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miércoles, 7 de octubre de 2026

LA DERIVA


Dirección: Tsai Ming-liang
Guion: Tsai Ming-liang
Reparto: Lee Kang-Sheng
Fotografía: Néstor Urbieta, Adrián Cores
Montaje: Tsai Ming-liang
Sonido: Iñigo Azkue Etxabe
Productores: Claude Wang, Julieta Juncadella, Silvia Cruz
Distribuidora: Vitrine Films, Nueve Cartas 
Año: 2026
Título Original: Weichen
Estreno En España; 09/10/26
Género: Documental,  Autor 
Duración; 80 Minutos 

ARGUMENTO. 
El Caminante llega a San Sebastián, un paisaje de luminosa belleza. Una franja de color rojo ocre se mueve lentamente a través de los bosques y a lo largo del borde del viento y el mar, entre el ruido de la noche y la quietud del día. Con pasos pausados, circula ante los ojos de muchos: una figura tranquila en la inmensidad del mundo, dejando una huella fugaz en la memoria de los desconocidos. El pasado y el presente se funden entre sí. Tanto la creación como la naturaleza se disuelven en polvo.

CRÍTICA 
Tsai Ming-liang vuelve a mirar el mundo a través de la lentitud en La deriva, un híbrido entre cine de autor experimental y documental que durante 80 minutos coloca al espectador ante una experiencia cinematográfica tan bella como desconcertante. La propuesta es sencilla: un monje, interpretado nuevamente por Lee Kang-sheng, atraviesa distintos espacios de San Sebastián y sus alrededores caminando a una velocidad desesperadamente lenta, completamente ajeno a todo aquello que sucede a su alrededor.

El Caminante llega a un paisaje de una belleza luminosa. Bosques, mar, calles, personas anónimas y rincones de la ciudad se convierten en el escenario de una peregrinación que parece no tener principio ni final. Tsai Ming-liang no necesita diálogos ni una historia convencional. Le basta con ese cuerpo que avanza casi inmóvil mientras el mundo continúa funcionando a su alrededor. El ruido de la ciudad se enfrenta al silencio, la velocidad cotidiana a la parsimonia del monje y la vida de los demás a la absoluta impasibilidad de quien parece estar en otro tiempo.

Y ahí es precisamente donde La deriva puede dejar completamente descolocado al espectador. ¿Estamos ante una película? ¿Un documental? ¿Una performance artística filmada? Probablemente ante las tres cosas al mismo tiempo. El director convierte algo tan cotidiano como caminar en el centro de una experiencia cinematográfica en la que el tiempo deja de ser un enemigo para convertirse en protagonista. La belleza de las imágenes es indiscutible, especialmente cuando el caminante se enfrenta al mar y al paisaje de San Sebastián, pero también es cierto que la paciencia que exige Tsai Ming-liang al espectador no es precisamente pequeña.

Porque durante buena parte del metraje uno puede tener la sensación de que no sucede absolutamente nada. Y, sin embargo, sucede todo. Personas que pasan, miradas, sonidos, el viento, el mar, una mujer fumando, los espacios urbanos y hasta los pequeños acontecimientos que rodean al monje adquieren una importancia que normalmente el cine convencional no les concede. La película parece pedirnos que nos olvidemos de mirar el reloj y aprendamos a observar.

El propio director ha explicado que el origen de Walker, la serie a la que pertenece esta película, está en una experiencia teatral de 2011 con Lee Kang-sheng. En aquella obra, el actor tenía que caminar con extrema lentitud y Tsai quedó fascinado por aquella forma de movimiento. Desde entonces convirtió ese caminar en el eje de una serie que ha llevado al personaje por diferentes ciudades del mundo.


En La deriva, además, San Sebastián deja de ser simplemente un lugar donde se desarrolla la acción para convertirse prácticamente en otro personaje. El monje atraviesa ese paisaje sin modificarlo, pero su presencia consigue que lo observemos de una manera diferente. Incluso cuando desaparece de plano, el tiempo parece seguir avanzando a su ritmo. Como dice la propia sinopsis, pasado y presente terminan fundiéndose mientras creación y naturaleza se disuelven en polvo.

No es una película fácil ni pretende serlo. Es de esas propuestas que pueden fascinar a unos y desesperar a otros. Tsai Ming-liang no busca entretener, ni contar una historia al uso, ni ofrecer respuestas. Busca detener el tiempo durante 80 minutos y obligarnos a contemplarlo.

La deriva es, en definitiva, una experiencia cinematográfica antes que una película convencional. Una obra de una enorme belleza plástica que juega con los límites entre cine, documental y performance y que, precisamente por su extrema radicalidad, dejará a más de un espectador preguntándose qué demonios acaba de ver. Quizá esa sea, después de todo, una de las intenciones de Tsai Ming-liang.

NOTA 4,5/10

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