Paginas

sábado, 11 de abril de 2026

EL ÚLTIMO GIGANTE


Dirección: Marcos Carnevale
Guion: Marcos Carnevale
Reparto: Oscar Martínez, Matías Mayer, Inés Estévez, Silvia Kutika, Yoyi Francella, Alexia Moyano, Luis Luque.
Fotografía Horacio Maira
Música: Iván Wyszogrod
Cámara: Guillermo Romero
Montaje: Alberto Ponce
Distribuidora: Netflix 
Año: 2026
Título Original: El Último Gigante 
Estreno En España: 01/04/26 en plataformas Netflix 
Género: Drama,  Comedia 
Duración: 102 Minutos 

ARGUMENTO 
El último gigante narra la historia de Boris, un carismático guía en las Cataratas del Iguazú, que ve tambalear su mundo cuando el padre que nunca estuvo regresa a su vida. Lo que comienza como un reencuentro incómodo, se convierte en un viaje íntimo de sanación, donde ambos deberán enfrentar el pasado para descubrir si es posible reconstruir el vínculo y darse una segunda oportunidad como padre e hijo

CRÍTICA 
Hay películas que nacen con vocación de emocionar y otras que, por el camino, se quedan atrapadas en sus propias intenciones. El último gigante, lo nuevo de Marcos Carnevale, pertenece sin duda al segundo grupo. Un drama que, sobre el papel, prometía un viaje íntimo de redención entre un padre ausente y un hijo herido —ese reencuentro en las imponentes Cataratas del Iguazú donde ambos intentan “reconstruir el vínculo y darse una segunda oportunidad”— pero que en la práctica termina diluyéndose en una sucesión de lugares comunes sin rumbo claro.

Carnevale vuelve a insistir en un tipo de cine que le ha funcionado en otras ocasiones: historias humanas, personajes marcados por el pasado y diálogos cargados de intención emocional. El problema es que aquí todo suena impostado. Desde sus primeros compases, la película deja claro que no va a arriesgar lo más mínimo. Cada giro es previsible, cada conflicto está subrayado con trazo grueso y cada escena parece construida para arrancar una emoción que nunca llega a materializarse.

El principal lastre del filme reside en su guion. Los diálogos, lejos de aportar profundidad, caen en frases fáciles y en reflexiones que buscan trascendencia pero acaban resultando sonrojantes. Hay momentos en los que el espectador no sabe si debe implicarse emocionalmente o simplemente desconectar ante lo artificioso de unas conversaciones que parecen escritas con piloto automático. La sensación de déjà vu es constante: hemos visto esta historia —y mejor contada— demasiadas veces.

Ni siquiera la presencia de un actor del calibre de Oscar Martínez logra sostener el conjunto. Su interpretación, siempre sólida, se ve atrapada en un personaje que no termina de definirse más allá de los clichés del padre arrepentido. A su alrededor, el reparto cumple sin brillo en una historia que tampoco les ofrece demasiadas oportunidades para destacar. Todo queda reducido a una sucesión de situaciones que rozan lo ridículo por su falta de naturalidad, encadenadas sin una progresión dramática convincente.

Visualmente, la película intenta apoyarse en la espectacularidad de los paisajes de Iguazú, casi convertidos en un personaje más. Sin embargo, ni siquiera ese entorno consigue dotar de alma a una propuesta que avanza sin pulso, sin tensión y, lo que es peor, sin verdadero interés. El metraje se hace cuesta arriba precisamente porque no hay evolución real en los personajes ni en el conflicto: todo parece girar en círculos hasta un desenlace tan previsible como insatisfactorio.

El equipo filmó en localizaciones reales de las Cataratas del Iguazú, lo que obligó a trabajar con condiciones climatológicas cambiantes y a adaptar varias escenas sobre la marcha. El propio Oscar Martínez ha comentado en entrevistas que algunas secuencias se rodaron con el ruido ensordecedor del agua de fondo, lo que dificultaba la interpretación y obligaba a repetir tomas continuamente. Curiosamente, esa lucha por encontrar la emoción en medio del caos natural contrasta con la frialdad que finalmente transmite la película.

En definitiva, El último gigante es un drama que no lleva a ninguna parte. Un filme anclado en los convencionalismos, incapaz de sorprender y que, pese a sus aspiraciones emocionales, termina resultando irritante por su falta de autenticidad. Carnevale firma aquí una de esas obras que se olvidan casi al instante, dejando la sensación de que, incluso con todos los elementos a favor, el resultado podría —y debería— haber sido mucho más.

NOTA 2,5/10

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.