasado— emita una sentencia definitiva. En una carrera contrarreloj, el protagonista deberá enfrentarse no solo a las pruebas en su contra, sino también a los límites morales y éticos de un sistema judicial dominado por la tecnología.
CRÍTICA
Timur Bekmambetov vuelve a moverse con aparente comodidad en un terreno que ya conoce bien: el de las pantallas, los ordenadores y la narrativa digital como motor del relato. No es casualidad. El director ha estado detrás de producciones recientes como Missing, donde el uso del lenguaje tecnológico funcionaba como reclamo y, en cierto modo, como novedad. En Sin piedad, sin embargo, la fórmula parece agotarse antes incluso de arrancar.
La propuesta se presenta como un thriller de ciencia ficción con vocación de urgencia y ritmo, y lo cierto es que no le falta velocidad. El problema es otro: un guion que empieza a hacer aguas prácticamente desde el minuto uno. La premisa, atractiva sobre el papel, se va diluyendo entre situaciones poco creíbles, decisiones narrativas forzadas y un desarrollo que confunde más de lo que atrapa. El espectador asiste al naufragio con la sensación de que la película se esfuerza por parecer inteligente sin llegar nunca a serlo del todo
Es una lástima, porque el punto de partida invitaba al interés y el envoltorio visual cumple con corrección. Bekmambetov sabe manejar la tensión a través de interfaces digitales, videollamadas y pantallas fragmentadas, pero aquí el artificio acaba pesando más que la historia. La falta de implicación emocional termina por apoderarse del relato y solo algún giro aislado —más efectista que brillante— consigue salvar a Sin piedad del hundimiento absoluto.
Durante la producción, gran parte de las escenas se rodaron con pantallas reales y no con fondos añadidos en posproducción. Bekmambetov insistió en que los actores interactuaran con interfaces funcionales para reforzar la sensación de tiempo real, lo que obligó al equipo técnico a coreografiar cada movimiento al segundo, como si se tratara de una cuenta atrás permanente también fuera de cámara.
Sin piedad es un thriller que promete más de lo que ofrece. Un ejercicio de estilo sostenido por el ritmo y el envoltorio tecnológico, pero lastrado por un guion errático que acaba por desconectar al espectador. Bekmambetov demuestra, una vez más, que domina el lenguaje digital; otra cosa muy distinta es que aquí sepa qué historia quiere contar con él.
NOTA 3,5/10
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