domingo, 18 de enero de 2026

AL FINAL DE LA ESCAPADA

Dirección: Jean-Luc Godard
Guion: Jean-Luc Godard (historia y diálogos); basado en un argumento de François Truffaut
Reparto: Jean-Paul Belmondo, Jean Seberg, Daniel Boulanger,Henri-Jacques Huet, Roger Hanin Jean-Pierre Melville, Jean-Louis Richard
Claude Mansard, Jean-Luc Godard
Música: Martial Solal
Fotografía: Raoul Coutard
Montaje: Cécile Decugis
Distribuidora: Elástica 
Año: 1960
Título Original: : À bout de souffle
Estreno En España: 10/04/1966 y reestreno en cines 16/01/26 en plataformas Movistar Plus y Flixole 
Género: Drama,  Autor 
Duración: 89 Minutos 

ARGUMENTO 
Michel Poiccard, un joven delincuente y amante del cine negro, roba un coche en Marsella y, en el apuro, mata a un motorista de la policía. Sin remordimientos, huye hacia París, donde sigue al margen de la ley y retoma contacto con una joven estadounidense que aspira a ser escritora. Mientras intenta convencerla de escapar con él, ignora que la policía sigue sus pasos, y su vida y libertad penden de un hilo

CRÍTICA 
Hay películas que no solo inauguran un estilo, sino que dinamitan las reglas del juego. Al final de la escapada es una de ellas. Obra cumbre del cine francés y piedra angular de la Nouvelle Vague, el debut en el largometraje de Jean-Luc Godard no se limita a contar una historia: enseña a mirar el cine de otra manera, a disfrutarlo desde la ruptura, la imperfección y la libertad

La película nos presenta a un joven delincuente en fuga que recorre París sin rumbo fijo, atrapado entre el azar, el deseo y una mujer que no termina de comprender —ni de retener—. A partir de ese esqueleto narrativo, Godard construye algo mucho más grande: un retrato generacional, una forma de estar en el mundo marcada por el desencanto, la cinefilia y la sensación de vivir siempre al borde del abismo. La trama avanza de manera casi caprichosa, como si el propio film improvisara su camino, reflejando la deriva vital de sus personajes.

La película marcó a toda una generación y sigue siendo referencia obligada para nuevos cineastas. Desde el uso de la cámara en mano hasta la manera de filmar la ciudad como un personaje vivo, pasando por el descaro formal del montaje, todo en Al final de la escapada respira modernidad incluso hoy. No busca agradar: busca provocar, cuestionar, sacudir.

Godard apenas entregó un guion cerrado a los actores. Muchas escenas se improvisaron, y los célebres “jump cuts” nacieron casi por necesidad, recortando metraje para aligerar la duración, sin imaginar que acabarían convirtiéndose en una de las señas de identidad del film. Además, Jean-Paul Belmondo adoptó gestos y actitudes inspirados en el cine negro americano, rindiendo homenaje —y al mismo tiempo desmontándolo— desde la modernidad europea.

Al final de la escapada no es una película cómoda ni complaciente, pero sí esencial. Una obra que cambió la forma de hacer cine y, sobre todo, la forma de verlo. Puede no enamorar a todos, pero resulta imposible negarle su condición de film fundamental, de manifiesto cinematográfico que aún hoy sigue respirando libertad. Porque Godard no quiso contar una historia perfecta; quiso recordarnos que el cine, como la vida, no siempre avanza en línea recta.
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NOTA 7/10

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