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domingo, 19 de abril de 2026

LA HABITACIÓN DE MARIANA


Dirección: Emmanuel Finkiel
Guion: Emmanuel Finkiel
Reparto: Mélanie Thierry, Artem Kyryk, Julia Goldberg, Yona Rozenkier, Minou Monfared, Olena Khokhlatkina, Anastasia Fein, Olga Radchuk, Nikola Tutek, Valerii Bartkovska
Basada en la novela: Flores de sombra, de Aharon Appelfeld
Fotografía: Alexis Kavyrchine
Montaje: Anne Weil
Dirección artística: Yvett Rotscheid
Vestuario: Gaëtane Paulus, Sosa Juristovsky
Producción: David Gauquié, Julien Deris, Olivier Delbosc
Distribuidora: Surtsey Films 
Año: 2026
Título Original: La Chambre de Mariana
Estreno En España; 17/04/26
Género; Drama,  Autor 
Duración: 122 Minutos 

ARGUMENTO 
1942, Ucrania. Hugo tiene 12 años cuando el nazismo ocupa su tierra. Para salvarlo de la deportación, su madre lo confía a su amiga de la infancia, Mariana, una prostituta que vive en un burdel en las afueras de la ciudad. Escondido en el armario de la habitación de Mariana, toda su existencia está suspendida de los ruidos que lo rodean y de las escenas que adivina a través del armario. Mientras la guerra continúa fuera, Hugo y Mariana forjan un vínculo íntimo y complejo de amor, lealtad y devoción mutua, que cambiará sus vidas para siempre.

CRÍTICA 
Hay películas que no reinventan nada, que caminan por senderos ya transitados, pero que encuentran en la mirada de su director y en la entrega de sus actores el suficiente pulso como para sostenerse con dignidad. La habitación de Mariana es una de ellas. Emmanuel Finkiel construye un drama de guerra íntimo, casi claustrofóbico, donde el horror del conflicto se filtra más por lo que se intuye que por lo que se muestra.

La historia nos sitúa en la Ucrania de 1942, donde un niño judío es escondido en el armario de la habitación de una prostituta para evitar la deportación. Desde ese espacio mínimo, reducido a sombras, sonidos y fragmentos de realidad, el pequeño observa el mundo desmoronarse mientras, fuera, la guerra sigue su curso implacable. Este punto de partida, que ya hemos visto en otras propuestas del cine europeo, encuentra aquí su principal virtud en la relación que se establece entre el niño y Mariana, un vínculo tan incómodo como profundamente humano.

Finkiel apuesta por un ritmo pausado, incluso por momentos excesivamente dilatado —sus más de dos horas pueden poner a prueba la paciencia del espectador—, pero lo cierto es que la película se deja ver con interés. No tanto por lo que cuenta, sino por cómo lo cuenta. La cámara de Alexis Kavyrchine refuerza esa sensación de encierro y asfixia, mientras que el uso del sonido cobra una importancia capital: lo que ocurre al otro lado del armario se convierte en un ejercicio de imaginación tanto para el protagonista como para el espectador.

Pero si hay un elemento que eleva la propuesta es, sin duda, la interpretación de Mélanie Thierry. Su trabajo es de esos que sostienen una película casi en solitario, dotando a su personaje de una complejidad que evita caer en el cliché. Su Mariana es contradictoria, frágil y feroz al mismo tiempo, y en esa dualidad reside gran parte del interés del filme.

Como curiosidad de producción, Emmanuel Finkiel, obsesionado con transmitir la sensación real de encierro, rodó muchas de las escenas desde espacios extremadamente reducidos, obligando incluso al equipo técnico a adaptarse a condiciones incómodas para reforzar la veracidad de la puesta en escena. Además, el joven actor que interpreta al niño pasó largas jornadas dentro del propio armario utilizado en el rodaje para familiarizarse con la experiencia de su personaje, algo que se traduce en una interpretación sorprendentemente natural.

No estamos ante una obra redonda ni especialmente innovadora. La habitación de Mariana no descubre nada nuevo dentro del cine sobre el Holocausto o la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, su sobriedad, su cuidada dirección y, sobre todo, una actuación protagonista excelente hacen que estemos ante una película que, pese a su metraje, se sigue con interés y deja poso. Un filme menor dentro del género, sí, pero también un recordatorio de que, a veces, basta con contar bien una historia ya conocida para que merezca la pena asomarse a ella.

NOTA 5,5

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