Dirección: Richard Linklater
Guion: Holly Gent, Vincent Palmo Jr., Michèle Halberstadt, Laetitia Masson
Reparto: Guillaume Marbeck, Zoey Deutch, Aubry Dullin, Bruno Dreyfürst Benjamin Cléry, Matthieu Penchinat, Pauline Belle, Blaise Pettebone, Benoît Bouthors, Paolo Luka Noé, Adrien Rouyard, Jade Phan-Gia Jodie Ruth-Forest, Antoine Besson, Roxane Rivière,, Jean-Jacques Le Vessier, Côme Thieulin, Laurent Mothe, Jonas Marmy, Niko Ravel
Vestuario: Pascaline Chavanne
Maquillaje: Turid Follvik
Fotografía: David Chambille
Distribuidora: Elástica
Año: 2025
Título Original: Nouvelle Vague
Estreno En España: 09/01/25
Género: Drama, Comedia
Duración: 105 Minutos
ARGUMENTO
Nouvelle Vague es una carta de amor al poder transformador del cine y una celebración de la juventud creativa que impulsó la revolución de la Nouvelle Vague francesa. La película transporta al espectador a las calles de París en 1959, donde el crítico convertido en director Jean-Luc Godard decide hacer una película rompedora que desafía las convenciones cinematográficas. Con un espíritu de espontaneidad, innovación y caos creativo, Godard y su equipo dan vida a una obra que cambiará para siempre la historia del cine.
CRÍTICA
Hay películas que no solo se ven, se respiran. Nouvelle Vague pertenece a esa rara estirpe de obras que entienden el cine como un acto de fe, como una aventura casi suicida en la que rodar es vivir y vivir es filmar. Richard Linklater, cineasta de vocación humanista y mirada curiosa, se adentra aquí en la cocina creativa del rodaje de Al final de la escapada de Jean-Luc Godard para ofrecernos un homenaje profundamente amoroso a la Nouvelle Vague, pero también una reflexión lúcida sobre el impulso creativo y el caos que lo acompaña.
La película nos sitúa en el París de finales de los años cincuenta, cuando un grupo de jóvenes críticos, cinéfilos compulsivos y rebeldes sin causa decide dinamitar las reglas del cine clásico desde dentro. En ese contexto, Godard se lanza a rodar una película sin apenas medios, con una libertad formal que escandaliza a propios y extraños y con la convicción —o la temeridad— de quien sabe que está abriendo un camino nuevo. Linklater no recrea tanto una historia cerrada como un estado de ánimo, un clima creativo efervescente en el que todo parece posible.
Rodada en un blanco y negro exquisito, con encuadres que dialogan constantemente con la iconografía de la época, Nouvelle Vague no cae en la trampa del museo ni del academicismo. Muy al contrario, se mueve con una ligereza contagiosa, casi improvisada, que conecta de forma directa con el espíritu godardiano. Es cine que habla de cine sin pedantería, desde la emoción y la admiración sincera.
Las interpretaciones son uno de los grandes pilares del film. El reparto funciona como un conjunto perfectamente engranado, capaz de transmitir tanto la euforia creativa como las dudas, los egos y las contradicciones de aquel grupo irrepetible. No hay caricaturas ni imposturas: los actores encarnan más una actitud que unos personajes cerrados, y ahí reside buena parte de la verdad de la propuesta
Linklater llena la película de momentos inolvidables: discusiones improvisadas en cafés, rodajes en plena calle esquivando peatones, decisiones artísticas tomadas sobre la marcha que acabarían cambiando la historia del cine. Escenas que despiertan en el espectador unas irrefrenables ganas de volver a Los cuatrocientos golpes, Jules et Jim o la propia Al final de la escapada, como si esta película fuera la antesala perfecta para una maratón cinéfila.
Durante el rodaje de Nouvelle Vague Linklater animó a parte del equipo y del reparto a trabajar con márgenes de improvisación similares a los de la época, evitando ensayos exhaustivos y permitiendo que algunas escenas fluyeran de manera casi accidental. Incluso varios diálogos se ajustaron en el mismo set, emulando el método caótico y libre con el que Godard rodó su película original, algo que se traduce en una frescura muy poco habitual en el cine contemporáneo.
En definitiva, Nouvelle Vague es un acto de amor al cine, una película que no pretende explicar un movimiento artístico, sino hacerlo sentir. Puede que no sea una obra para todos los públicos, pero sí es un regalo para quienes entienden el cine como un territorio de riesgo, pasión y descubrimiento. Linklater firma aquí una de sus películas más cinéfilas y honestas, una carta de amor que, lejos de mirar al pasado con nostalgia, nos recuerda por qué el cine sigue siendo —cuando se hace con convicción— una forma de libertad.
NOTA 7/10
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