martes, 6 de enero de 2026

MISIÓN SANTA: YOYO AL RESCATE

Dirección:Ricard Cussó, Damjan Mitrevski
Guion: Jamie Nash, Peter Johnston
Reparto Animación
Fotografía: Animación 
Música: Ack Kinmonth
Distribuidora: 39 Escalones 
Año: 2025
Título Original: Mission Santa: Yoyo To The Rescue
Estreno En España: 09/01/25
Género: Animación,  Infantil 
Duración: 96 Minutos 

ARGUMENTO 
En el Polo Norte, la tradicional magia de la Navidad ha sido sustituida por tecnología avanzada, automatización y estrictos protocolos de eficiencia. Yoyo, un joven elfo entusiasta, llega ilusionado a su primer día de trabajo en el taller de Santa, solo para descubrir que todo ha cambiado y la magia parece haber desaparecido
Cuando un hacker sin escrúpulos toma el control del Polo Norte y pone en peligro la llegada de Santa, Yoyo se embarca en una misión desesperada para salvar la Navidad. Junto a Coco (una elfa de recursos humanos), Biscuit (un reno joven y curioso) y Snowflake (un dron de reparto), se enfrentará a desafíos, tecnología descontrolada y aventuras locas para reencontrar a Santa y devolver el verdadero espíritu navideño

CRÍTICA 
Hay películas de animación que no aspiran a reinventar el medio, pero sí a recordarnos por qué seguimos volviendo a él. Misión Santa: Yoyo al Rescate pertenece a esa estirpe: un filme lleno de ritmo, colorido y energía, pensado para conquistar a los más jóvenes de la casa, pero que esconde —como suele ocurrir en el buen cine familiar— un discurso más serio de lo que aparenta a primera vista.

La película nos sitúa en un Polo Norte hiperindustrializado, donde la tecnología y la productividad han ido desplazando poco a poco a la magia navideña. En ese contexto aterriza Yoyo, un joven elfo entusiasta que llega ilusionado a su primer día de trabajo junto a Santa Claus, solo para descubrir que el espíritu de la Navidad está en serio peligro. Cuando una amenaza externa —más tecnológica que fantástica— pone en jaque la Nochebuena, Yoyo se verá obligado a unir fuerzas con un grupo tan improbable como entrañable para salvar a Santa y, con él, aquello que da sentido a estas fechas.

Desde el primer minuto, el filme deja claro su objetivo: no dar respiro al espectador. La narración avanza con agilidad, encadenando set pieces de aventura, humor físico y pequeñas situaciones de comedia que funcionan especialmente bien con el público infantil. Sin embargo, bajo esa apariencia ligera late un mensaje claro y nada inocente: la denuncia de una Navidad secuestrada por el consumismo, donde los valores tradicionales —la amistad, la solidaridad, el trabajo en equipo— han sido sustituidos por la eficiencia, los algoritmos y la producción en cadena.

Ahí es donde Misión Santa: Yoyo al Rescate encuentra su mayor virtud. Sin sermones ni discursos grandilocuentes, la película apuesta por un alegato a favor de la unión de fuerzas, recordándonos que solo colaborando —y no compitiendo— es posible mantener vivo el espíritu navideño. Yoyo, como protagonista, encarna ese optimismo casi naïf que sostiene toda la película: cree en la magia, en las personas y en la posibilidad de cambiar las cosas, incluso cuando todo parece perdido.

Visualmente, la animación cumple con solvencia. No deslumbra ni busca la espectacularidad extrema de las grandes majors, pero su sencillez juega a su favor, apostando por un diseño amable y una paleta de colores cálida que refuerza el tono optimista del relato. El conjunto resulta coherente y eficaz, sin alardes innecesarios.

Gran parte del equipo creativo trabajó de forma remota desde distintos países, una circunstancia que influyó directamente en el propio discurso del filme. Los directores han comentado en entrevistas que la idea de hablar sobre la cooperación y el trabajo en equipo nació, precisamente, de esa experiencia de creación a distancia, donde la coordinación humana era tan importante como la tecnología utilizada.

En definitiva, Misión Santa: Yoyo al Rescate es una película modesta pero honesta, que sabe a quién se dirige y no se avergüenza de ello. Un entretenimiento navideño eficaz, lleno de optimismo, que no cambiará la historia del cine de animación, pero que sí cumple con creces su misión: divertir, emocionar ligeramente y recordar —sobre todo a los más pequeños— que la verdadera magia de la Navidad no se compra, se comparte.

NOTA 6/10

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