Guion: Hirokazu Kore-eda
Reparto: Haruka Ayase, Daigo Yamamoto, Rimu Kuwaki, Nana Seino, Kan'ichirō Satō, Hinata Hiiragi, Akihiro Kakuta, Kayo Noro, Mari Hoshino, Ayumu Nakajima, Kimiko Yo, Min Tanaka.
Fotografía: Ryūto Kondō
Montaje: Hirokazu Kore-eda
Música: Yuta Bandoh
Dirección artística: Takuya Okada
Vestuario: Sachiko Ito
Distribuidora: Vértigo Films
Año: 2026
Título Original: Hako no Naka no Hitsuji
Estreno En España: 16/10/26
Género: Drama, Fantástico
Duración 126 Minutos
ARGUMENTO
En un futuro cercano, una pareja marcada por la pérdida de su hijo acepta acoger en casa a un niño humanoide creado a su imagen con inteligencia artificial. Lo que empieza como un intento desesperado de aliviar el dolor se convierte en una nueva vida familiar, tan luminosa como inquietante. ¿Puede la tecnología devolvernos a quienes amamos?
CRÍTICA
Hirokazu Kore-eda es uno de esos cineastas que nos tiene acostumbrados a mirar de frente a las relaciones humanas, a las familias imperfectas y a esas heridas que permanecen abiertas con el paso del tiempo. Sin embargo, en Kakeru nos encontramos con una propuesta bastante más fría de lo habitual en su filmografía, un filme que aborda cuestiones de enorme calado emocional, pero que no termina de encontrar el camino para llegar al espectador.
La historia nos sitúa en un futuro cercano, cuando un matrimonio que ha perdido a su hijo decide incorporar a su hogar a un humanoide creado a imagen y semejanza del pequeño fallecido. Lo que inicialmente parece una oportunidad para aliviar el sufrimiento y recuperar una cierta normalidad acaba convirtiéndose en una experiencia que obliga a sus protagonistas a enfrentarse a sus propios sentimientos, a sus contradicciones y a una pregunta tan inquietante como inevitable: ¿hasta qué punto podemos sustituir a alguien a quien hemos perdido?
Kore-eda vuelve a transitar por algunos de los territorios que mejor conoce: la familia, las rupturas, los engaños, las heridas sentimentales y las consecuencias de un suceso trágico. La diferencia es que aquí introduce un componente fantástico y una reflexión sobre la inteligencia artificial que abre nuevas posibilidades narrativas. El problema es que esa interesante premisa no acaba de traducirse en una película capaz de conmover como cabría esperar.
Porque el dolor está presente, las situaciones tienen un evidente potencial dramático y los personajes se enfrentan a conflictos reconocibles, pero falta esa cercanía, esa humanidad que tantas veces ha convertido el cine del realizador japonés en una experiencia especialmente emotiva. La película observa a sus criaturas desde cierta distancia, sin conseguir que sus conflictos terminen de calar en el espectador. Hay reflexión, hay intención y hay temas de sobra para construir un relato poderoso, pero la emoción parece quedarse a medio camino.
La incorporación de la ciencia ficción al universo del director resulta sugerente, sobre todo por la manera en que plantea la relación entre la tecnología, la memoria y el duelo. Sin embargo, el componente fantástico no siempre juega a favor de la historia. En lugar de potenciar su dimensión emocional, contribuye a acentuar una frialdad que termina por imponerse sobre el conjunto. Es una pena, porque detrás de esa propuesta hay preguntas interesantes sobre nuestra incapacidad para aceptar determinadas pérdidas y sobre la necesidad de aprender a convivir con ellas.
En el apartado interpretativo, Haruka Ayase y Daigo Yamamoto sostienen una historia que exige transmitir sentimientos complejos, mientras que el joven Rimu Kuwaki afronta el reto de dar vida a un personaje cuya propia naturaleza plantea una interesante frontera entre lo humano y lo artificial. De hecho, uno de los aspectos más curiosos del trabajo de Kore-eda fue precisamente el proceso de selección del joven intérprete: el director explicó que su elección surgió de una primera impresión muy clara durante el casting, hasta el punto de que siguió pensando en él mientras continuaban las pruebas con otros candidatos.
No estamos, por tanto, ante una mala película. Sería injusto negarle su interés temático, su voluntad de explorar nuevos caminos o la sensibilidad con la que intenta acercarse a un asunto tan delicado como la pérdida de un hijo. Pero tampoco podemos obviar que, en esta ocasión, el cineasta no consigue que su propuesta alcance la fuerza que prometía. Todo parece demasiado contenido, demasiado distante, como si la película tuviera miedo de dejarse llevar por las emociones que ella misma pone sobre la mesa.
Kakeru deja la sensación de una oportunidad desaprovechada. Un relato con ingredientes suficientes para emocionar y hacer reflexionar, pero al que le falta garra, intensidad y esa capacidad de conectar con el público que ha distinguido tantas obras anteriores de Kore-eda. Una película que se puede apreciar por lo que plantea, aunque resulte difícil sentirla como cabría esperar. Y cuando se habla del dolor, de la familia y de la ausencia, quedarse en la superficie emocional es, sin duda, una pena.
NOTA: 5/10
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