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miércoles, 25 de marzo de 2026

LA ÚLTIMA CENA

Dirección: Mauro Borrelli
Guion: Mauro Borrelli, John Collins
Reparto: Jamie Ward, Robert Knepper, James Faulkner, James Oliver Wheatley, Charlie MacGechan, Nathalie Rapti Gomez, Henry Garrett, Daniel Fathers, Harry Anton, Mayssae El Halla, Marie-Batoul Prenant, Valentina Kamenova
Producción: Michael Scott, Shawn Boskie, Kenneth Halsband, Ivan Cohen, Manu Gargi
Fotografía: Vladislav Opelyants
Montaje: Vance Null
Música: Leonardo De Bernardini
Vestuario: Nezha Daki
Distribuidora: European Dresms Factory 
Año: 2025
Título Original:The Last Supper
Estreno En España: 26/03/26
Género: Drama,  Fantástico
Duración: 114 Minutos 

ARGUMENTO 
En los días previos a la traición, los discípulos se reúnen en torno a Jesús para compartir la última cena. Lo que comienza como una celebración de fraternidad se transforma en una noche cargada de misterio, en la que las miradas revelan inquietudes, las palabras pesan más que nunca y el corazón de cada discípulo es puesto a prueba. Mientras la tensión crece en silencio, la fidelidad se confronta con la debilidad humana: uno comienza a tramar la traición, otro promete lealtad sin comprender la prueba que está por venir, y todos se enfrentan al misterio de un Maestro que habla de entrega, de sacrificio y de un amor más grande que el sufrimiento.

CRÍTICA 
Hay películas que parten con una ventaja —o quizá con una losa— difícil de gestionar: contar una historia que todo el mundo conoce. La última cena, dirigida por Mauro Borrelli, se adentra en uno de los episodios más representados del imaginario religioso: ese encuentro final entre Jesús y sus discípulos, una noche donde la fraternidad se transforma en duda, donde las miradas pesan más que las palabras y donde, como apunta la propia sinopsis, la fidelidad y la traición conviven en silencio alrededor de una mesa.,El problema es que, más allá de ese punto de partida tan potente, la película nunca termina de encontrar su propia voz.

Borrelli apuesta por un tono íntimo, casi recogido, buscando esa espiritualidad desde lo humano, desde los gestos contenidos y los silencios prolongados. Sobre el papel, la propuesta tiene sentido: explorar el lado más emocional de unos personajes que la tradición ha convertido en iconos. Sin embargo, la ejecución se queda a medio camino. Las interpretaciones —clave en una película de este tipo— resultan en muchos momentos demasiado planas, sin la intensidad que requiere un relato donde cada palabra debería sentirse como definitiva.

Ese aire de telefilm, que ya se percibe desde los primeros compases, no molesta en exceso al inicio. Incluso puede llegar a funcionar durante sus primeros minutos, donde la sencillez narrativa parece jugar a favor de la propuesta. Pero conforme avanza el metraje, la película se vuelve reiterativa, pesada, incapaz de aportar una mirada nueva a una historia que el espectador conoce de sobra. Y ahí es donde empieza a perder fuerza.

Porque no hay riesgo. No hay reinterpretación. No hay un intento real de ir más allá de lo ya contado. Todo transcurre dentro de unos márgenes demasiado seguros, demasiado convencionales. La puesta en escena es correcta, sin más, y la producción, claramente modesta, tampoco ayuda a elevar el conjunto.

Lo más llamativo es que, pese a su intención de profundizar en lo espiritual y lo íntimo, la película se queda en la superficie. Habla de sacrificio, de fe, de traición… pero lo hace sin la emoción necesaria, sin ese pulso que haga que el espectador conecte con lo que está viendo. Todo suena conocido, previsible, incluso distante.

Mauro Borrelli —habitual colaborador en el apartado artístico de grandes producciones de Hollywood— afronta aquí uno de sus proyectos más personales, buscando precisamente ese tono más sobrio y reflexivo. De hecho, el rodaje se planteó con una clara vocación de austeridad, apostando por decorados limitados y una iluminación muy controlada para reforzar ese clima íntimo. Una intención interesante que, lamentablemente, no termina de traducirse en resultados cinematográficos sólidos.

En definitiva, La última cena es una película que no molesta, pero tampoco deja huella. Un relato que se deja ver sin esfuerzo, pero que se olvida con la misma facilidad. Y tratándose de una historia tan universal, eso quizá sea lo más preocupante

NOTA 3,5/10

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