Dirección: Stéphane Demoustier
Guion: Stéphane Demoustier, basado en la obra de Laurence Cossé.
Reparto: Claes Bang, Sidse Babett Knudsen, Xavier Dolan, Swann Arlaud, Michel Fau, Micha Lescot, Villbjørk Malling Agger, Cédric Appietto, François Raison, Alessandro Bressanello, Olivia Hahn Reichstein, Pierre-François Grunenwald.
Fotografía: David Chambille
Música: Olivier Marguerit
Montaje: Damien Maestraggi
Vestuario: Camille Rabineau.
Distribuidora:La Zona
Año: 2025
Título Original: L’inconnu de la Grande Arche
Estreno En España: 13/03/26
Género: Drama, Autor
Duración: 107 Minutos
ARGUMENTO
En 1983, el gobierno francés convoca uno de los mayores concursos internacionales de arquitectura para diseñar un nuevo monumento en el distrito de La Défense de París. Contra todo pronóstico, el ganador resulta ser Johan Otto von Spreckelsen, un profesor de arquitectura danés prácticamente desconocido que apenas ha construido unas pocas capillas y su propia casa. De repente, se encuentra al frente de un proyecto monumental: la construcción del Gran Arco de La Défense. Pronto descubrirá que llevar a cabo su visión arquitectónica no será sencillo, pues deberá enfrentarse a presiones políticas, burocráticas y económicas en una lucha constante entre la creación artística y el poder.
CRÍTICA
Hay películas que, más allá de su argumento, terminan funcionando como una reflexión sobre el propio acto de crear. El arquitecto, del director francés Stéphane Demoustier, pertenece claramente a ese tipo de cine. Un filme que, bajo la apariencia de drama biográfico, esconde una mirada bastante amarga sobre el eterno pulso entre el arte y el poder
La historia nos traslada a 1983, cuando el gobierno francés convoca un ambicioso concurso internacional para levantar un nuevo monumento en el distrito de La Défense. Contra todo pronóstico, el proyecto ganador pertenece a un desconocido profesor de arquitectura danés, Johan Otto von Spreckelsen, un hombre que apenas ha construido unas pequeñas capillas y su propia casa. De pronto se encuentra al frente de un encargo monumental: la construcción del Gran Arco de La Défense. Pero lo que en principio parece el sueño de cualquier arquitecto pronto se transforma en una batalla constante contra las presiones políticas, las decisiones burocráticas y los intereses de quienes ven la arquitectura más como símbolo de poder que como expresión artística.
Demoustier plantea la historia como una especie de combate silencioso entre la visión personal del creador y el aparato del Estado. En ese sentido, la película recuerda inevitablemente al espíritu de The Brutalist o incluso al clásico El manantial de King Vidor, siendo quizá esta última la referencia más clara. Como en aquella, aquí el arquitecto se convierte en un símbolo del individuo que intenta mantener intacta su integridad frente a un sistema que todo lo contamina.
La puesta en escena es sobria, elegante, casi geométrica, como si el propio lenguaje visual quisiera dialogar con la arquitectura que retrata. Demoustier evita el exceso dramático y apuesta por una narración pausada donde los despachos, las reuniones y las negociaciones terminan siendo tan importantes como los planos y maquetas del edificio. El resultado es un filme potente, con una propuesta interesante, que denuncia la influencia del poder político en ámbitos donde, en teoría, no debería hacerse notar.
Gran parte del peso de la película recae sobre el trabajo del actor Claes Bang, que construye un personaje lleno de dignidad y obstinación silenciosa. Su interpretación, contenida pero firme, transmite perfectamente esa mezcla de ilusión, frustración y resistencia que define al protagonista. A su alrededor, intérpretes como Sidse Babett Knudsen o Xavier Dolan aportan matices a una historia que se mueve constantemente entre la creación artística y el inevitable juego del poder.
la película está basada en el libro de Laurence Cossé sobre la construcción real del Gran Arco de La Défense, un proyecto que en su día estuvo rodeado de tensiones políticas y técnicas que acabaron afectando gravemente a su arquitecto. Para recrear con fidelidad ese proceso, el equipo trabajó con abundante material documental y reprodujo muchas de las maquetas originales del edificio utilizadas durante el concurso.
Sin necesidad de grandes artificios, El arquitecto termina convirtiéndose en un relato fascinante sobre la fragilidad de la creación cuando entra en contacto con el poder. Un filme serio, bien dirigido y bien interpretado que, además de contar una historia concreta, lanza una pregunta incómoda: ¿hasta qué punto puede el arte sobrevivir cuando quienes toman las decisiones no son los creadores sino los políticos? Un interrogante que, como demuestra la película, sigue siendo tan actual como siempre.
NOTA 6,5/10
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