Dirección: David Serrano
Guion: Cristina Clemente, Marc Angelet
Reparto: Natalia Verbeke, Julián López, Ángela Cervantes, Vebjørn Enger, Blanca Ramírez, Adrián Gámiz.
Producción: Javier Méndez
Fotografía: Joan Bordera
Montaje: Miguel Ariza
Música: Joan Martorell
Distribuidora: A Contracorriente
Año: 2026
Título Original: Laponia
Estreno En España: 01/04/26
Género: Comedia, Autor
Duración: 89 Minutos
ARGUMENTO
Una familia española viaja a Laponia para celebrar la Navidad con sus parientes del norte en un sitio idílico. Pero cuando uno de los primos pequeños suelta la verdad sobre Papá Noel, estalla un choque cultural y personal que demuestra que, a veces, las pequeñas mentiras pueden salvar las fiestas y la familia.
CRÍTICA
Hay películas que nacen del teatro y nunca consiguen desprenderse de ese corsé escénico. Y luego está Laponia, de David Serrano, que hace justo lo contrario: tomar una obra de éxito y convertirla en cine sin traicionar su esencia, pero tampoco quedándose atrapada entre cuatro paredes.
Aquí, una familia española viaja al norte de Europa para pasar la Navidad en un entorno idílico, rodeados de nieve, silencio… y una aparente calma que saltará por los aires cuando uno de los niños diga en voz alta lo que nadie quiere escucharl. A partir de ahí, lo que parecía una cena tranquila se convierte en un campo de batalla emocional donde chocan dos formas de entender la vida, la educación y, sobre todo, la mentira.
Porque Laponia es, ante todo, una película de ideas. Un duelo dialéctico —tan incómodo como fascinante— entre la idiosincrasia española, más emocional y protectora, frente a la mirada fría y directa del mundo nórdico. ¿Es lícito mentir a los niños para preservar su inocencia? ¿O la verdad, por dura que sea, debe imponerse siempre? Serrano plantea el debate sin trampas, dejando que los personajes —y el espectador— saquen sus propias conclusiones.
Lo más interesante es cómo ese conflicto universal se articula en algo tan cotidiano como una cena de Nochebuena. No hay grandes artificios, no hay giros imposibles: solo palabras, miradas y silencios cargados de intención. Y ahí es donde la película crece.
El reparto está sencillamente magnífico. Todos los actores se mueven con una naturalidad pasmosa en un terreno que exige precisión quirúrgica en los diálogos. Hay química, hay tensión y, sobre todo, hay verdad. Se nota que el material viene del teatro, pero también que ha sido trabajado para el lenguaje cinematográfico, evitando esa sensación de “obra filmada” que tantas veces pesa en este tipo de adaptaciones.
Serrano, con oficio y elegancia, abre el espacio, juega con los exteriores nevados y dota a la historia de aire, sin perder nunca el foco en lo importante: los personajes. El ritmo es ágil, casi endiablado en algunos momentos, con réplicas que funcionan como auténticos dardos emocionales.
Como curiosidad, buena parte del rodaje se llevó a cabo en localizaciones reales del norte de Europa, lo que obligó al equipo a trabajar en condiciones de frío extremo. Algunos actores han comentado en entrevistas que esa incomodidad ayudó, paradójicamente, a potenciar la tensión entre los personajes, aportando un extra de realismo a las discusiones.
Laponia es, en definitiva, una película que se disfruta tanto como se piensa. Divertida, incómoda, inteligente. De esas que invitan al debate al salir del cine —o incluso antes de que aparezcan los títulos de crédito—. Y eso, en los tiempos que corren, no es poca cosa.
NOTA 8/10
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