miércoles, 8 de abril de 2026

BUENA SUERTE, PASALO BIEN, NO MUERAS


Dirección: Gore Verbinski
Guion: Matthew Robinson
Reparto: Sam Rockwell, Haley Lu Richardson, Michael Peña, Zazie Beetz, Juno Temple, Asim Chaudhry, Stevel Marc, Dino Fetscher, Dominique Maher, Mike Gassaway, Ethan Saunders, Gisela Coetsee, Conrad Kemp, Riccardo Drayton, Georgia Goodman, Teddy Holton-Frances, Megan Alexander, Loulou Taylor, Tanya van Graan
Música: Geoff Zanelli
Fotografía: Jim Whitaker
Montaje: Craig Wood
Producción: Gore Verbinski, Robert Kulzer, Erwin Stoff
Productoras: Universal Pictures, Blind Wink, WAM Films, 3 Arts Entertainment, Constantin Film, Robert Kulzer Productions
Distribuidora: Vertice Cine. 
Año: 2025
Título Original Good Luck, Have Fun, Don’t Die
Estreno En España: 10/04/26
Género: Fantástico,  Drama. 
Duración: 134 Minutos 

ARGUMENTO 
Una noche oscura. Un restaurante abarrotado. Un hombre con un detonador irrumpe proclamando que viene del futuro. Es la 117.ª vez que regresa con la misma misión. Antes de que se acabe el tiempo, debe reclutar a un grupo de clientes del restaurante claramente no cualificados para detener el inminente apocalipsis de la inteligencia artificial y salvar a la humanidad de los peligros de las redes sociales. Pero todo está en su contra: escépticos, jóvenes alienados y monstruosidades algorítmicas que escapan a su control. Si este improbable grupo lo consigue, el mundo podría salvarse… o no

CRÍTICA 
Hay algo casi perversamente atractivo en la premisa de Buena suerte, pásalo bien, no mueras: un tipo que irrumpe en un restaurante asegurando venir del futuro —la 117.ª vez, nada menos— para reclutar a un grupo de completos desconocidos y evitar el apocalipsis de la inteligencia artificial. A partir de ahí, Gore Verbinski construye un artefacto que juega a varias bandas: comedia absurda, ciencia ficción deslenguada y sátira tecnológica con mala leche.

El filme arranca con esa energía caótica que parece definirlo todo: personajes desubicados, situaciones que bordean lo ridículo y un ritmo que no da tregua. Verbinski, siempre proclive al exceso, se mueve aquí en una especie de parque de atracciones narrativo donde lo importante no es tanto la lógica como la sensación de vértigo. Y funciona. Porque aunque la película deja por el camino algunas dudas sin resolver y situaciones claramente ilógicas, el espectador entra en el juego casi sin darse cuenta.

Hay momentos realmente sorprendentes, pequeños giros y detalles que elevan un guion que, sin ser redondo, sí resulta estimulante. La idea de ese grupo “claramente no cualificado” enfrentándose a monstruosidades algorítmicas y a una amenaza que mezcla redes sociales con inteligencia artificial tiene más filo del que parece en un primer vistazo. Hay sátira, sí, pero también una cierta melancolía sobre un mundo que ya parece fuera de control.

Las interpretaciones acompañan bien el tono general. Sam Rockwell, como ese mensajero del futuro al borde del colapso, sostiene gran parte del peso con su habitual capacidad para moverse entre lo excéntrico y lo emocional. A su alrededor, el reparto funciona como un coro desquiciado que aporta ritmo, humor y cierta humanidad a un relato que, en otras manos, podría haber sido un completo disparate.

Eso sí, estamos ante un título menor dentro de la filmografía de Verbinski. No alcanza la precisión ni el impacto de sus mejores trabajos, y su metraje —algo excesivo— podría haber sido más contenido. Sin embargo, lejos de hacerse pesada, la película mantiene un pulso endiablado que evita el aburrimiento incluso en sus tramos más erráticos.

Verbinski insistió en rodar muchas de las escenas del restaurante con cámaras en movimiento constante y múltiples improvisaciones por parte del reparto, buscando precisamente esa sensación de caos controlado que respira toda la película. De hecho, varias reacciones de los actores ante las “amenazas del futuro” no estaban completamente ensayadas, lo que aporta una espontaneidad muy evidente en pantalla.

En definitiva, una película original, irregular pero tremendamente disfrutable. Un divertimento con más ideas que respuestas, que abraza sus propias contradicciones y que, sin ser una obra mayor, deja ese poso de cine juguetón y arriesgado que siempre se agradece. Porque a veces, como bien parece decirnos, lo importante no es entenderlo todo… sino sobrevivir al viaje.

NOTA 6,5/10


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