Dirección: Daniel Fahre
Guion: Axel Hellstenius, Melike Leblebicioglu Kaveh
Reparto: Bjørn Sundquist, Jon Øigarden, Øystein Røger, Axel Bøyum, Fridtjov Såheim, Odin Waage, Andrea Berntzen, Eldar Skar, Elias Holmen Sørensen, Håvard Bakke, Terje Strømdahl, Jonas Hoff Oftebro, Robert Skjærstad.
Música: Johannes Ringen
Fotografía: Torfinn Rønning Sanderud
Montaje: Vetle Strøm
Producción: Tom Marius Kittilsen, Knut Inge Solbu
Productora: Fenomen Studios AS
Distribuidora: Alfa Pictures
Año: 2025
Título Original; Blücher
Estreno En España: 22/04/26 en plataformas Movistar Plus
Género: Bélico, Drama
Duración:95 Minutos
ARGUMENTO
La noche del 9 de abril de 1940, el coronel Birger Eriksen, comandante de la fortaleza de Oscarsborg, tomó una difícil decisión que marcaría la historia de su país. Con Noruega sitiada por las fuerzas alemanas, y siendo consciente de tener pocos efectivos y no contar con órdenes claras, Eriksen decide atacar a los buques de guerra que se acercan a Oslo.
CRÍTICA
Hay películas bélicas que buscan el estruendo, el espectáculo, el músculo de la recreación histórica… y luego están otras, como La batalla de Oslo, que optan por el silencio, por la contención y por una mirada casi íntima a un episodio clave. La cinta dirigida por Daniel Fahre pertenece sin duda a este segundo grupo: un filme sobrio, sencillo y consciente en todo momento de sus limitaciones… pero también de sus virtudes.
La historia nos sitúa en la noche del 9 de abril de 1940, cuando el coronel encargado de la fortaleza de Oscarsborg, ante la inminente llegada de las tropas alemanas, debe tomar una decisión sin órdenes claras. Ese dilema —disparar o no disparar— es el verdadero corazón de la película. Y ahí es donde Fahre acierta: lejos de recrearse en grandes escenas de acción, el film se sumerge en el drama histórico y, sobre todo, personal de sus protagonistas.
Porque sí, el presupuesto se nota. Y se nota mucho. No estamos ante una superproducción ni falta que le hace. Las escenas bélicas son escasas, casi anecdóticas, y la película parece más interesada en lo que ocurre antes y después del disparo que en el propio impacto. Esa decisión puede desconcertar a quienes busquen épica, pero es precisamente lo que dota al conjunto de una identidad propia.
El interés no decae en ningún momento, y eso tiene un responsable claro: las interpretaciones. Bjørn Sundquist sostiene la película con una presencia imponente, construyendo un personaje lleno de dudas, responsabilidad y humanidad. A su alrededor, nombres como Jon Øigarden o Øystein Røger aportan solidez a un reparto que entiende perfectamente el tono de la propuesta: aquí no hay lugar para el exceso.
Fahre opta por una puesta en escena contenida, casi teatral en algunos momentos, donde los primeros planos y las miradas pesan más que cualquier explosión. Es una decisión arriesgada, pero coherente. El espectador no vive la batalla desde el campo de guerra, sino desde la cabeza de quienes deben decidir el destino de un país en cuestión de minutos.
Resulta curioso que varias de las localizaciones utilizadas se encuentran en la propia fortaleza real de Oscarsborg, lo que obligó al equipo a trabajar bajo estrictas condiciones de conservación histórica. Además, el propio Sundquist declaró en entrevistas que el mayor reto no fue físico, sino emocional: “interpretar a alguien que sabe que una decisión puede cambiar la historia… y vivir con ello”.
En definitiva, La batalla de Oslo no es una película de guerra al uso. Es un drama histórico que cambia el ruido por el silencio, la acción por la reflexión y la épica por la humanidad. Puede que no deje escenas memorables en términos visuales, pero sí deja algo más importante: la sensación de haber asistido a un momento crucial contado desde dentro, desde la duda y desde la conciencia. Y eso, en tiempos de cine bélico grandilocuente, tiene más valor del que parece.
NOTA 6/10
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