Dirección: Marianna Brennand (Marianna Brennand Fortes)
Guion: Marianna Brennand, Felipe Sholl, 2Marcelo Grabowsky, Antônia Pellegrino, Camila Agustini, Carolina Benevides
Reparto: Jamilli Correa; Fátima Macedo; Rômulo Braga; Dira Paes; Emilly/Emily Pantoja; Samira Eloá; Gabriel Rodrigues; Enzo Maia
Fotografía: Pierre de Kerchove
Montaje: Isabela Monteiro de Castro
Distribuidora: Silencio Cinema
Año: 2024
Título Original: Manas
Estreno En España: 27/02/26
Género: Drama, Autor
Duración; 107 Minutos
ARGUMENTO
Marcielle, una niña de 13 años de la Isla de Marajó, no logra ser escuchada en un mundo que silencia la violencia contra mujeres y niñas. Demasiado pronto despierta a los dolores que atraviesan a su familia desde hace generaciones. Cuando Tielle decide tomar las riendas de su propio destino, cambia para siempre la maquinaria de la realidad que le fue impuesta.
CRÍTICA
Hay películas que gritan su denuncia. Y hay otras que susurran hasta que el susurro se convierte en un nudo en la garganta. Manas pertenece a esta segunda categoría.
En la Isla de Marajó, en plena Amazonía brasileña, la joven Marcielle —una niña de 13 años que “no logra ser escuchada en un mundo que silencia la violencia contra mujeres y niñas”— observa, calla y aprende demasiado pronto que el dolor puede heredarse. La historia habla de una niña que decide tomar las riendas de su destino; lo que la película muestra es el precio íntimo de ese gesto.
Marianna Brennand Fortes construye un retrato feroz sin subrayados. La dureza de la vida en esa aldea amazónica, especialmente cuando se nace mujer, se filtra plano a plano con una naturalidad casi documental. No hay aspavientos ni discursos grandilocuentes: la violencia estructural se intuye en las miradas esquivas, en los silencios en la mesa, en la rutina que parece inamovible. Y precisamente por eso golpea más fuerte
La fotografía de Pierre de Kerchove es elegante y modélica. La cámara se posa sobre el paisaje como si quisiera acariciarlo, pero nunca lo embellece hasta la postal. La selva no es un decorado exótico, sino una presencia viva, húmeda, opresiva. Hay planos en los que el verde parece asfixiar, otros en los que el río se convierte en única vía de escape posible. Esa contradicción visual —belleza y amenaza— define el alma del filme.
Jamilli Correa, en el papel de Marcielle, sostiene la película con una interpretación contenida, casi minimalista. Su rostro, más que sus palabras, cuenta la historia. Resulta especialmente significativo que gran parte del reparto proceda de la propia región de Marajó; Brennand Fortes trabajó con intérpretes locales y dedicó tiempo a convivir con la comunidad antes del rodaje. Esa decisión se traduce en una autenticidad que traspasa la pantalla. Como anécdota curiosa, varias escenas se rodaron adaptándose a las mareas del río y a la climatología cambiante de la isla, lo que obligó a reestructurar jornadas completas de trabajo para mantener la coherencia naturalista que buscaba la directora.
Manas avanza sin hacer ruido, pero según progresa la trama el aire se vuelve más denso. Lo que comienza como crónica cotidiana termina convirtiéndose en un viaje asfixiante hacia la toma de conciencia. Cuando Marcielle decide romper la maquinaria que le ha sido impuesta, el espectador ya está emocionalmente atrapado.
Quizá lo más admirable sea su capacidad para no caer en el miserabilismo. La película no instrumentaliza el dolor; lo observa con respeto. No hay escenas diseñadas para arrancar lágrimas fáciles, pero sí momentos que dejan sin aliento. Esa es su mayor virtud: la honestidad.
Estamos ante una pequeña joya a reivindicar, un retrato silencioso y devastador que confirma que el cine social no necesita alzar la voz para ser contundente. Manas no busca aplausos inmediatos. Busca conciencia. Y la encuentra.
NOTA 7/10
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