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lunes, 10 de agosto de 2026

N121: ÚLTIMA PARADA

Dirección: Morade Aïssaoui
Guion: Morade Aïssaoui, Sledge Bidounga, Kamel Guemra, Ludovic Zuili
Reparto: Riadh Belaïche, Bakary Diombera, Gaspard Gevin-Hié, Paola Locatelli, Aïssatou Diallo Sagna, Arben Bajraktaraj, Mylène Jampanoï, Lucie Charles-Alfred, Laurence Oltuski, Jérémie Covillault, Damien Jouillerot, Azad Boutella, Bounsy Luang Phinith, Beïdja Yahiaoui, Audrey Marnay, Louis Duneton, Lahcen Kourkdane.
Fotografía: Ludovic Zuili
Montaje: Camille Reysset
Música : Paul Sabin
Vestuario:Pauline Berland
Sonido: Utku Insel, Simon Poupard, Pierre-Jean Labrusse
Distribuidora: Your Planet
Año:2026.
Título Original: N121 – Bus de nuit
Estreno En España: 02/08/26 en plataformas Movistar Plus 
Género: Drama,  Thriller 
Duración: 89 Minutos 

ARGUMENTO 
Oscar, Simon y Aïssa, tres amigos de la infancia, van a París para celebrar una buena noticia. Pero en el autobús nocturno que les lleva de regreso a casa, el N121, una discusión entre pasajeros se intensifica y la situación se descontrola.

CRÍTICA 
Morade Aïssaoui debuta en el largometraje con un drama social que utiliza un escenario tan cotidiano como un autobús nocturno para colocar frente a frente a una serie de personajes muy diferentes entre sí y dejar que las tensiones vayan creciendo hasta desembocar en una situación cada vez más complicada.

Oscar, Simon y Aïssa son tres amigos de la infancia que regresan a casa después de haber pasado la noche en París celebrando una buena noticia. El trayecto en el N121 debería ser poco más que el final de una noche de celebración, pero una discusión entre varios pasajeros termina alterando la aparente tranquilidad del viaje. A partir de ese momento, el autobús se convierte en un espacio cerrado donde los prejuicios, las diferencias sociales y la incapacidad para entender al que tenemos enfrente comienzan a hacer acto de presencia.

La película funciona especialmente bien durante su primera parte. Aïssaoui consigue crear una tensión creciente a partir de situaciones aparentemente normales, apoyándose en el reducido espacio del autobús y en unos personajes que poco a poco van mostrando sus verdaderas intenciones. Hay una sensación de incomodidad que se va instalando progresivamente y que consigue mantener el interés del espectador.

El problema llega cuando el relato necesita ir un paso más allá. Lo que inicialmente se presenta con cierta naturalidad comienza a caer en situaciones demasiado obvias y en decisiones de guion poco convincentes. Algunos comportamientos de los personajes resultan difíciles de comprender y determinadas situaciones parecen estar introducidas más para reforzar el mensaje social que por las necesidades de la propia historia. La película pierde entonces parte de la tensión conseguida durante sus primeros compases y termina resultando bastante más previsible de lo que prometía.

Aun así, N121: Última parada es una película que se ve bien y que tampoco llega a molestar demasiado. Su condición de primer largometraje de Morade Aïssaoui se deja notar en determinados desequilibrios narrativos, pero también demuestra que detrás de la cámara existe capacidad para crear atmósferas y manejar un espacio reducido sin que el conjunto termine resultando excesivamente monótono.

Las actuaciones son correctas, con un reparto joven encabezado por Riadh Belaïche, Bakary Diombera y Gaspard Gevin-Hié, acompañados por Paola Locatelli, Aïssatou Diallo Sagna, Arben Bajraktaraj y Mylène Jampanoï, entre otros. Belaïche, conocido también como Just Riadh, vuelve a coincidir aquí con Bakary Diombera después de haber trabajado ambos en A la belle étoile.

Y hay una curiosidad especialmente interesante detrás de la película: la idea original nació de una experiencia real del guionista Kamel Guemra. Una noche, mientras regresaba a casa en autobús, presenció una discusión entre pasajeros provocada por unas jóvenes que escuchaban música demasiado alta. Aquella situación cotidiana le llevó a preguntarse qué ocurriría si una discusión aparentemente insignificante terminara fuera de control. La idea tardaría alrededor de quince años en convertirse en película. Para conseguir mayor realismo, Aïssaoui contó además con el asesoramiento de su hermano, que trabaja como conductor de autobús en Aix-en-Provence y le ayudó a conocer detalles tan concretos como el funcionamiento de las puertas, las cámaras, el sistema de comunicación o incluso el comportamiento físico del vehículo.

Un drama social que comienza con fuerza, mantiene la tensión durante buena parte de su recorrido y termina perdiendo fuelle cuando decide subrayar demasiado aquello que hasta entonces había sabido mostrar con bastante más naturalidad. Se deja ver, tiene buenas intenciones y algunas situaciones interesantes, pero está lejos de aprovechar todo el potencial que planteaba su punto de partida.

NOTA 5,5/10

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