Dirección: Javier Giner
Guion: Javier Giner, Luisa Matienzo
Reparto:Oriol Pla, Marina Salas, Gemma Martínez, Kai Etxaniz, Itziar Lazkano, Ione Irazábal, Juan Viadas, Miren Gaztañaga, Mikel Bustamante, Ainhoa Artetxe, Felipe Loza, Javier Barandiarán, Joserra Fachado, Axlor Riezu, Graciela Doniz, Bambi, Naiara Carmona, María Ucelay, Vito Rogado, Fernando Guallar, Eneko Sagardoy, Karmele Larrinaga, Jon Gamboa, Oneka Valgo, Claudia Muñiz, Sara Barroeta, Mako Gómez, Omar Ayuso.
Fotografía: Lali Rubio
Montaje: Roberto Bra
Música original: Claudia Lively
Dirección artística: Ania Chwaliszewska
Vestuario: Ibai Labega
Sonido: Fede Pájaro
Distribuidora: Filmax
Año: 2026
Título Original: Esta Soledad
Estreno En España: 30/10/26
Género: Drama, Autor
Duración: 110 Minutos
ARGUMENTO
Leo y Lorea se han querido. Quizá se siguen queriendo. Pero algo en ellos se ha roto. Su relación, tras cinco años, ha terminado. Él carga con su padre enfermo, atrapado entre la responsabilidad y una desconexión emocional que le pesa. Ella, enredada entre trabajos mal pagados y crisis personales, intenta recomponerse sin saber muy bien por dónde empezar. Son dos cuerpos cansados y solos, atravesados por lo precario, por lo no resuelto, por la herencia emocional de una generación que parece llegar siempre tarde a todo: al amor, a la estabilidad, a la madurez, a la calma, a la satisfacción personal
CRÍTICA
El debut en el largometraje de Javier Giner es un filme interesante que, sin embargo, promete más de lo que finalmente acaba ofreciendo. Una película sencilla, honesta y cargada de buenas intenciones que encuentra en sus dos protagonistas sus principales bazas, aunque le falte algo de profundidad para convertirse en una obra verdaderamente redonda.
La historia nos presenta a Leo y Lorea, una pareja que, después de cinco años de relación, ha terminado separándose. Ambos atraviesan un momento complicado de sus vidas y parecen incapaces de encontrar una salida a sus problemas. Él debe afrontar la enfermedad de su padre mientras intenta salir adelante en un trabajo precario; ella, por su parte, trata de recuperar el rumbo de su existencia en medio de sus propias frustraciones. Dos personajes que se sienten perdidos, agotados y desorientados, que no saben muy bien cómo enfrentarse a una realidad que parece venirse abajo a su alrededor.
Javier Giner construye un relato sobre la soledad, la precariedad y las dificultades para mantener los vínculos afectivos en una sociedad que cada vez nos exige más y nos ofrece menos. Una historia que va más allá de la ruptura sentimental para hablarnos de toda una generación que parece no encontrar su lugar en el mundo. El director evita caer en grandes discursos y prefiere acercarse a sus personajes desde la cotidianidad, mostrando sus contradicciones, sus miedos y sus dificultades para seguir adelante.
Uno de los grandes aciertos de la película reside en las interpretaciones de Oriol Pla y Marina Salas, dos actores que aportan una enorme naturalidad a sus personajes. Ambos saben transmitir ese cansancio vital, esa sensación de estar permanentemente al borde del abismo, sin necesidad de recurrir a excesos dramáticos. Sus trabajos sostienen buena parte del interés de una historia que encuentra en los pequeños gestos y en los silencios algunos de sus momentos más logrados.
También destaca la fotografía de Lali Rubio, que retrata un Bilbao gris, alejado de cualquier imagen turística, convirtiendo sus calles y sus espacios urbanos en un reflejo del estado emocional de los protagonistas. La ambientación contribuye a crear esa atmósfera de desasosiego cotidiano que envuelve toda la película y refuerza la sensación de que sus personajes viven atrapados en una realidad de la que no saben cómo escapar.
Como curiosidad, Javier Giner ha contado que escribió los personajes de Leo y Lorea pensando específicamente en Oriol Pla y Marina Salas, con quienes ya había trabajado en la serie Yo, adicto. El cineasta quería explorar en ambos registros diferentes y aprovechar la complicidad que había desarrollado con los intérpretes. Además, el rodaje se llevó a cabo en Bilbao y otras localidades vizcaínas, un regreso a sus raíces para un director nacido en Barakaldo que quería capturar la identidad emocional de los lugares que le vieron crecer.
No estamos, en definitiva, ante una película plenamente conseguida. Su desarrollo deja la impresión de que la historia podría haber dado mucho más de sí y de que algunos de sus planteamientos no terminan de alcanzar toda la fuerza que prometían. Sin embargo, sería injusto pasar por alto la honestidad de una propuesta que prefiere observar a sus personajes antes que juzgarlos y que encuentra en su sencillez una parte importante de su encanto.
Esta soledad es un buen debut cinematográfico de Javier Giner, un primer largometraje que deja entrever sensibilidad, personalidad y una interesante capacidad para retratar las heridas emocionales de nuestro tiempo. Quizá no sea la película redonda que cabía esperar, pero sí una obra estimable que confirma que detrás de la cámara hay un cineasta al que merece la pena seguir la pista.
NOTA 6/10
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